Friday, March 30, 2007

30/03/07

Me acerqué lentamente hasta tu sofá y noté que me mirabas con ojitos de Piolín pidiendo perdón. Me arrodillé sin dejar de mirar fijamente tus enormes ojos azules y me pediste un beso sin abrir tu boca jugosa, calmando mi sed con los labios más comestibles que haya visto en mi vida. Rocé mis labios con los tuyos y te dije un “te quiero” ahogado en un suspiro de amor. Tu cara de Piolín pidiendo perdón cambió ligeramente a un Piolín enamorado que no quiere demostrarlo demasiado. Quizás la cara de enamorada era el reflejo de la mía, pero tu boca se abrió después del beso mágico para contestarme que tu también me querías. Ese instante congelado dentro del reflejo de tus ojos y mi cara enamorada dibujada en la tuya. Era un cuadro realista. Nada de Dalí y sus pinturas surrealistas; ni de Monet y sus cuadros impresionistas de campos de amapolas o lagos artificiales con nenúfares suspendidos en la superficie del agua. Era un cuadro real. Un cuadro pintado con tus ojos y los reflejos que emiten por toda la casa. Y yo tengo la suerte de vivir cerca de esa belleza que me inunda y a veces hasta se traspasa hasta ver en tu cara lo enamorado que estoy de ti. Un momento único dentro de la felicidad que significa escuchar las dos palabras del amor saliendo de tu boca. No necesito nada más para vivir, y quizás tu no necesites más palabras por hoy que salgan de tus ojos porque se rebotan en esta hoja. Lo que escribo (sea más o menos bonito, más o menos inspirado, más o menos transcendental) siempre esta inspirado en ti; en esos ojos enormes azules que me deslumbran, en esas caras tan expresivas que me desnudan y me alteran la sangre...En todo lo que hace que sea feliz, porque hoy estoy más feliz sabiendo que empieza el fin de semana y no dejaré de vivir dentro de un cuadro por la pintora (futura) más importante de la historia. No dejes de pintar mi sonrisa cada mañana, tarde y noche en mi cara. No dejes que la vida me separe de ti. Te quiero.

Thursday, March 29, 2007

29/03/07

Todo un día sin verte se convierte en un principio de ataque al corazón. Y no te rías, que no exagero. Sé que todavía no se han empezado a saltar las alarmas de mi sangre; que dentro de poco se empezarán a colapsar las venas de sangre que quiere salir corriendo de mi cuerpo para ir a verte. A pesar de que haya tardes que paso delante de la fábrica y no soy capaz de pararme cinco minutos para darte un beso y decirte que te quiero. Sé que te parece una excusa tonta que ahora te diga que si no lo hice fue por culpa de mi obsesión por tener las cosas hechas antes de tiempo. Me pasará dentro de un rato, cuando tengo que ir a comer a casa de mis padres. Como sé que tengo que comprar un par de cosas en el Mercadona, iré deprisa para buscar sitio, dejaré el coche lo más cerca posible para no tener que cargar demasiado y cuando haya comprado (o quizás lo haga después de comer), subiré a casa de mis padres con prisa para marcharme de allí y llegar al trabajo cinco minutos antes de que llegue la hora de entrada; poder hablar contigo desde el lavabo de casa de mis padres; como hacíamos cuando éramos novios y nos pasábamos las noches hablando. Me acuerdo ahora que no dejaba entrar a mis hermanos al lavabo y que como muchas noches era ya tarde, me tenía que ir a la cocina para decirte que había llegado bien a casa. Tu a veces dormías o estabas a punto de hacerlo... Y mi corazón sigue latiendo más deprisa que otros días, porque sabe que no podrá verte hasta pasadas las siete y media o las ocho de la tarde. Aunque todavía quede algo de luz natural, en nuestra casa ya estarán bajadas las persianas y la luz artificial no restará un milímetro la belleza suprema que emanas. Un poco poético para darme cuenta de quien esta gobernando ahora mi cerebro que dicen a mis dedos qué es lo que tengo que escribir es una rebelión de torrente de sangre que pide que te vaya a ver ahora mismo. Que me olvide del trabajo, de la comida en casa de mis padres, de la compra en el Mercadona, de hablar en el lavabo con el móvil, de llegar cinco minutos antes al laboratorio, de salir del trabajo pensando en la piscina del gimnasio o de tener que verle la cara a los vecinos para abrir una libreta con 100 euros por vecino, y salga pitando de aquí para darte el beso más largo del mundo. Tenerte otra vez entre mis brazos y achucharnos durante toda la noche sin que nada nos moleste. Ni nuestro propio cuerpo que a veces incluso nos molesta. La sangre se amotina en mi cabeza y tengo que tomarme una aspirina para que vuelvan a sus lugares de origen y pueda seguir viviendo. Me cuesta respirar si sé que no voy a poder verte hasta tan tarde, aunque haya días que pase de largo de la fábrica y no me pare a darte el beso que te mereces. El beso más largo del mundo.

Wednesday, March 28, 2007

28/03/07

Solo me acuerdo de una edad a la que quería llegar cuando era pequeño. Empezaba a tener la percepción de que cada año que pasaba era un dígito más para llegar a ser adulto y dejar de ser el niño al que ahora volvería sin pensármelo un segundo. Debía tener 9 o 10 años cuando tenía claro que quería llegar a cumplir los 18 para ser mayor y hacer lo que quisiera. El tiempo fue pasando y cada vez hacía menos lo que quería. Cuando uno es un niño solo tienes que preocuparte de jugar y estudiar cosas que entonces parecen muy difíciles, pero que no lo son tanto y esos años acaban siendo lo mejores de tu vida. No es que ahora me queje de mi vida (que es mucho mejor de lo que me esperaba), pero ¿quién no volvería a ser un niño otra vez?.
Pues llegó el día (como hoy) que cumplí los 18. Ya era mayor y ya tenía un trabajo (el mismo que todavía tengo). No tenía la libertad que soñé siendo un niño de 10 años y lo que quería era volver a cumplir otra vez esa edad. Ya tenía demasiadas responsabilidades: trabajo, estudios, problemas en casa por falta de dinero... Mi vida no era la soñada, pero era la que había elegido (o al menos eso creía). Seguía haciendo una de esas rutinas tontas que no explico a nadie, pero que cada día de mi cumpleaños hago desde que cumplí los 14. Ese año me compré mi primer disco de música. Un disco que saboreé como no he vuelto a hacer con ningún otro. Me lo puse por primera vez mientras me duchaba el día de mi 14 cumpleaños y desde entonces cada día como el de hoy lo escucho entero. Es una forma de volver a ese pasado de niño al que volvería ahora mismo. También hago otra cosa que no he dejado de hacer desde que cumplí, creo, los 18: Mirarme al espejo fijamente durante un buen rato hasta que mi mente no me reconozca. Es un ejercicio que puede doler, porque tu imagen termina siendo diferente a la que tienes en tu cabeza. Sin poner cara de italiano, sin intentar parecer guapo. Mirarme fijamente al espejo un buen rato y terminar por no reconocerte, diciéndote: “Has vuelto a cumplir otro año, chaval”. Pero si tengo que recordar un día de mi cumpleaños me quedo con el día que, estando en una habitación de Londres, la que entonces era mi novia me regaló un reloj precioso, sacó unas madalenas con velas y globos de colores y me dijo que SI. El sí más importante de mi vida. El sí que contestaba a la pregunta que te había echo unos días antes y que no me habías contestado. El sí que me decías que querías casarte conmigo. Ese día de mi cumpleaños (de la Semana Santa del año 2000), en Londres, en la ciudad a la que siempre volvería solo contigo, el día que me dijiste que querías casarte conmigo. Ese fue uno de los cumpleaños más felices. Luego vinieron sorpresas, regalos increíbles y sobre todo el mejor regalo que cada año que cumplo, cada día que pasa, cada segundo que paso junto a ti es siempre el mejor regalo del mundo.

