01/02/07
Me encantan esas llamadas tuyas con sonrisas de oreja a oreja. Aunque no pueda verte sé que estás feliz, que te paseas con el móvil de un sitio a otro tocándote ligeramente el pelo, o mirando por la ventana de tu despacho hacia fuera contando los coches blancos que pasan por la carretera. Eso quizás no lo hagas, pero seguro que te sientes como esa niña que llevas dentro y que tanto me gusta. Esa manera tuya de agradecer los regalos no lo he visto en nadie. Nadie se puede sentir decepcionado cuando te da algo; aunque sea un trozo de cartón con el dibujo de un ratón famoso en una de sus caras. Esa forma de decir gracias y de hacer que la persona que te regala algo sea la más importante del mundo. “Caray, sí que le ha gustado esto; y yo que pensaba que no había acertado en el regalo”, pensamos todos los que alguna vez (pocas para lo que te lo mereces) te regalamos algo. Y luego esta tu forma de hacer los “deberes” familiares. Todos esos papeles que yo sería incapaz de saber dónde colocar; la mejor opción para mantener nuestros ahorros (cada vez más y pronto podremos retirarnos a esa isla del Caribe donde ayer estabas tú en un futuro no demasiado lejano siendo la envidia de las modeluchas que se ven por las televisiones y que no valen nada comparado contigo) en el banco; saberle sacar beneficio a un euro y poder conseguir regalos por tu simpatía y por ser tan especial. Esas llamadas tuyas de felicidad tan difíciles de disimular y que tanto me llenan. Y aunque me golpee una rodilla y tenga que soportar un tremendo dolor, me alivia verte así. Tener tu lista mental con muchas cosas que hacer y poder ir borrándolas de una vez. Saber que tu sangre es la más sana del mundo y aunque vaya muy rápida en sedimentar o lo que sea, es la más sana del mundo. Tú siempre eres la más de todo en el mundo. Ayudar a tu madre en lo que sea y saber que ella puede confiar en la mejor hija del mundo. “Lo ves, otra vez era la mejor del mundo en algo: la mejor hija, la mejor esposa, la mejor madre dentro de poco…”. No me puedo imaginar la vida sin estar sin ti. Haber conocido lo mejor te hace ser egoísta, y yo siempre lo he sido. Tener a mi lado a la mujer más maravillosa te hace sentir una serenidad, una paz interior que solo será superada el día que estemos dentro de uno de esos templos milenarios chinos paseando a nuestra pequeña chinita por las calles de su primer país. Allí te miraré y volveré a pensar que soy un tipo afortunado por estar con la mejor esposa, madre y mujer que haya existido nunca. Dentro de poco podrás borrar esa falta en tu lista: Tener una niña será lo que más cueste de hacer, pero será lo que más alegría y felicidad nos dé el resto de nuestra vida.

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