Thursday, December 14, 2006

14/12/06

Me encanta cantar canciones que te gustan. Llevo toda la mañana con tu dedo acusador de cariño moviéndose hacia la figura todavía invisible de nuestra chinita con coletas negras y cara que mezcla miedo y risas. Así estará ella cuando tú le pongas la canción de Luis Miguel sobre Santa Claus que llega a la ciudad, a nuestra ciudad con el mejor regalo posible, el de nuestra pequeña sonrisa que hará que cualquier canción que ella cante o se aprenda sea nuestra canción favorita. Ya no me da miedo reconocer que muchas de las canciones que te gustan no están nada mal. Es más, la mayoría acaban metiéndose dentro de mi cabeza y las canto sin agobiarme por tenerlas de compañía. Es como si una parte de tus gustos estuviera acompañándome durante unas horas. Sigo tarareando la letra que todavía no me sé del todo y la Navidad sigue acercándose. Sé que la del año que viene tendremos muchas canciones en la cabeza que todavía no imaginamos cómo suenan. Tendrán sonidos relajantes de ríos orientales que han perdido a un tipo de delfín milenario por culpa de los progresos de la humanidad (acuérdate de la noticia que vimos anoche sobre el río amarillo de China). Y sé que las canciones que nos harán más felices serán esas que aprenda nuestra pequeña el día que regrese de casa y nos cante el “cargol treu banya” o la canción para niños pequeños que esté de moda entonces. Esa será nuestra canción. La canción de los tres. La primera canción que se aprenda nuestra pequeña se nos quedará clavada en el corazón y hará que nuestras pulsaciones lleguen a 200 pulsaciones, a punto de un infarto de felicidad. Sin importarnos nada lo que diga la gente del barrio, si podemos o no tener hijos biológicos. Si la gente no sabe qué significa tener hijos de verdad, por mucho que los haya parido. Pero de eso no quería hablarte hoy. Hoy quiero compartir una canción que todavía no hemos escuchado juntos y que será la que nos enseñará nuestra pequeña chinita. Hasta entonces me quedo cantando la canción de Navidad de Luis Miguel y sigo viéndote mover el dedo con cariño cantándole la canción a nuestra futura pequeña chinita.

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