Tuesday, March 27, 2007

27/03/07

Los insomnes del mundo deberían tener la suerte que tengo yo. Abrir los ojos a las cuatro de la mañana y encontrarse con tu cara, seguir abriéndolos, poco a poco y comprobar que no es un sueño, que eres tú quien está delante de estos ojos legañosos que se van haciendo a la idea de tener delante de ellos a la Belleza en persona. Esa es la gran suerte que tengo yo, que a pesar de que no soy insomne, me encuentro despierto a las tantas de la madrugada con tu cara a punto de besarme. Eso debería estar recetado por la Seguridad Social. Pero ojo, solo para mí. El resto de insomnes, por muy beneficioso que les fuera encontrarse contigo, se tendrán que conformar con imaginarse a un rebaño de ovejas, una valla y empezar a meterlas dentro de ese recinto, contando a todas las ovejas, sin saltarse una, para poder volver a tener sueño y quedarse dormidos. Yo no soy insomne, ni necesito contar ovejas que saltan una valla para meterse dentro de su parcela de tierra donde tienen que pastar y deben comer para crecer y dar la mejor lana del mundo. Yo solo tengo que esperarte. Esperar que tu sueño se desvanezca y tosas un poco (o quizás mucho, ya que mi sueño es bastante profundo) para que yo me despierte y pueda hacerte caso. Ya no necesitaré ningún libro con la historia de un grupo de música, o el cuento infantil de una niña que viene de oriente y se queda a vivir con unos papas de aquí; yo solo tengo que escuchar un poco tu voz; ahora un poco más tus toses y esperar que mis ojos se abran del todo. Entonces saltaré hacia tu cuerpo y lo abrazaré sin pedirte permiso. Te morderé en la espalda, te besaré el cuello hasta que mi aliento de madrugada desaparezca; te acariciaré los muslos, los brazos, te oleré el pelo enmarañado por las pocas horas de sueño hasta que te despertaste y te besaré en los labios sin importar el olor que desprenden las bocas resecas de los dos. Construiré un refugio de placer para esas horas de la madrugada en que eres incapaz de dormir, o que por culpa de tu resfriado, te despiertas más de la cuenta y te inyectaré el veneno por todos los poros de tu piel para que las ovejas no necesiten salir de su parcela de tierra, para que los insomnes no vuelvan a dormirse jamás si nos escuchan amándonos, para que el pobre Brus se rasque las partes de su cuerpo que más le piquen en ese momento, o para que tu tía le de vueltas a la puñetera limpieza de la escalera en tres horas. Nada importará ni nadie nos molestará a esas horas perdidas al sueño. Si cada noche te despiertas con ganas de leer o de comerte un buen bocadillo de Nocilla y ya no sabes qué más hacer para dormirte, acuérdate de quien duerme a tu lado...de la inyección de veneno malo (o bueno) que puede proporcionarte y del sueño que tendrás una vez que te inyecte ese veneno solo para ti.

Monday, March 26, 2007

26/03/07

Todavía no sé muy bien qué me pasa. Lo de anoche (y lo del sábado o lo de otros días), no fue un rechazo a ti. No fue que no quisiera besarte, abrazarte y amarte como si fuera la primera vez. No fue una repentina huida de ti porque ya no te desee. Te deseo tanto como aquellas noches de los besos apasionados dentro del coche, esperando que se hiciese rápido de noche para alejarnos de la vista de los curiosos; buscando un rincón tranquilo en un descampado o en un polígono industrial sin trabajadores ni vigilantes pesados que nos molestasen. No sé qué me pasa con la libido, pero parece que la tengo por los suelos.
Tengo las ganas de sexo metidas dentro de una mochila cerrada y parece que no quiere salir de ahí. Y no es por tu culpa. No es que ya no me guste tu cuerpo, ni que ya no te desee. Te lo repito una y mil veces: Te deseo tanto como esos días pasados dentro del coche buscando un lugar tranquilo para nosotros dos. Pero hace unos días que las ganas de hacerlo se esconden demasiado y no quieren salir. Antes incluso podía pasar días sin hacerlo contigo, pero tenía necesidades fisiológicas de hombre y me aliviaba yo solo. Ya sé que queda mal contártelo así, pero no te lo escondo. Incluso veía películas subidas de tono y enseguida estaba a punto. Luego seguía teniendo ganas de estar contigo por muchas escenas verdes viese o por mucho que me tocase. Seguía buscándote y teniendo ganas de ti, pero ahora algo me falla. A mí. Ahora no tengo la necesidad fisiológica de ver esas películas, o visitar páginas por Internet para tocarme. Y, lo peor, es que parece que no tenga ganas de ti, pero si que tengo, lo único es que están escondidas y un día (pronto) saldrán desde donde estén para volver a demostrarte lo mucho que me pones, lo mucho que me gustas, lo mucho que me excitas y lo mucho que te deseo. Parece que estoy metido dentro de una huelga sexual que me deja el cuerpo frío cada vez que pienso en eso. Pero todo esto me pasará y volveré a demostrarte lo mucho que te necesito. En todos los aspectos. Lo mucho que necesito tu cuerpo pegado al mío, lo mucho que necesito tus besos, tus caricias, tus palabras al oído...Lo mucho que te necesito el resto de mi vida.

Friday, March 23, 2007

23/03/07

Sin animo de entrometerme entre los escritos que os vais mandando tu amigo platónico (¿o era amor?, ya ni me acuerdo de su nombre, hay que ver que cojooones de memoria que tengo, pero sin mal rollo, ¿eh?, mi amor) y tú, me ha dado hoy por escribir esa especie de lista sincera que os habéis enviado para saber cómo sois cada uno. Ya sé que tu tienes la cabeza para otras cosas y que me conoces demasiado bien, pero me apetecía sincerarme de ésta manera, poniendo cómo soy y las cosas que me gustan.
La cocina siempre me ha gustado; siempre he pensado que es como la química que estudie en el instituto pero en vez de mezclar ácidos corrosivos y líquidos inflamables, se mezclas los espaguetis con las gambas y haces el único plato que hago bien. O que quizás hago. Soy un poco vago al hacer algo en la cocina, pero me gusta inventar; mezclar sabores, crear bocadillos con muchos sabores...y los huevos con patatas de un par de restaurantes a los que pronto te voy a llevar.
Visto siempre con tejanos, camisetas y americanas de pana. Pretendo ser normal y a veces supongo que soy vulgar, pero me gusta ir cómodo y no destacar demasiado. Antes me gustaba llevar camisas pensando que te podría gustar más, pero como sé que ya te gusto mucho (jeje), sigo con mis camisetas y mis vaqueros grandes que no muestran las verdaderas piernas tipo Bustamante que siempre he tenido.
En el sexo al principio era más apasionado. Ahora me sigue encantando hacerlo contigo pero he perdido ese punto de calentamiento continuo que tenía antes. Tú no tienes la culpa. Soy yo y mi edad galopante que me lleva a pedir menos pero de mucha calidad. Intentaré ser la mitad de apasionado que era en aquella época de hacerlo en la parte de atrás del coche.
Me gustan las películas que son diferentes; las que acaban más o menos mal o tienen un final original; las que van un poco de “intelectuales”, pero cada vez menos; las de Woody Allen y las de Julio Medem (sobre todo esa que tu ya sabes).
Soy tímido (como dice serlo todo el mundo), puntual, un poco egoísta, maniático en muchas más cosas de las que creo; me gusta apuntar las sesiones de piscinas, ciclismo o carreras que hago cada día en el gimnasio. El deporte siempre me ha gustado; cuando era joven podía haber sido un buen atleta o un jugador bueno de baloncesto, pero me quede por el camino. Me gusta la música de grupos del pasado que me ensañaron mis tíos cuando era un niño y todavía sigo escuchando esas mismas canciones; me gusta mucho leer libros minoritarios que no sean superventas y que la gente no conozca ni a su autor, aunque acaban siendo igual de conocido que otros y termino siendo uno más de la manada. Siempre me ha gustado ir en contra de modas en libros, música o cine, pero al final me acaba gustando lo mismo que a la mayoría...
Hay muchas cosas que me gustan en ésta vida, pero si tuviera que elegir una y solo una para llevarme a una isla desierta sería un barco especial que me llevase de nuevo a tu lado. TU ERES LO MÁS ESPECIAL EN MI VIDA.

