25/01/07
Desde la primera vez que entre en nuestra casa sabía que ahí iba a pasar los mejores años de mi vida. Ni siquiera me planteé cuántos iban a ser, porque tenía claro que de la única manera que saldría de allí sería porque nos fuésemos a cambiar a otra casa más grande o con los pies por delante. He vivido muchos momentos que jamás olvidaré; excelentes, buenos, regulares y alguno malo. El peor se me quedó grabado aquella tarde que volví a casa después de pasar la noche en el laboratorio. La casa estaba como siempre, pero mi cabeza estaba a punto de estallar. Incluso Brus me saludaba como si no pasase nada. Recorrí las habitaciones de la casa con un agujero en el alma. Sabía que me había equivocado, pero también sabía que era contigo con quien quería estar el resto de mi vida. La mezcla de pena y esperanza se hacían un nudo en mi estómago. Llevaba casi un día sin comer nada más que una manzana y beber agua para no deshidratarme. Recogí algo de ropa y me dispuse a volver a ningún sitio. Cogí el coche y deambulé como un sonámbulo esperando que la pesadilla desapareciese. No tenía nada más claro entonces que eras tú con quién quería vivir el resto de mi vida. Luego me llamaste al móvil y me diste a entender que teníamos que hablar. Mis lágrimas brotaban como un chorro de agua de una fuente de parque. No podía dejar de llorar. Conducía con los ojos enrojecidos de rabia. Cómo pude esconderte algo así. Sé que estoy hurgando heridas que deben cicatrizarse pronto, pero ahora sé lo que tú podías sentir al saber que me escribía con alguien que no eras tú. Pasé el peor día de mi vida y volví a casa escuchando tu voz, diciéndole a Brus que me fuese a saludar en medio de la escalera. Ese fue un momento de esperanza y de ilusión. Después de la equivocación podía volver a tener la esperanza de estar nuevamente contigo, en nuestra casa. Nos besamos y te pedí mil veces perdón. Era un momento que ahora recuerdo como bueno, porque las reconciliaciones siempre son buenas, pero entonces mi alma seguía con un agujero que iba a ser difícil de cerrar. Me prometí que jamás volvería a separarme de tu lado. Me esforzaría por seguir haciéndote feliz de la mejor manera que sé. Quería estar en nuestra casa y seguir recogiendo buenos recuerdos. Solo buenos recuerdos. Como ayer por la tarde. Un abrazo escuchando una canción sin separarnos un milímetro. Sabía que estabas llorando y que quizás no eran lágrimas buenas para mí, pero volví a sentir más fuerte que nunca que debía estar unido a ti el resto de mi vida. Solo con buenos recuerdos. En nuestra casa. En la casa de mi vida

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