Thursday, January 04, 2007

04/01/07

Te has debido asustar mucho esta mañana cuando me has visto vestido para combatir un frío que no existe. Parece mentira que estemos en pleno invierno y el frío que más siento es cuando abandono nuestra cama y tengo que separarme de ti. El resto de frío que pueda pasar cerca de mí lo combato con capas inservibles de ropa. Te cuento lo que llevaba hoy puesto y espero hacerte sonreír. Sin contar los calzoncillos modernos que llevaba anoche y que ya te dejaron alucinada; esos que nos compraste a tu hermano Alex y a mí en Sort para volver a hacernos contentos con tus ocurrencias y esos impulsos para hacer feliz a los que te rodean (y quieres, aunque sepa que siempre querrás más a tu hermano que a mí, y no me importa; con que me quieras una décima parte, me conformo). Bueno, lo dicho, que tenía esos calzoncillos como prenda más pegada al cuerpo. Los calcetines peludos de lana que hacen sudar a mis pies de mala manera y luego ya vienen las capas de ropa que hacen de mi una cebolla sudorosa. Primero la camiseta blanca interior, luego una de esas modernas camisetas de Adolfo Domínguez que tanto pegan con mi personalidad arrebatadora; encima un jersey azul con un poco de cuello alto para que no me enfríe el cuello. Luego ya viene la locura. La americana marrón de pana delgadita que suelo llevar por la calle si no hace demasiado frío y encima de esa, el abrigo marrón (también de pana) que me compraste en el Corte Inglés a las pocas semanas de conocernos (¡Cuánto me querías entonces, verdad princesa). Todavía recuerdo cuándo me lo diste. Habías ido con tu madre al Corte Inglés de Sabadell y viste esa chaqueta y pensaste: “Esta le quedará bien al pamplinillas que tengo de novio”, la cogiste, la pagaste (espero) y aquí sigue, resguardándome del frío como si estuviéramos en el Polo Norte. Pero no te descuentes de la ropa que llevaba esta mañana. Después de las dos chaquetas, la camiseta interior, la moderna y el jersey azul, quedaba la bufanda de Donostia y los guantes que me regalaste con la revista de deporte que cada mes me regalas. Como puedes comprobar (y has visto esta mañana) voy bien resguardado para el frío. Y además todas o casi todas las prendas de ropa que llevo son regalos tuyos. La cebolla sudorosa que soy en ese momento baja las escaleras y se encuentra con que el invierno todavía no ha aparecido por nuestro barrio. Más tarde noto un frío interior que no desaparece con todas las prendas de abrigo que me pudiera poner encima y me doy cuenta que es tu ausencia, el separarme de tu lado cada mañana, lo que hace que tenga frío al salir de casa, pero con eso no hay abrigo de pana que lo solucione. Me tendré que seguir quedando el resto de mi vida a tu lado. Para no pasar frío, más que nada.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home