Thursday, March 22, 2007

22/03/07

Quedarse en vilo toda la noche por culpa de mis escritos es algo que debería solucionar. Ya sé que tú me dices que es por culpa de que tu cabeza funciona más deprisa de lo normal; o porque vas acelerada por culpa del trabajo que tienes en la fábrica o por el último mensaje de tu amor platónico. Todas estas excusas para que no me sienta herido están bien, pero ya no hace falta que disimules. Llegar a la cama y tener que leer una hoja entera de cosas que te escribe tu marido hace que tu cuerpo se ponga a mil por hora. No de excitación, ni de emoción, ni de alegría; o quizás si y estás tan contenta y feliz de poder leerme cada noche que hace que tu cuerpo no consiga relajarse al cien por cien, y luego te pasas la noche en vela, leyendo cualquier libro para poder sacar de tu cerebro estas palabras absorbentes que te escribo. Estar construyendo un libro cada día con esta página te sirve par que dentro de unos años, cuando nuestros bichitos estén buscando información antigua para un trabajo del colegio, encuentren estas hojas y tengan ellos otro ataque de insomnio perpetuo. Tendrás que tener cuidado con éstas hojas que te hacen no dormir bien. Intentaré no ser tan pesado y no escribirte una página entera; lo intentaré, porque ya he cogido el ritmo de cada día y hasta que no concluyo la hoja entera parece que no he escrito nada. Intentaré que no te afecten tanto y puedas dormir. Y no te creas tus propias historias de que si no duermes bien es porque estás ansiosa de levantarte por la mañana y poder escribirle a tu amor platónico todas las intimidades que él te contó ayer. Sé que la culpa de tu insomnio son éstos escritos. A partir de ahora los intentaré hacer menos absorbentes, más relajados para que sean como un somnífero que te permita dormir adecuadamente, como un bebé, como el bebé que algún día tendremos.

Wednesday, March 21, 2007

21/03/07

El profesor de cocina suele confundir el tiempo de los verbos. En vez de decir: “corriendo, que es gerundio”, o “andando, que es gerundio”, siempre dice: “venga, a correr, que es gerundio”, o “a meterlo, que es gerundio”. O sea, que confunde el gerundio con todos los otros tiempos verbales y a cualquier cosa que dice, para él, es gerundio. Cada semana lo dice un par o tres de veces y yo intento no reírme. Pero hace un par de semanas que ha entrado una pareja de listillos a clase y cada vez que el profesor lo dice o dice alguna falta gramatical, se ríen y menean la cabeza de lado a lado como diciendo: “Menudo inculto...y encima es profesor”. Eso es lo que parecen pensar los dos listillos que tienen que pagar cada mes más de 60 o 70 euros para escuchar esos errores gramaticales y algunos más, pero ellos no cobran 60 euros la hora por hacer recetas para una gran empresa o no tienen un negocio propio del que vive muy bien el profesor de cocina. Ellos van a allí a reírse de los fallos y tendrán trabajos cutres por los que nunca llegarán a ganar lo mismo que gana el profesor de cocina. Y tú pensará ahora, “¿A qué viene todo esto hoy?”; pues viene a que no todo en la vida es ser un listillo que sabe las reglas gramaticales o se sabe la capital de Etiopía (que yo no quiero ser más ese listillo y no voy a corregir a nadie de ningún error y sobre todo no reírme por eso), y además esos listillos deberían fijarse más en la gente no por cómo escribe o habla, si no por las cosas que hace y cómo se gana la vida, o cómo es esa persona sin ser tan listilla.
Y todo esto me lleva a decirte lo buena profesional y trabajadora que eres. A pesar de que muchas veces digas que tiene tu trabajo por ser quién eres y no por tus cualidades, después de conocerte un poco (justo en el restaurante que hay al lado de la academia de cocina) sé que eres la mejor profesional en todo lo que haces. Tu profesionalidad, tu organización en todas las cosas que emprender, lo bien que planificas el dinero, el tiempo, lo ordenada que eres y lo importante que son todas esas cualidades para ser una buena trabajadora y profesional como tú eres; y como yo tengo la suerte de tener a mi lado a alguien tan bueno como tu, a partir de ahora no me fijaré tanto en los errores de la gente, de la forma de escribir o de decir las cosas de otra, y voy a intentar satisfacerte en todo lo que me pidas. Voy a ser un buen profesional en todo todo...tú ya me entiendes y volveré a llevarte algún día al restaurante que hay al lado de la academia de cocina donde el profesor confunde los tiempos verbales para verte entrar envuelta en esa nube blanca del primer día que te vi.

Tuesday, March 20, 2007

20/03/07

Ahora que el aliento a allioli ya ha desaparecido de tu boca, me despiertas por la mañana oliendo a rosas y yo, a pesar de que me muero de sueño y mis ojos no dejan de cerrarse, me acerco a tus labios y los beso como si fuese la primera vez en mi vida que he podido besar los labios más sabrosos del mundo. Me hablas de los dientes caídos que has soñado y yo sueño con los labios carnosos de esa actriz que es maja y esta casada con ese actor que esta tan bueno y que tienen una ONG de niños de diferentes colores para ser los más “guays” del mundo. Tus labios siguen acercándose a los míos y sigue sin haber rastro (“sin rastro”) del allioli mortífero del domingo. Me sigues hablando de dientes caídos y de los supuestos significados que tiene soñar con eso. “Creo que quiere decir que tendrás más dinero o que algún día tendremos un niño”, me dices entre sueños y yo, me vuelvo a meter en el sueño ligero con la actriz de labios carnosos que no me dicen nada si están los tuyos a mi lado. Ellos también esperaron un tiempo en tener a su hijo biológico. Primero ella tuvo a unos cuantos niños adoptados que le sirvieron para darse cuenta que lo más importante en la vida es criar a un niño, ya sea que ha crecido en tu barriga o ha crecido en tu corazón. Nuestra primera enana están creciendo, despacio y sin prisas, en nuestro corazón. Despacio para que el corazón se vaya acostumbrando a todo el amor que nos va a dar y traer esa pequeña diablillo de ojos rasgados, y sin prisas, porque las cosas más importantes de esta vida no se pueden hacer rápidamente...
Tu aliento sigue cerca de mi boca. Faltan todavía algunos minutos para que la sinfonía de mi móvil me avise de que ya tengo que levantar el culo de nuestra cama y tengo que salir de ella para empezar un nuevo día. Brus se rasca las orejas, las patas, el hocico, las pelotas y todo lo que él pueda llegar con sus dientes mellados. Tú te duermes cuando has conseguido despertarme a mí y me pides que mire qué significa soñar con los dientes caídos. Lo busco y con los ojos casi cerrados leo en la primera página de Internet que consulto, que soñar con los dientes caídos significa que tendrás más años de vida. Muchos años de vida para criar a todos los hijos que quieras: biológicos, con ojos rasgados, que crezcan en tu barriga y en la barriga de la madre que ahora tiene el hilo rojo en su poder. Mis sueños con esa actriz majilla se desvanecen, pero miro hacia la cama y te veo a ti. Durmiendo como un ángel caído del cielo, sin rastro de aromas fuertes. Oliendo a ti, al ángel más bello de la galaxia. A la futura mejor madre del mundo.

