Friday, March 09, 2007

09/03/07

Esta mañana, el camino que me llevaba de casa al laboratorio parecía un lienzo dibujado para ti. La silueta de las montañas que se ven al cruzar el túnel que une las dos ciudades que más significan en mi vida, parecían un homenaje a tu cuerpo, esculpido como si el escultor que perfiló el discóbolo que tanto te gusta hubiese bajado del cielo para modelar los árboles y las montañas con la forma de tu cuerpo estirado. Ya sé que ahora pensarás que si se veía una montaña más gorda de lo normal, pero no seas mala contigo misma, porque eso no es cierto. Tienes un cuerpo precioso. Y no es amor de marido ciego lo que te lo dice; es la realidad. Tienes el cuerpo perfecto de una mujer con las curvas justas para volverse loco y ver en cada parte de la naturaleza algo que se parece a ti. Así que esta mañana los ojos no me fallaban demasiado y justo delante de un cielo todavía oscuro, pero del que ya se intuía un día radiante de sol, despejado, sin una nube que ocultase esas montañas que hoy estaban especialmente diseñadas con tu cuerpo. Me daba cuenta que los coches que iban delante de mí iban hoy más despacio. Incluso los que se metían en el túnel giraban su cuello 90 grados para poder contemplar la figura de tu cuerpo dibujada en la naturaleza esculpida por ese escultor del pasado. Los veía con orgullo admirar tu cuerpo, pero con un poco de celos, porque no era posible que nadie más que yo pudiese ver la simulación de tu cuerpo desnudo esculpido en las montañas que me llevaban a mi trabajo. Incluso algún camionero pervertido se ha parado en el borde de la carretera para disfrutar de las vistas. Al pasar por su lado les veía la cara de satisfacción de poder contemplar semejante belleza solo para ellos. Yo les pitaba con furia para que no se quedasen allí, les movía el brazo con ímpetu para que no se deleitaran con la imagen de tu cuerpo estirado entre árboles, matojos y sombras perfectamente alineadas que simulaban la perfección del cuerpo desnudo de mi mujer. Había una fila enorme de camiones, coches, motos; hasta un par de coches de policía se había tenido que desplazar hasta el lugar para tener que aligerar el tráfico. Extendían su brazo con una de esos faros brillantes que dan paso a los coches cuando hay atascos, pero ellos seguían mirando también tu cuerpo desnudo. Yo era el único que seguía mi camino, mirando también la perfección de esa imagen. Al final de la carretera el atasco era de tal magnitud que no he podido más que dejarme atrapar por tu belleza y cerrar los ojos para volver a tener la imagen real, la tuya, que disfruto cada día cuando llegas a casa del trabajo y te desnudas para ponerte cómoda. Tú no te das cuenta, pero disimuladamente te miro de reojo y disfruto de tu cuerpo desnudo hasta que te pones el pijama para la noche y ya no puedo soñar con nada más que con tocarlo, aunque sea una milésima de segundo. Esa escultura de cuerpo que me vuelve loco

0 Comments:

Post a Comment

<< Home