29/01/07
Hoy te hubiese contado un cuento sobre una princesa de ojos azules que se quedaba dormida cada cinco minutos mirando la segunda parte de una serie sobre desastres naturales que sobrepasan los límites de la realidad. O te hubiese contado la historia de la primera chica que ganó un premio de cine sin haber hecho ninguna película; sentada al lado de cualquiera de esas actrices que necesitan quilos de maquillaje para parecer guapa; esa chica serías tú y estarías nominada a la mejor actriz por una vida de película que te mereces vivir cada vez más feliz. Hubieses salido al estrado del teatro sin que nadie pudiese cerrar la boca al admirar tanta belleza iluminando el escenario. “¿Pero esta maravilla, qué película ha hecho?”, se preguntarían todos los directores, productores y galanes del cine español y pronto del cine de Hollywood. Porque una vez que hubieses ganado el premio aquí en España, estarías automáticamente nominada para los premios de allí (que me cuesta escribirlo, pero son los Oscar, sin acento). También te llevarías ese Oscar (sin acento) como la mujer más maravillosa, y yo estaría viéndolo en nuestra cama, orgulloso de estar casado con la mujer más maravillosa del universo. O quizás te hubiese contado que mis padres están muy contentos de nosotros y de que nos vaya bien, y que le vayamos a pagar esa segunda luna de miel a Madrid; todos los hermanos y tú, que eres igual de importante para ellos en la familia. O te hubiese contado que mi madre nos ha preparado un montón de croquetas porque sabe “lo mucho que le gusta a la Gemma”. O que mi abuela, al ver que me iba a trabajar, ha salido rápida con la escoba en la mano (no es que sea una bruja, eh), y me ha dado “muchos recuerdos a la Gemma, a ver si viene pronto…”, sabiendo lo mucho que la quieres y lo mucho que ella te quiere a ti. O te hubiese contado que las tardes sin ver tus ojos no son tardes; ni que las noches sin dormir a tu lado no merecen ser vividas. Te hubiese contado muchas de éstas cosas, pero estoy un poco triste y me quiero concentrar en quererte. No quiero que nada me estorbe ni un segundo para demostrarte que valdrá la pena seguir el resto de la vida junto a un tipo como yo. Que aunque no sea nada de lo mucho importante que parecen ser otros, yo soy la persona idónea para alguien tan maravilloso como tu. Que aunque a veces me equivoque y no me acuerde de comprarte el pan o las natillas de chocolate, o no te compre cualquier regalito que tanto te mereces, vale la pena seguir casada conmigo. Te hubiese contado muchas de esas cosas, pero solo quiero que sepas una: que te quiero y voy a luchar el resto de mi vida para estar siempre a tu lado, mi princesa de ojos azules.

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