Wednesday, February 21, 2007

21/02/07

Imagínate que el Doctor Saura decidiera venirse con nosotros. O que nosotros le propusiéramos que fuese nuestro médico personal y que estuviera siempre disponible solo para animarnos.
“Doctor Saura, queremos que se venga a vivir a casa y nos diga que tenemos una salud de matricula de honor cada mañana”, le diríamos en esa hipotética visita. Él no sabría qué contestar, pero enseguida analizaría lo que supone llevar una clínica de fertilización in vitro, tener una consulta en otra ciudad, tener que desplazarse de un sitio a otro sin tiempo casi para comer.
“Y el tema monetario”, nos preguntaría como buen catalán.
“Tendrá derecho a cama y comida y el dinero que necesite para sus gastos”, le diríamos.
Y él, como es tan buena persona, no tendría más remedio que aceptar la propuesta y venirse a casa. Le prepararíamos el sofá-cama de la biblioteca para él. “No se puede quejar, tiene la mejor música, los mejores libros, y tiene toda la sabiduría que nos ofrece Internet”, le diríamos nada más llegar a casa. Él estaría un poco estupefacto al principio, pero poco a poco se iría acostumbrando a nuestras propuestas.
Que una mañana nos levantamos con dolor de cabeza y un poco mareados. No tendríamos más que llamar al Doctor Saura y pedirle que nos diera la pastilla que él crea más oportuna. “Para un dolor como éste, lo mejor es una Aspirina”, y nos la daría en la boca como si fuéramos niños pequeños. Que te baja los niveles de azúcar y necesitas que te den un caramelo de fresa; pues allí estaría el Doctor Saura para abrir la cajita de caramelos de sabor fresa y entregarte uno. “Este es el mejor caramelo para ti, que tienes una salud de Matrícula de Honor”, te diría. Por supuesto que tendría todo el material necesario para hacernos de médico de casa. El fonendoscopio, los palitos de madera para mirarnos la garganta, un termómetro último modelo, un aparato para medir el azúcar, otro para medir la presión. En fin, todos los utensilios que él crea necesarios. Y por supuesto, un aparato para hacer ecografías cuando nos apeteciese tener un niño. Él te miraría los niveles de Estradiol, FHG, o las hormonas que sean y te diría cuándo el folículo está en su momento adecuado para fecundar. Nos diría: “Esta noche es la noche, os toca hacerlo con amor y cuidado, porque ésta noche seguro que te quedar embarazada”, y nos pondríamos manos a la obra para hacer a nuestro hijo. Él estaría en la biblioteca controlando el tiempo exacto de cópula para no pasarnos demasiado y que el óvulo esté en su punto. Que mis espermatozoides sean los mejores corredores de fondo (no como yo, que vuelvo a tener los tobillos mal) y conseguirán llegar a la meta. Te quedarás embarazada y tendremos a nuestros embriones congelados en nuestro congelador, junto a la verdura y los platos precocinados, cerca de los helados de fresa y limón. “Aquí estarán como en casa y el día que os lo queráis poner, será sacarlos del congelador y meterlos en su sitio”, nos dirá el Doctor Saura…
Sería bueno tenerlo en casa como doctor de cabecera personal para que el día que estemos bajos de moral nos diga eso de: “Tenéis una salud de Matrícula de Honor, no de cinco, de excelente, de Matrícula de Honor”.
Una Matrícula de Honor como tú, que eres lo mejor.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home