Friday, January 19, 2007

19/01/07

Esbozas una sonrisa y el mundo se abre a la magia. Tus ojos se alinean con un hilo rojo invisible que cada vez toma más cuerpo y termina en el vientre de una madre generosa que nos dará una niña. Quizás ayer, mientras tú te reías de mi forma payasa de soplarte la respuesta correcta a una pregunta sobre una ciudad española que empezaba por (acuérdate ahora de mi boca intentando deletrear Coooor- dooo – baaa; un guiño de sonrisa otra vez, espero); lo que te decía, que quizás anoche, mientras tú te reías de mi forma peculiar de decir Córdoba, una madre generosa en nuestra China amiga, se tocaba la barriga y sonreía también porque sabía que, aunque ella no podría cuidar a su hija por una situación penosa en su familia, dejaría a su hija recién nacida en un lugar a salvo de pobreza y maldades, sabiendo que la recogerían y la cuidarían en un orfanato de la zona para que, una vez pasado el tiempo pesado de la asignación a una familia buena, tendrían a su hija bien cuidada y sería feliz. Esa madre que en el mismo momento en que tu te reías de mi forma de decir Córdoba se tocaba la barriga, notaba que alguien bueno, una buena familia se haría cargo de su hija. “Ahora sé, pequeña mía, que serás feliz con la familia que te va a tocar. La familia que te va a cuidar todo lo bien que te mereces y yo no puedo hacerlo. Serás feliz con esa madre que ahora se ríe de felicidad y que espera la llegada de una pequeña luz como tú a sus brazos”, pensaría la madre de nuestra hija en ese momento. (Bueno, todo eso que te he escrito pero pensado en chino, lo que pasa es que yo ya te hago la traducción simultánea para que te cueste menos de entender). Y cada vez que tu sonrías ella se tocará la barriga notando que ese hilo rojo invisible se aprieta cada vez más fuerte. Tienes que seguir sonriendo cada vez que pienses en nuestra pequeña chinita, porque en la barriga de su madre notará que la pequeña será feliz con nosotros.
Me encanta verte sonreír. Reírte con todas tus fuerzas y que luego me digas que te duele la barriga de tanto reírte. Me encanta que te rías conmigo. Una sonrisa tuya será un paso más hacia la llegada de nuestra hija. Esta tarde volvemos a jugar al Trivial y cada vez que tengas que responder a una pregunta sobre una ciudad española o del mundo, yo te la deletrearé para que te rías como ayer. Entonces, la mano de la madre de nuestra hija tocará su barriga y también sonreirá. “Qué feliz será mi pequeña chinita”.

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