Tuesday, February 06, 2007

06/02/07

Me gusta cuando te veo de reojo reír de cosas que yo hago. Cuando vemos la serie del tonto de Earl y ves como a mí me hace gracia una tontería tan grande como que una abeja le inyecte su veneno en la boca o que un frisbie (se escribe así?), le golpea la cabeza como si fuera una serie de dibujos animados. Es la parte de niño que todos llevamos dentro. Reírse de esas tonterías estúpidas que hacen que la noche sea más agradable…
Aunque lo que de verdad hace que la noche sea más agradable es jugar a ser mayores y hacer esas cosas que hacen los mayores. Igual que se sentían los gemelos falsos de tu serie sudamericana, donde los niños espían a los mayores mientras se dan besos, también me gusta mucho sentirme mayor y hacer esas cosas prohibidas que solo hacen los mayores. Somos la mezcla exacta de una persona mayor con pinceladas de niño pequeño que se ríe de las mismas tonterías: golpes, picotazos o caídas por culpa de una cáscara de plátano. Y eso contigo puede pasar en menos de una hora. Ser mayores a las seis y cuarto de la tarde y revolcarnos apasionadamente, sin poder dejar de emitir suspiros de estar haciendo algo que tanto me gusta hacer. Solo contigo. Solo contigo he disfrutado tanto del amor. Nadie ha conseguido llegar al punto tan sublime al que me has llevado tu. Ni tampoco nadie ha conseguido que me pueda reír tranquilamente de tonterías que parecen estar diseñadas especialmente para niños. Una mezcla explosiva y salvaje que no dejaré que desaparezca nunca de mi lado. No dejaré que la mujer más maravillosa de la historia se aleje de mí. Aunque tenga que dejar que compruebe por ella misma que no hay nadie mejor que yo para ti. Aunque tenga que dejar que "cates" (que suspendas, quiero decir, por catear, no por probar) al amor platónico de tu vida. Además, piensa que esta mejor dejarlo como esta. Él vive en Barcelona, tú estás asentada en la ciudad donde has vivido toda tu vida. Los cambios de papeles, lo que dirán los vecinos, los muebles nuevos, los ruidos de la ciudad… Un sinfín de problemas que se solucionarían con una cosa muy simple: te quedas conmigo y sin olvidar al amor platónico de tu pasado, le sigues escribiendo como a un amigo y nada más. Así, nos seguiremos riendo como niños de las tonterías de Earl, y jugaremos a ser mayores por las tardes en nuestra cama para hacer esas cosas que tanta gracia nos hacían de pequeños. No sé si me entiendes, pero si no lo acabas de entender, te lo estaré explicando el resto de mi vida, ya sea por la tarde, por la noche, sea lunes, miércoles o domingo. Un besote.

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