07/02/07
Después de verte bajar la rampa del parking de casa de tus padres, con tu nuevo corte de pelo estilo casi japonés, me vino a la memoria el día que te cortaste por primera vez el pelo estando juntos. Eramos novios y yo te había ido a buscar a casa de tus padres. Era un sábado frío de invierno en el que habíamos quedado para ir al cine o dar una vuelta por Mataró, quizás. Sabía que habías ido a la peluquería porque habíamos hablado por teléfono y me habías comentado que tenías una sorpresa para mí. Por aquel entonces yo ya empezaba a disfrutar con tus “sorpresas sorprendentes”; tus regalos sin haber una fecha especial de por medio, tus arranques de pasión, tus besos contra el cristal del coche (bueno, quizás eso último era más por mi culpa que por la tuya), todas esas cosas que me hacían ver todo el potencial de mujer maravillosa que había dentro de ti. Pero a lo que íbamos; ese sábado bajabas la rampa del parking de tus padres con tu nuevo corte de pelo. Te lo habías cortado y estirado en una media melenita que te sentaba estupendamente. Ibas comiendo un pastelito casero que había traído tu padre de algún lugar donde va a cazar y me ofreciste un poco para mi. No te dije nada. Me había quedado estupefacto delante de tanta belleza y fui incapaz de articular palabra. Te giraste sobre ti como una modelo de pasarela profesional y me preguntaste “qué te parecía el nuevo look”. Seguía sin articular palabra. Estabas preciosa. Me había acostumbrado a tu melena rubia en los meses que llevábamos juntos (quizás ya era un año, no lo recuerdo exactamente), pero aquel nuevo corte de pelo te favorecía totalmente. Durante todo el trayecto en coche no hacía más que mirarte de reojo, sentado en el asiento del copiloto mientras tú te terminabas el pastelito casero (lleno de azúcar y con pinta de chucho, tenemos una fotografía que lo atestigua, ya la buscaremos) y yo me deshacía de ganas de besar tus labios llenos de restos de azúcar y tocarte el pelo, olerlo, sentirlo entre mis dedos como si fuera un manantial de agua cristalina al que pasas y sabes que no vas a regresar jamás. Notar como tu pelo se deslizaba entre mis dedos era lo que más deseaba en el mundo.
Y esa sensación volvió anoche, cuando te fui a buscar a la peluquería. Estabas más estilizada que nunca. Más bella si cabe que el día anterior. Te miraba de reojo, esta vez yo sentado en el asiento del piloto, pero en el mismo coche de entonces. Te miraba y no podía dejar de recordar ese día cuando te vi bajar de la rampa del parking de casa de tus padres con tu nuevo corte de pelo. Solo faltaba el pastelito casero con azúcar llenando tus labios. Pero ahora eres una chica en fase de llegar al peso ideal en menos de una semana. Un 8 y dos 2 para estar cada día más guapa. Un 10 siempre para ti, la más bella mujer del universo.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home