Monday, March 19, 2007

19/03/07

No hacía falta moverse mucho de la tumbona de la terraza de Sandra para comprobar lo que ya sabía. Tú eras la más guapa del mundo. Y como ayer solo había tres mujeres más para poderte hacer sombra, el resultado era evidente y claro. Seguirás siendo eternamente la más guapa del mundo. No hacía falta ir muy adentro o muy afuera en las personalidades o en el físico de las demás comparado con el tuyo. Tú ganas de goleada a dos quinquis y a tu amiga del alma. El resto fue viento y sombra molesta que no dejaba pasar los rayos de sol que elevaban todavía más los rasgos de tu belleza. Por muy apestoso que fuese tu aliento después del terrible eructo de vuelta a casa, seguías siendo la más guapa. No importaba que en mi vida hubiese olido algo tan extremo salir de una chica, pero era lo de menos. Seguías teniendo los ojos más azules y bonitos; el pelo más suave y perfecto, aunque oliese al humo del carbón o de los restos de carne que ayer impregnaba todo. Tu cuerpo esculpido con los moldes de la perfección dejando salir un par más de “rots” de allioli que eran peor que armas nucleares apuntando al centro de cualquier ciudad del mundo. Todo eso era lo de menos. Tu belleza y saber estar lo ganaban todo. Las voces de las quinquis también apestarían a allioli, y sus maridos tendrían que aguantarlas al llegar a casa, pero lo malo para ellos es que no tenían a la máxima belleza del universo a su lado. Yo si que la tengo y por eso lo demás no importa.
Tampoco importa que no me hagas caso cuando llevas poco tiempo durmiendo. Yo intentaba terminar de leer el periódico de los domingos, que siempre suele llevar más hojas de las que debería. Sentado en tu sofá iba contando los minutos que faltaban para llegar a la cama para besarte y notar el aroma a allioli cerca de tu cara. Pero lo que no esperaba eran los ronquidos de sueño que todavía te hacen más bella. “Ahora apago la luz”, me decías con los ojos entreabiertos (o mejor dicho, entrecerrados del todo), para menos de un segundo después escuchar tus ronquidos leves y suaves como tu pelo, que llenaban toda nuestra habitación. Me lo dijiste tres veces, y tres veces se cerraban tus ojos y se abrían las fosas nasales de los ronquidos. A la cuarta te giraste y apagaste la luz. Entonces mi sonrisa no desapareció el resto de la noche en mi cara; además, el aroma a allioli empezaba a desaparecer también de tu boca, cosa que tampoco me importaba, porque seguía estando con la mujer más bella del universo.

Saturday, March 17, 2007

17/03/07

El grito de una mariposa me ensordece las dos orejas. Muevo la cabeza como un poseso que no sabe quien demonios está gritando con tanta fuerza. La mariposa se posa en la palma de mi mano y me mira a los ojos. Tiene la cara de una persona desconocida, pero es el rostro humano. Me dice algo con esa voz chillona que le imagino y me hace una señal con unos dedos minúsculos para que me acerque a ella. “Si supieras todo lo que deseas serías un hombre desgraciado”, entiendo esa frase algo borrosa, porque mis oídos siguen lastimados por el grito anterior de la mariposa. “Perdona, pero no te he oído bien”, le digo a la mariposa, que pasa de la palma de mi mano derecha a mi hombro izquierdo, en un vuelo súbito que no consigo retener en la cabeza. “Me puedes repetir lo que me has dicho”, le digo a la mariposa que esta en mi hombro. Ella silba una canción de un grupo muerto que hace siglos que dejó de tocar ante gente porque el guitarrista, el guapo del grupo, cogía miedo a la gente y se negaba a que le viesen más la cara. La mariposa silba la canción y me dice otra frase, que esta vez entiendo mucho mejor. “Nunca sabrás de lo que eres capaz de hacer hasta que lo intentes”, me dice una y otra vez la mariposa. Qué demonios quiere decir la mariposa con esa frase. “Ya sé que si no intento algo no seré capaz de lograrlo...”, intento decir hasta que la mariposa me interrumpe y me dice. “La mujer de tu vida esta a tu lado; no hay más que eso. La belleza de esa mujer esta por encima de la novedad de una máquina pasada. No sé si me entiendes”, me dice la mariposa. “Creo que te entiendo, pero no hacía falta que me lo dijeras, eso ya lo sé, y no hay nadie mejor que mi mujer y es con quien voy a estar hasta el último de mis días”, le digo a la mariposa, que cuando escucha eso me guiña un ojo y levanta el vuelo de mi hombro hasta el cielo infinito. Vuela como si estuviera realizando una labor imprescindible por el mundo y me deja un papel minúsculo en el hombro con una frase que leo con dificultad. “Cierra los ojos. Todo lo que ves, es tuyo”. Doblo el papel minúsculo y me lo guardo en el bolsillo del pantalón. En la inmensidad del cielo se vuelve a escuchar el grito agudo de la mariposa inquietante.

Friday, March 16, 2007

16/03/07

Las feromonas que desprendimos ayer por la tarde todavía se deben notar en el ambiente de la habitación. Es mejor que mantengamos siempre la puerta de la habitación cerrada para que el pobre Brus no se vuelva loco y siga buscando a su amor en la forma ligera de la cortina. Esas feromonas son las que hacen que una persona reconozca a su amor a mil kilómetros de distancia. Tu ahora, mientras escribo esto, estás a 16 minutos y medio del ordenador desde el que te escribo. Estarás desayunando el bocadillo de pavo que te habrás echo esta mañana, impregnado con alguna feromona que se escapó de la habitación y consiguió llegar hasta la cocina para darse un respiro, tomarse un vaso de agua fresca y descansar de tanto ajetreo amoroso. La gente se conecta a los ordenadores para buscar esas feromonas que no se pueden tocar. La gente es rara y solitaria. Nos encontramos con el olor que nos vuelve locos y lo degustamos hasta que se desgasta. Tres meses de pasión desenfrenada para desgastar a todas las feromonas de las que esa pareja nueva puede llegar a tener. Nosotros racionamos nuestras feromonas con inteligencia. Cada vez que abrimos la caja de los truenos en nuestra cama se abren millones de feromonas que se desparraman por el aire de la habitación. Brus se queda con muchas dentro de su olfato y busca a su novia en forma de cortina colgada, pero las auténticas feromonas, las que vana durarnos toda la vida, todavía están dentro de nuestros cuerpos. Yo no quiero repartirlas con nadie que no seas tú. Mis feromonas son tuyas y espero que las tuyas sigan siendo mías hasta el día que se agoten, que espero sea dentro de millones de años. De momento, por la habitación de casa seguirán desperdigadas un montón de esas feromonas agarradas a cualquier sitio para volverse a pegar a nuestros cuerpos en el momento en que nos volvamos a meter a la cama y que no sea para dormir. Ya sé que hoy no es un buen día para recordarte eso de no dormir, después de la noche que te ha dado la saliva de Brus; pero ten en cuenta que cada movimiento de su boca era una feromona nuestra que estaba perdida y se metía en su hocico para volverlo más loco y seguir buscando a su novia que él ya no quería que tuviese forma de cortina.

