22/01/07
Si todavía no te he besado 300 veces alrededor de tu cuerpo, te debo un masaje provocativo y un beso de tornillo que dure más de dos minutos. No sé vale sacar la lengua de mi boca, ni que yo me vuelva a quedar dormido como un triste viejo sin Viagra que se pierde los mejores años de su vida durmiendo como un lirón. Ya lo dijo Dalí: “Dormir no se ha hecho para los genios”, y entonces cogía una taza de café con su cuchara de plata, se sentaba delante del cuadro que estuviese pintando y sostenía la taza de café vacía con su platito debajo y elevaba la cucharilla de plata cuando notaba que el sueño le vencía. Justo en el momento de que llegaba el dios pérfido de los sueños y le cerraba los ojos, hacía también que la mano que sostenía la cucharilla de plata cayese sobre la taza de café y se despertaba al instante. En casa hay solo un genio y no soy yo. A Brus no lo contamos porque se duerme con la misma facilidad que pide su patito de goma para jugar, con lo cual el genio eres tú. Me tendré que llevar a la cama una juego de café para intentar imitar al genio Dalí. Tu solo me pides que te demuestre que te quiero: “Con lo fácil que es, mi vida”, te diría ahora mismo, pero el sueño me vence y me caigo rendido a los pies del edredón chino que nos arropa. Pero esta noche (quizás ya haya sucedido), el sueño no me vencerá tan fácilmente y seré un pirata sin pata de palo que tiene manos de seda para acariciarte lentamente tu espalda, besar cada rincón de tu cuerpo y elevar al nivel más alto de excitación cada susurro tierno que te diga al oído. No harán falta masajes milagrosos que necesitan los desesperados maridos con mujeres estrechas e insatisfechas. Yo tengo la mujer más maravillosa, la más bella, la que puede generar que las notas después de cada beso tuyo sean de diez para arriba. No necesito más que mantener mis ojos abiertos y admirar tu belleza. Acariciar tu espalda, dejar que tus ojos se cierren (sin dormirte) y hacerte volar hasta otro 8, un nuevo o quizás que por fin llegues conmigo a la perfección del 10. Te debo 300 millones de besos que empiezan a contar hoy mismo. Cuando me falten pocos para terminar ya seremos demasiado viejos para buscar otros labios que nos besen. Te prometo que si te quedas conmigo, no voy a volverte a decepcionar...ni a dormirme antes de hora.

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