Tuesday, December 05, 2006

05/12/06

Desde hace cinco años y siete meses, cada noche es diferente. Antes solo tenía que acostarme en mi cama y esperar que saliese el sol para vivir. Ahora vivo dentro de nuestras sábanas como si esa noche fuese la última, por eso lo disfruto tanto. Así deberían ser los días; como si fuese el último de tu vida, pero entonces todo terminaría siendo un ataque al corazón perpetuo y no disfrutaríamos de las pequeñas delicias de la vida. Contigo a mi lado las noches y los días son tan intensos como si fuesen el último y por eso los disfruto tanto. Reconozco que a veces he pasado noches malas, pocas, pero casi todas terminan siendo una fiesta que hacen que ya no quiera dormir solo. Que solo quiera dormir contigo, bajo las sábanas en verano y bajo la funda nórdica en invierno. Hace cinco años y siete meses que abrazarte un segundo supone una porción de cielo robada a la eternidad; ya no voy a dormir con nadie que no seas tu el resto de mi vida.
El día antes de nuestra boda (hace cinco años, siete meses y un día), recuerdo que dormí en mi cama con los ojos más abiertos de lo normal. Habíamos tenido una pequeña discusión al regresar de la floristería por algún detalle de las flores de la boda. No nos llamamos por teléfono para desearnos las buenas noches y lloré con los ojos petrificados en el techo por si al día siguiente no te presentabas en la iglesia. Aquella fue la última noche que dormí solo y la siguiente fue la primera que dormí con la que ha sido, es y será la mujer de mi vida. Ahora solo queda sumar días y noches a nuestra relación para saber que tendré muchas noches los mismos abrazos que disfruté ayer en nuestra cama. “Esta noche dormiré a tu lado como si fuera la primera noche de nuestra eterna relación”, pienso que voy a decirte. Y ten seguro que lo haré.

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