Thursday, March 15, 2007

15/03/07

Seguro que después del encuentro esta mañana con la temible Bruja Piruja tu cuerpo no tendrá ganas de nada que no sea largarse de aquí y maldecirla para el resto de sus días. No te preocupes que de días le quedan pocos a la mujer y las cosas que pide, en el fondo, nos favorecen. Lo malo es el cómo lo pide. Esa lástima impostada que quiere dar a entender que si sopla más viento de lo normal se la acabará llevando por el barrio y terminará con ella en el vertedero de basura de una ciudad a miles de kilómetros de su casa. Intenta darnos pena sabiendo que es una bruja. Por eso, nosotros, que somos más inteligentes que ella y que los vecinos, debemos dejar que expliquen sus necesidades para la mejora del bloque. Que quieren un buzón porque les cuesta mucho agacharse a recoger las cartas de la puerta; pues se pone un buzón; abrimos una cuenta en el banco con el mismo dinero cada uno puesto en una cuenta corriente y de ahí se paga el buzón. Que las facturas de la luz la tenemos que pagar todos con ese dinero; pues se pasa la cuenta que tenga la Bruja Piruja para pagar hasta ahora los recibos de la luz y se pagan con ese dinero puesto por los tres en partes iguales. Que las palomas se meten en un desagüe o una cañería, pues se avisa a cualquier fontanero o paleta para que lo arregle y se paga con el dinero de esa cuenta que tengamos los tres. Que se funde la luz y hay que comprar quinientos millones de interruptores nuevos; pues más de lo mismo. Que seguro que hablan de que la escalera esta muy sucia y que no puede ser que este así; pues nada, se hace la propuesta de que una vez al mes le toque a cada uno de los vecinos limpiarla. Se elige una especie de llavero peculiar o lo que sea y cuando le toque a uno se le cuelga del pomo de la puerta y sabrá que le toca a ese vecino de limpiar la escalera ese mes. Todos los problemas se pagarán con ese dinero que pongamos los tres vecinos en la cuenta y ya no tendrá que ser tu padre o los amigos de tu padre quien vengan a pintar todo el edificio o a arreglar la fachada cuando se derrumbe. Se llama a quien ella (la Piruja o la vecina del medio) quiera y ya esta. No es más que un problema que tiene solución si le damos la razón a todo (lo que sea posible y lógico) que reclamen. Que quieren una comunidad con su presidente y sus libros de cuenta y todo eso; pues muy bien, se queda un día con los demás vecinos y se hace. No hay más problema que ese. El dinero saldrá de los bolsillos de los tres vecinos y ya no tendrá que ser tu padre o nosotros quienes solucionemos los problemas. No te preocupes que todo saldrá bien mi amor.

Tuesday, March 13, 2007

14/03/07

Llegué a la hora exacta y me quedé en la puerta de la fábrica sin entrar a verte. Luego tú me dijiste si no te echaba de menos: “Y tanto que te echaba de menos”, me repetía una y otra vez. Cuando me paré delante de la ventana de tu despacho y te vi hablando por teléfono. Me quedé con las ganas de que mis piernas saliesen rápidamente del coche y fuesen corriendo hasta la puerta de tu despacho. Además, podría ser que quien hablase contigo fuese alguien no idóneo mis posibilidades de quedarme eternamente con la princesa bella del cuento, con lo que quedarme sentado en el coche, mirando estúpidamente el reloj del coche, cogiendo el escrito de ayer en una mano y saludándote con la otra para decirte adiós, no era la mejor opción, pero eso fue lo que hice. Arrancar el coche y seguir mi camino de cada martes hacia el curso de cocina para regresar a casa más tarde apestando otra vez a pollo frito. Mi obsesión por llegar temprano a los sitios me pierde. No es que ayer fuese mal de tiempo o fuese a llegar tarde, pero tampoco quería molestarte mientras hablabas por teléfono, y para que engañarnos, tampoco quería llegar tarde a mi sitio dentro de la clase de cocina. No tengo remedio. Mis pies apretaban los pedales del coche pero en el fondo querían salir corriendo de dentro para buscarte. La mano que cogía el escrito de ayer seguía sujetándolo sin saber si dejarla encima del asiento del copiloto o darme un millón de bofetadas por idiota: “Cómo se te ocurre marcharte sin darle un beso a la mujer más maravillosa de la tierra, a la mujer de tu vida, idiota, más que idiota”, parecía decirme la mano que sujetaba el escrito. La otra mano seguía saludando estúpidamente sin parar a todo lo que se cruzaba delante de mí, como si fuera un príncipe recién casado paseando por las calles de su ciudad el día de su boda. Todo mi cuerpo se arrepentía de no haber bajado del coche y salir corriendo por las escaleras de la fábrica para darte un gran beso. Un beso que te debo y tendré que darte esta noche antes de que te duermas y yo llegue a la cama pensando en abrazarte, en besarte con pasión y me de cuenta de que estás dormida. Entonces la mano que sujetaba el escrito si que me dará una buena paliza por haber visto otra de esas series de médicos o de mujeres desesperadas que hacen que al llegar a la cama ya estés tan dormida que sea imposible besarte como te mereces. Antes de que termine un nuevo día. Un nuevo día en el que la vida será mejor si sigo estando a tu lado; con beso y sin manos malas que me den bofetadas por volverla a fastidiar.

