24/02/07
Supongo que el hecho de que me guste escribir no tiene nada que ver con mi poca capacidad de dar consejos por teléfono. No me gusta verte triste. Ni que estés deprimida por culpa de nada ni de nadie. Me quedo con la boca cerrada y no sé qué ánimos darte. No eres fea; eres la mujer más guapa que he conocido; eres inteligente, simpática, sabes estar en cualquier situación y circunstancia y te adaptas como un guante a las circunstancias más adversas. Eres la mujer ideal y no tienes defectos. Bueno, uno solo: tu marido. Pero eso ya me lo dijiste tú una vez, demostrando que eres ingeniosa, cínica, con un punto de mala leche que me encanta; y que no hay nadie que se meta conmigo mejor que tú. Nunca. Pero de vez en cuando te vienen éstos bajones que no sé solucionar rápidamente y me quedo colapsado con el móvil en las manos, escuchando tu voz triste y decaída, y suspiro sin que me oigas para inventarme algo que te haga sonreír.
Sé que la mayor ilusión en tu vida es tener un hijo. Y sabemos que eso pronto va a pasar. Cada vez queda menos para que nuestra realidad lejana se acerque hasta la puerta de nuestra casa y corretee por el pasillo, quitándole los muñecos mordidos y llenos de babas del Brus; diciendo que “eso es suyo” y que todo lo que vea por la casa es suyo. Haciendo que el tiempo pase tan rápido que no nos dé tiempo ni siquiera de darnos cuenta de que podemos estar tristes. Estaremos alegres y atentos a que para nuestra pequeña diablillo de ojos rasgados todo sea perfecto. Ella nos traerá la alegría que a veces parece faltarnos. Estoy convencido. Pero tienes que ser fuerte y pensar en todas esas cosas buenas que nos traerá este diablillo de ojos rasgados que nos va a robar más que el corazón. Mientras tanto, sigue bajando de peso hasta que te veas tan guapa que sea imposible salir contigo sin tener que quitarte de encima a los moscones y los mirones se girarán hasta tropezarse con las farolas de la calle, frotándose los ojos al ver tanta belleza. Me imagino eso dentro de un año, en China, con nuestra pequeña en brazos y los chinos mirándote con los ojos desorbitados (y eso que debe ser difícil verle los ojos desorbitados) al verte pasar. Mi familia perfecta con la madre más guapa y la hija más querida. Anímate mi amor, que te lo mereces por ser la mejor del mundo en todo.

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