Saturday, January 13, 2007

13/01/07

Y aquí me tienes, en este laboratorio vacío, un sábado de rebajas que huele a reactivos usados, muestras por analizar y aguas para diálisis que harán que orinen a la fuerza personas desesperadas que no pueden hacerlo por sí mismas. Sentado en la misma silla de cuero negro que me lleva acompañando desde que entré en este trabajo, hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo, cuando ya no era un niño y todavía no llego a ser ese hombre feliz que ahora se toca el tobillo izquierdo lleno de hielo compacto para frenar un hinchazón que me durará demasiado para mis pretensiones atléticas de futuro corredor de maratones que solo me llevan a tu corazón. Cuelgo el móvil después de hablar contigo. Es la única llamada que espero para el resto del día. A no ser que me vuelvas a llamar desde cualquier lugar del mercado de Mataró para decirme que has encontrado algo para mí que “seguro te va a gustar”. Siempre encuentras alguna cosa para mí; vayas donde vayas siempre te acuerdas de tu marido y eso me hace sentirme cada día más el hombre más afortunado de la Tierra. Voy cojeando de una parte a otra de este laboratorio que me conozco como la palma de mi mano mientras escucho las canciones aleatorias que van sonando en mi Ipod (otro regalo tuyo, otra sonrisa para mí). Después ojearé las revistas que me compraste ayer. Ya te veo rebuscando en las secciones de “Deportes” y “Literatura” del kiosco de Cardedeu para encontrar algo “para mi marido”, seguro que le dijiste algo así a tu madre o a la dependienta, porque como ya te conté ayer, tu siempre te ganas al resto del mundo con tu simpatía y a mí me tienes perdidamente atrapado. Un sábado liado en este laboratorio que se llena de tu aroma y deja fuera cualquier resto de reactivo, muestra o agua para analizar. El abrazo de esta mañana ha tenido el mejor efecto posible. Soy feliz, y todo es gracias a ti.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home