13/03/07

Nadie quiere creer en los días de mala suerte por el simple echo de que la combinación absurda de un número y un día de la semana sea tratada como fatal. Desde niños nos enseñan cosas que nos marcan el resto de la vida. “Uy, los martes y trece traen mala suerte”, nos dijeron de pequeños; vete tú a saber si nuestras madres, los profesores o algún amigo listillo que sabe antes que nadie que los Reyes Magos son los padres o que no existe Papa Noel. Siempre hay niños adelantados que nos fastidian los mejores años de nuestra vida. Pero esa creencia absurda que de una combinación de un número 13 y un martes traiga mala suerte se nos queda clavada en el cerebro y no hay quien nos la quite. Podemos crecer y decir: “Yo no creo en esas tonterías”, que sería mi postura ante estos días, pero yo, por si acaso, seguiré teniendo cuidado en no pisar más de la cuenta el acelerador, no vaya a ser que un martes y 13 tenga un accidente y toda esa seguridad con la que digo no creer en las supersticiones se truncan contra mí. Por eso si veo un gato negro que va a cruzar cuando voy con el coche, intento pasar antes o esquivarlo para que no lo haga; o si hay una escalera abierta en medio de la calle no paso por ella, mientras pienso: “Yo no creo en esas tonterías, pero bueno, no pasaré por si acaso”, o si se cae un poco de cava en la mesa un día de celebración, yo también me mojaré los dedos con ese cava y me lo pasaré por las orejas, por la cara o el cuello o por donde haga falta para comprobar eso que dicen que trae buena suerte y que te tocará la lotería o tendrás mucho dinero si haces eso. O si piso una caca de perro (cosa que hago bastante a menudo) en vez de cabrearme, también pienso que eso me traerá suerte en el futuro y que en vez de ser mala suerte que este esa caca en medio del camino para que yo la pise, estaba puesta allí a posta para que mi suerte mejorase…
Pero como soy de los que no creen en nada y al final acaban haciendo todas esas mismas cosas que el resto de los mortales, me doy rabia y dejo de creerme mis propias historias. Así que a partir de ahora solo creeré en lo único que me sirve en esta vida para vivir. O qué te crees que el escrito de hoy estaba solo dedicado a mí y a mi mala o buena suerte; pues no, princesa. Tú siempre eres la protagonista de este escrito y si hay algo de lo que estoy seguro es que el día que te conocí fue el día con más suerte de mi vida. Y que cada día que pasa sigue siendo un día afortunado para mí. No sé si poco antes de encontrarte en mi vida pisé muchas cacas de perro, o si se me cruzaron muchos gatos negros por delante cuando conducía mi Golf gris; o si pasé por debajo de alguna escalera abierta; o si se derramó mucho cava en la mesa de cualquier celebración, pero estoy convencido que soy el hombre más afortunado del mundo y que no hay día que no lo piense. Estar con la mujer más maravillosa no es solo cuestión de suerte y de haber pisado muchas cacas de perro, o eso espero. Y espero pasar muchos martes y trece junto a ti para demostrar que la buena suerte sigue de mi lado. De nuestro lado.

Monday, March 12, 2007

12/03/07

Supongo que a todos los escritores de verdad le habrán preguntado alguna vez en la vida el por qué escriben. Muchos tendrán sus respuestas preparadas: “Porque es lo único que sé hacer”, “Porque me pagan para eso” o como decía uno de mis autores favoritos: “Para intentar escribir aquello que escribiría si escribiese”; supongo que ya te imaginas que si decía algo así era uno de mis autores favoritos. Pero como yo de momento no soy un escritor que vive de eso, ni me van a preguntar por qué escribo; te voy a decir a ti porque cada mañana que salgo de casa para ir a trabajar me gusta escribirte algo en ese pequeño diario que te dejo encima de la mesa del comedor con unas cuantas frases escritas con mala letra, con el sueño todavía metido en mis ojos, pero que intento hacer con el mayor cuidado y con las mismas ganas cada día para que tú al levantarte y después de la ducha, el desayuno y quizás de haber ventilado la casa, te imagino cogiendo el diario y verte cómo lees esa página escrita. Me gustaría verte en ese momento. Me imagino que a veces sonreirás, que otras levantarás las cejas como pidiendo ayuda por no haber entendido la palabra clave para entender mi texto; o alguna vez pensarás en que me repito o que no te escribo la verdad. Pues te equivocas. Aunque haga mala letra y no se entienda lo que te pongo, cada día que te escribo y cada cosa que pongo es verdad. La pensaré poco o mucho, pero la hago con cariño. Con el mayor cariño que se puede hacer una cosa a las seis y poco de la mañana con pocas ganas de hacer nada, pero con las ganas intactas de escribirte esa página para ti. Después tengo esta hoja para ti. Esa pregunta que le hacen a los escritores de verdad y que a mi seguramente nunca me harán, conmigo sería una respuesta fácil: “¿Por qué escribes?”, me preguntarían. Y yo les contestaría rápida y sencillamente: “Escribo para que mi mujer me pueda leer cada mañana y cada noche. Solo escribo por ella”. Te lo prometo que lo hago por eso. No necesito escribir ningún cuento, ni ningún libro que me vaya a obsesionar para llevar una historia inventada por mí y que la pueda leer alguien más que no seas tú. Escribo para que tú me leas, porque tú eres lo único importante en mi vida y lo demás no importa. Escribo para que las palabras se queden grabadas en éste papel y un día, cuando seamos viejos y la memoria nos falle, podamos recordar lo mucho que te quiero y te querré siempre. Escribo para que algún día ese libro que tengo en alguna parte de mi cerebro se haga realidad. Pero sobre todo y únicamente, escribo para ti.

Friday, March 09, 2007

09/03/07

Esta mañana, el camino que me llevaba de casa al laboratorio parecía un lienzo dibujado para ti. La silueta de las montañas que se ven al cruzar el túnel que une las dos ciudades que más significan en mi vida, parecían un homenaje a tu cuerpo, esculpido como si el escultor que perfiló el discóbolo que tanto te gusta hubiese bajado del cielo para modelar los árboles y las montañas con la forma de tu cuerpo estirado. Ya sé que ahora pensarás que si se veía una montaña más gorda de lo normal, pero no seas mala contigo misma, porque eso no es cierto. Tienes un cuerpo precioso. Y no es amor de marido ciego lo que te lo dice; es la realidad. Tienes el cuerpo perfecto de una mujer con las curvas justas para volverse loco y ver en cada parte de la naturaleza algo que se parece a ti. Así que esta mañana los ojos no me fallaban demasiado y justo delante de un cielo todavía oscuro, pero del que ya se intuía un día radiante de sol, despejado, sin una nube que ocultase esas montañas que hoy estaban especialmente diseñadas con tu cuerpo. Me daba cuenta que los coches que iban delante de mí iban hoy más despacio. Incluso los que se metían en el túnel giraban su cuello 90 grados para poder contemplar la figura de tu cuerpo dibujada en la naturaleza esculpida por ese escultor del pasado. Los veía con orgullo admirar tu cuerpo, pero con un poco de celos, porque no era posible que nadie más que yo pudiese ver la simulación de tu cuerpo desnudo esculpido en las montañas que me llevaban a mi trabajo. Incluso algún camionero pervertido se ha parado en el borde de la carretera para disfrutar de las vistas. Al pasar por su lado les veía la cara de satisfacción de poder contemplar semejante belleza solo para ellos. Yo les pitaba con furia para que no se quedasen allí, les movía el brazo con ímpetu para que no se deleitaran con la imagen de tu cuerpo estirado entre árboles, matojos y sombras perfectamente alineadas que simulaban la perfección del cuerpo desnudo de mi mujer. Había una fila enorme de camiones, coches, motos; hasta un par de coches de policía se había tenido que desplazar hasta el lugar para tener que aligerar el tráfico. Extendían su brazo con una de esos faros brillantes que dan paso a los coches cuando hay atascos, pero ellos seguían mirando también tu cuerpo desnudo. Yo era el único que seguía mi camino, mirando también la perfección de esa imagen. Al final de la carretera el atasco era de tal magnitud que no he podido más que dejarme atrapar por tu belleza y cerrar los ojos para volver a tener la imagen real, la tuya, que disfruto cada día cuando llegas a casa del trabajo y te desnudas para ponerte cómoda. Tú no te das cuenta, pero disimuladamente te miro de reojo y disfruto de tu cuerpo desnudo hasta que te pones el pijama para la noche y ya no puedo soñar con nada más que con tocarlo, aunque sea una milésima de segundo. Esa escultura de cuerpo que me vuelve loco

