Thursday, December 21, 2006

21/12/06

¿Y ahora que hago sin escuchar todo el día tu voz? Me quedo mirando la maldita pantalla de mi móvil y no sé si lanzarlo contra la pared o pedirle de rodillas que se encienda un solo minuto para poder llamarte (aunque tu padre esté cerca y se “queje” de lo mucho que te controlo) y decirte que te quiero. No puedo. Bueno, sí que podría; cogiendo el teléfono del laboratorio y llamándote un momento para decírtelo, pero no estaría a gusto. Ya sabes que una de mis muchas manías es no saber hablar por teléfono cuando sé que hay gente delante. Aunque solo fue contigo el primer día que me llamaste cuando lo conseguí hacer. Luego no lo he vuelto a conseguir, pero aquel día todo fue mágico. Como lo seguirá siendo el resto de mi vida si estoy contigo.
Sigo mirando la maldita pantalla negra de mi móvil y suspiro con resignación por no poder decirte que me gustó (lo siento) que no pudieras dormirte esta madrugada y me pidieras que hiciéramos el amor para que el tiempo pasara más rápido. Otra vez el cansancio nos frenó en seco, pero el día que ese freno que llevamos puesto desde hace un tiempo nos lo quitemos del cuerpo no habrá quien nos pare. Sigo mirando la maldita pantalla y la pared gris de la sala donde estoy. Harían un buen juego de colores pobres al estallar el móvil contra la pared, pero no lo haré.
“¿Cómo se te ocurre pararte precisamente hoy?”, le grito al móvil. Él sigue enseñándome su cara negra y no se inmuta. El aire que respiro necesita oír tu voz, pero conseguiré pasar la prueba y aguantaré hasta las 14:15 exactas de la tarde para llamarte a casa y decirte lo mucho que te he echado de menos. De momento seguiré planteándome la posibilidad de lanzar el móvil contra la pared para ver de qué puñetero color se queda. Seguro que sigue con la pantalla negra y sin inmutarse. Los aparatos se ponen en mi contra y no puedo hacer nada contra eso.

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