24/01/07
Ayer buscaba una fotografía en la que me viese guapo y arrebatador para ti. No tenía muchas opciones, porque la única que tengo al alcance de la mano es la que esta apoyada en el mueble del comedor y no estoy demasiado favorecido. Feo, medio calvo y con la mano floja como si fuera lo que no soy. Me miraba y no llegaba a reconocerme. Es difícil reconocerse en las fotografías propias cuando al mirarte al espejo pones esa cara de italiano que solo tú has desenmascarado en mí. Por eso no me reconozco en las fotografías; porque al mirarme al espejo suplanto mi verdadera cara y me pongo todo lo interesante que puedo y hago que luego no vea reflejado en mis fotografías. Contigo eso no pasa. Tú eres bella igual en fotografías que en la realidad. Al verte desde cerca, mientras pasabas las fotografías que te habías echo mientras yo iba cogiendo ese aroma a pollo frito tan característico de mis clases de cocina, comprobaba lo guapa que es mi mujer. Te miraba con media sonrisa y sintiendo el orgullo de dormir cada noche con la mujer más bella del universo. No importa si es una fotografía en pijama, sentada en el sofá, si te las haces tú misma o si es un profesional; maquillada o al natural. Siempre te ves bella, enigmática, increíble. Maravillosa. Entonces pensé en la fotografía desde el acantilado irlandés que te dejé encima de la mesa del comedor. No supe poner la cara de italiano impostado en la que me creo más guapo de lo que realmente soy, y pensé en todas esas supuestas bellezas que tienen que sacar los labios como si fuesen a besar a un sapo encantado y no se dan cuenta del ridículo que hacen. El mismo que hago yo sin ti. Mi cara se puede transformar si me miro en un espejo y transformo mi cara, pero al volver a ponerla en su sitio, volveré a ser el feo, medio calvo y sin ninguna cualidad especial que sale en esa fotografía desde el acantilado de Irlanda. A ti no hace falta inventar ninguna cara de modelo petarda. Tu miras el objetivo, abres un milímetro tus enormes ojos azules y la realidad se queda pequeña. Eres la Belleza retratada y guardada en nuestro ordenador personal. Luego llega el momento de admirarte en directo y es cuando mi corazón se acelera. Intento poner cara de italiano para sorprenderte y volverte (o hacerlo por primera vez) enamorar, y tú te burlas cariñosamente de mí, diciéndome que “deje de poner esa cara de italiano tonto”. Me has vuelto a pillar, pero delante de La Belleza del Universo tengo que intentar estar a la altura más alta posible. De momento, las fotografías especiales las dejaré solo para ti, sin poner cara de italiano y me dedicaré a decirte cada día lo mucho que te quiero, Belleza Mía.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home