Thursday, March 08, 2007

08/03/07

Te acuerdas de aquel posavasos que nos sirvió para dejar nuestras primeras copas en el karaoke del bar del puerto de Mataró donde nos dimos nuestro primer beso. Estaba tan emocionado, tan enamorado ya de la mujer más increíble con la que había estado, que no se me ocurrió otra cosa que pedirte un bolígrafo (tú siempre llevas uno en el bolso) y escribirte la primera frase de un poema de Pablo Neruda. No venía a cuento esa frase con el momento especial que estaba ocurriendo allí. No tenía nada que ver aquella frase con lo que estaba sintiendo, pero esa frase siempre me había gustado mucho. Me inspiraba muchas cosas cuando la leía, o sobre todo cuando la recordaba. “Es una de mis frases favoritas”, creo que te dije. Tu la leíste y te guardaste el posavasos en el bolso. Una frase insignificante delante de tanta belleza que no reclamaba más que un silencio.
“Me gustas cuando callas porque estás como ausente”. Esa era la frase. Me dejé de preguntarte qué te parecía. O quizás si lo hice, pero ya no me acuerdo. Solo me acuerdo del primer beso y del silencio que llenaba mi cabeza. Estaba sin palabras, sin saber qué decir. Tú me dijiste que me harías daño, pero ningún daño puede ser tan grande como el perderte ahora que te conozco y me duele el silencio de verte a mi lado sin decir nada. Ya sé que puedes estar cansada, o que no tienes que hablar tú todos los días, pero esa frase que te escribí aquel día de nuestro primer beso ahora me asusta. “Me gustas cuando hablas porque sé que estas a mi lado”, te escribiría ahora, que sin ser tan poético es lo que necesito...Pero bueno, hoy te dejo escrito el resto de aquel poema de Neruda que escribí una vez en el posavasos del karaoke donde nos dimos nuestro primer beso.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Wednesday, March 07, 2007

07/03/07

Esa luz que irradian tus ojos cada vez que te sientes querida; esa luz que me gustaría que solo la produjeses cuando soy yo quien te invita a emitirla, cuando soy yo quien hace que te rías o que disfrutes de un segundo de alegría. Te veo animada si otro te escribe, porque quizás vives un poco la vida de otra persona y te imaginas cómo sería la tuya junto a esa persona que no esta a tu lado y hace tiempo que es ya tu amigo secreto sin nada que esconder. La luz de tus ojos se mezcla con ese aroma a colonia del pasado que ayer me regalaste al besar dos veces tu cuello en la puerta de la fábrica. Y yo me sigo poniendo nervioso cuando te voy a ver allí. Te veo en la puerta con esa media sonrisa que me desarma y me cuesta hasta aguantarte la mirada y no ponerme rojo como un tomate, a mí, que soy tu marido desde hace casi seis años, todavía me pones nervioso. No hagas sufrir de amor a nadie más, conmigo te tienes que quedar para no hacer más daño de amor a nadie. Pobre chico si viniera otro a estar contigo; yo lo digo por tu bien. Quédate conmigo. Pero bueno, lo que te decía, quizás no te diste cuenta, o no te fijes, pero cada vez que estoy en la puerta de la fábrica me siento pequeño y cohibido a tu lado. Disimulo para que no te des cuenta, mirando al suelo o metiendo mis manos en los bolsillos, pero me miras, me sonríes y me vuelves a desarmar. Me encantaría que esa luz que no se apaga en tus ojos solo fuera por mi culpa, pero tengo que compartir la ilusión que te generan las palabras de otro y me siento afortunado porque soy yo quien disfruta de esa luz que es belleza en estado puro. Me sigo acercando a tu cuello para robar ese aroma del pasado y me vienen imágenes del principio de nuestra relación. De cuando el coche que casi ya me pertenece solo lo llevabas tu, y nos sentábamos a escuchar música después de una cena regada con demasiado alcohol, y cuando yo me acercaba con demasiado ímpetu y te aplastaba contra el vidrio del coche donde ahora siempre conduzco sólo el camino que me lleva a nuestra casa; ese aroma a colonia que ayer volví a oler en tu cuello, mientras tus ojos desprendían esa luz celestial que me hace volver loco; y aunque esa luz no sea al 100% producida por la felicidad que yo te puedo ofrecer, espero ser solo yo quien la disfrute hasta el último día de mi vida. Que tu luz siga brillando junto a mí eternamente.

Tuesday, March 06, 2007

06/03/07

No deberías acostumbrarte a sacarte tanta sangre últimamente, porque si siguen haciéndote análisis, descubrirán tu secreto; el secreto mejor guardado: La sangre más dulce es la que circula por tus venas. Nadie lo sabe más que yo. Tu sangre es dulce y convierte en dulzura todo lo que esta a su alrededor. Así, tu sola presencia puede dejar en el aire y en el ambiente un estado de relajación y felicidad que pocas personas pueden conocer, y tu sangre serviría para dar a la gente triste un poco de felicidad. Eso estaría bien si tuvieses que dedicar tu vida a donar dulzura a la gente que lo necesita. Sería un buen negocio. Imagínate que descubren que tu sangre es la más dulce del mundo (como yo ya sé y el resto del mundo no), pero que eso no significa que tengas azúcar, ni el nivel de glucosa sea más elevado de lo normal ni nada de eso. Se trata de que eres un ser especial que tiene dulzura en su sangre y que se puede transmitir esa dulzura a la gente que lo necesita, dando un poco de tu sangre a gente que este triste o necesitada de felicidad. Solo tienes que dar un par de gotas a la gente que se acerque a ti. Sería como esa india (de India) que se dedica a dar abrazos a la gente y viaja por todo el mundo predicando eso: “Los abrazos de la india dan la felicidad”, y así vive, dando abrazos y dejando a la gente más feliz. Pues tu serías la nueva enviada a dar felicidad al mundo con un par de gotas de tu sangre dulce. Ya veo la entrada del Palau Sant Jordi, o de un estadio de fútbol lleno de gente haciendo cola para recibir un par de gotas de tu sangre y con eso regresar a casa más dulces, sin estar tristes, con alegría en el cuerpo de poder tener un poco de dulzura en su vida. Tu solo tendrías que pincharte un poco en los dedos, o sacarte un par de litros de sangre y podrías ir repartiendo esas dos gotas para dar felicidad al resto del mundo. Pero como sería dar esa sangre de modo altruista y no sacaríamos ningún negocio a cambio; a no ser que cobrásemos la gota de sangre dulce a un par de euros...no sé, quizás si que podríamos hacerlo. “Una gota de sangre dulce de la felicidad : 2 euros”. La gente no le importaría pagar dos euros por esa gota. Y hasta podríamos hacer un vale de 3x2. “Llévese tres gotas y pague 2”. O “Oferta de la semana: dos gotas al precio de una”. No sé, seguro que en Estados Unidos tendríamos mucho éxito. Esas cosas le gustan a los americanos. Ya me veo poniendo una sucursal de sangre dulce en pleno corazón de Manhattan. Yo sería tu manager, distribuidor, asesor y todo lo que necesites. Tú solo tendrías que sacarte un poquito de sangre cada día para venderla y hacernos millonarios...
Mejor nos quedamos como estamos y yo disfruto, solo y celosamente, la dulzura de tu sangre, que seguro que estará perfecta. Como siempre.

