Monday, December 18, 2006

18/12/06

Mira la hora y espera que tus ojos se reflejen en los míos. Estoy dentro de ti y no quiero separarme jamás de la única persona que ha llenado de risas los huecos aburridos de mi cerebro. Anoche me hiciste temblar cuando sostenías con tus manos el escrito del sábado. Ya no sé si esta vida de papel en la que vierto mis ideas es inventada o es la real. Me encanta escribirte cada día y vivir los cinco o diez minutos que dura la lectura de mis frases dentro de tu cabeza. Siempre quise ser escritor y es contigo cuando lo estoy consiguiendo. Me siento así. Muchas personas se van a la cama esperando leer el libro que los mantiene en vela; y yo he conseguido que durante varias noches tengas mi libro en construcción y lo leas sujetándolo con tus manos dentro de la cama. Anoche cerraba los ojos y no sabía si abrirlos y espiarte para ver la reacción de tus ojos al leer las frases que le dediqué a tu hermano. No me atrevía a mirarte. Era una sensación extraña. Me moría de ganas de verte sonreír, de verte seria, de verte concentrada a la vez. Ver en tu cara todas esas expresiones que me transmitieran que lo que leías de mí te estaba gustando. Quizás esta noche vuelva a estar metido en la cama a tu lado (eso seguro), pero que este metido mientras tú lees estas frases desordenadas. Volveré a abrir un segundo los ojos para espiarte y ver qué cara pones; me gusta ver tu cara atendiendo mis palabras. Ahora podría hacer un experimento y decirte que cuentes lentamente hasta 10. “Empieza por el final y retrocede en tu cuenta atrás hasta que llegues al cero…Notarás un peso en tus párpados que hacen que tus brazos pesen; que tus manos pierdan la autonomía de tu cuerpo y te obliguen a soltar ésta hoja que sostienes…”. La misión sería dormirte gracias al experimento de leer las instrucciones para hipnotizarte…pero soy yo quien siente ese sueño que me hace cerrar de golpe los párpados y no poder seguir escribiéndote más por hoy…”Duérmete y ronca, cariño, que yo voy a seguir leyendo mi libro de adopciones”, me tocas la cabeza cariñosamente y mi boca empieza a segregar esas babas mortíferas que dejarán mi almohada apestando a saliva podrida. Pero aunque ahora mismo esté dormido o hipnotizado, sé que eres la mujer de mi vida y sé que cada día te quiero más.

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