Monday, March 05, 2007

05/03/07

Cada noche de amor apasionado me quedo con un rastro de tu aroma en mi piel, que luego, en silencio, solo, sin más compañía que el alma desnuda que me aprieta debajo de mi bata blanca; entonces devoro ese aroma tuyo como si fuera la última vez que lo vaya a sentir. Me impregno de tu esencia y vuelo con los ojos cerrados por cada habitación del laboratorio como si fuera el último día de mi vida. Se tendría que vivir así la vida. Como si mañana (o quizás hoy) fuese el último día de tu vida, pero eso sería demasiado estresante al empezar cada jornada, y nos limitamos a hacer lo mismo que el día anterior “sabiendo” que nos queda mucho por vivir.
Yo vuelvo a tu aroma de anoche y lo mejor del día siguiente, que espero no sea el último de mi vida, es este repaso mental que le doy después de una noche de amor guerrera en la que ninguno de los dos esperaba o planeara la batalla de anoche; pero allí estábamos, en el ring que se supone que es una cama, nuestra cama con dibujos y símbolos chinos que pronto se convertirán en teatro de sueños para ese pequeño tesoro que nos llegará de Oriente. Ahora es un combate dentro de esa guerra no buscada que termino con un nueve en la escala de terremotos corporales de dos amantes esposos que se quieren (yo cada día más) como si fueran novios recién estrenados. Cada noche sería mejor que la anterior si se sucedieran esas batallas dentro la guerra pacífica que es nuestra relación. No importarían las notas o la intensidad de la batalla, solo importaría el ataque suicida que provocan tus labios en mi. Por la mañana pensaría de nuevo en ti al oler los rastros de tu aroma. El dedo impregnado de tu esencia; una mezcla pura de jazmín, fresas y gotas de delirio que se remueven dentro de mi cabeza. Mi cara impregnada de tus cremas, que son poco románticas al tapar las imperfecciones que quieren salir en tu cara perfecta en forma de granos de sangre sucia. Se manchan con esa crema y desaparecen, porque las imperfecciones no están hechas para ti, que eres la perfección. Para es ya tienes a tu marido, que es lo peor de ti. O tú, que eres lo mejor que tengo yo. Esta noche la batalla volverá a surgir sin pensar; o no lo haga; tampoco importará si luego apuntamos o no una cruz en la agenda de los gastos. Estaremos juntos en nuestra cama, envueltos de símbolos y letras chinas, de la lejana (cada vez menos) China. La patria de nuestra hija.

Friday, March 02, 2007

02/03/07

Una futura madre recorta un trozo de tela de colores chillones y la mete en un sobre con dirección a China. Otra futura madre, mira cada escaparate de todas las tiendas de ropa para bebe, de muebles infantiles, de librerías que tienen cuentos para niños adoptados que escriben su propia historia. Mira esos escaparates y muchos más, todos relacionados con su futura niña, que cada vez esta más cerca. Los mira y se lo guarda para ella. Nadie, solo su marido, que la apoya y le ayuda en todo lo que puede, sabe todo lo que esta sufriendo por esa niña que todavía no ha llegado. La primera futura madre recorta telas, enciende velas los días de luna llena y lo cuenta todo a todo el mundo. Le gusta que el resto de futuras madres sepa que ella se esta moviendo. Quizás no lo haga conscientemente, pero esa es la sensación que transmite al resto. “Soy la mejor futura madre de niñas chinitas del mundo y es lo estoy demostrando a todas de esta manera; con todo lo que hago por mi niña, porque será una niña, sino no la quiero”, se dice la primera futura madre, que vuelve a escribir un correo electrónico a todos sus contactos. Ahora quiere saltar a la pata coja desde la puerta de su casa hasta el primer parque con agua y nenúfares que haya más cerca. Por suerte cerca de su casa hay un parque así. “Dicen los chinos que si saltas a la pata coja desde la puerta de tu casa hasta un parque con lago y nenúfares, tu hijo será el mejor, el más guapo y listo del mundo; y yo que soy la mejor futura madre, lo voy a hacer”, eso es, más o menos, lo que escribirá en su próximo correo electrónico al resto de sus contactos. La segunda futura madre cree que ella no será tan buena madre como la primera. Cree, erróneamente, que debería hacer más por su futura niña. Pero ella se desvive por esa futura niña. Piensa casi al cien por cien de su tiempo en ella. Se imagina cada situación futura como si lo estuviera viviendo en realidad; ve la cama que le irá bien en la habitación que tendrá para ella; se imagina su pelo negro, sus coletas hechas a toda prisa cada mañana para ir al colegio; los besos y abrazos que le dará a esa hija tan deseada. Cada parte de su cuerpo vive y respira por esa futura niña y no tiene nada que envidiarle a la futura madre primera. Esta sigue buscando excusas tontas, como recortar telas de colores divertidos, o poner velas rojas en los días de luna llena, o de ir a la pata coja desde su casa hasta el parque ese de nenúfares, pero no será mejor madre que la futura madre que no deja de imaginar su vida con esa niña chinita que ya llena casi todo su corazón.
Sí, tu serás la mejor madre del mundo. La futura madre número uno. La mejor.

Thursday, March 01, 2007

01/03/07

Quizás mientras leas esto yo estoy escuchando las voces estridentes de los vecinos. Brus lloriqueando en la puerta de casa escuchando voces en la escalera y cada par de minutos teniendo que encender la luz para vernos las caras. Respiraré hondo y escucharé las voces idiotas de estos vecinos que quieren inventar ahora la sopa de cebolla, diciendo que tenemos que tener un seguro para la comunidad, o tenemos que limpiar la escalera más a menudo o cualquiera de esas cosas que nosotros también podemos pensar pero no nos apetece hacer. Cada uno tiene que saber cuál es su función en la vida, y nuestros “queridos vecinos” tienen la función de tocarnos demasiado las narices. O quizás ya estés en la cama, con tu pijama lila que tanto me gusta y tanto te favorece, leyendo mi hoja con la mirada atenta de la muñeca que representa a nuestra futura pequeña, o escuchando el ruido del vídeo que esta grabando alguna serie que veremos juntos el sábado o el domingo por la mañana mientras desayunamos. Espero que los vecinos no se acuerden de esa reunión tan importante que quería hacer el borrico de abajo y pueda estar inspirado para ti. Porque hoy tengo ganas de que me acorrales contra los libros de nuestra biblioteca y hacerme un poco de rogar. Que me busquen tus labios y rechazarlos solo una vez. No voy a ser tan duro de perderme un beso de los labios más increíbles que jamás besarán mi boca. Ni los labios de la actriz americana casada con uno de los hombres más sexys, que tiene dos o tres hijos adoptivos y uno biológico y se dedica a labores humanitarias por el resto del mundo porque le sobra el tiempo; pues ni con esos labios se pueden comparar los tuyos. Tus labios buscando los míos y yo rechazándolos una sola vez. Ni una más. Espero que la inspiración no se me vaya nunca de mi lado, porque la inspiración eres tu. Y tengo miedo que tus ojos se iluminen demasiado con los escritos de otro que no sea yo. Me duele y me enfado. Quizás conmigo mismo, por no ser capaz de enamorarte tanto como lo pueda hacer otro. No quiero que sigas conmigo por nada que no sea por mí mismo. No quiero perderte y tener que dejar de besar esos labios que esta noche volveré a rechazar solo una vez. Sería un pecado que esos labios no los besase eternamente. Como si nuestra vida fuera una película y la escena de nosotros dos en la biblioteca la tuviésemos que repetir hasta la eternidad. “Corten”, diría una voz desde un punto imaginario. Nuestro director nos pide que volvamos a repetir la escena del beso en la biblioteca. “Recházala un poco más, no le beses tan rápido”, me diría a mi. “Es imposible rechazar a los mejores labios del mundo”, le diría yo. Y entonces, te volvería a besar antes de tiempo, solo para tener que repetir la escena.