09/02/07
Hoy tengo menos tiempo para ti. Me tengo que preparar para no estar tan feo como en las fotografías que me haces mientras duermo y hacer buena cara delante del gran jefe indio (jau). Pero eso no quita para poder escribirte una mini carta para volverte a contar algo sobre ti. O sobre mi. O mejor, sobre nuestra futura niña chinita.
Esta mañana, mientras paseaba a Brus por el parque, con la niebla que no te dejaba ver más allá de diez pasos desde donde estaba, pensaba en el primer día de muchas cosas que vea nuestra chinita. El primer día de niebla. Cómo le explicaremos qué es la niebla. No te digo que le contemos científicamente el fenómeno de la niebla. Ella querrá saber “por qué no se ve nada, mama”, te preguntará cogiendote la mano más fuerte que otro día. Con miedo al ver una cosa rara al salir de casa. “Qué es esto”, pensará su cabecita pequeña todavía en formación constante. “Son las nubes que ves siempre en el cielo, que han bajado tanto, tanto, que puedes tocarlas con tus manos”, le dirás tú, abriendo mucho los ojos para que ella también los intente abrir y así copiarte en todo lo que hagas. “Sí, y por qué”, te preguntará una vez. “Pues porque las nubes están cansadas de estar siempre en el cielo, tan arriba, y a veces quieren estar cerca de las niñas guapas como tu”, le contestarás con la paciencia y el amor que te dará. “Si, y por qué”, volverá a preguntarte. Entonces empezarás a buscarme con la mirada mientras yo he ido a buscar el coche que tuve que dejar aparcado un poco alejado de la puerta de casa. “Ahora te lo explica papá”, le dirás, y yo querré escucharte a ti y ver tus ojos azules enormes diciéndole por qué las nubes han bajado tanto que podemos tocarlas con las manos. Entonces, cuando la niña haya preguntado quince veces por qué las nubes son tan caprichosas que quieren tocar sus manos, yo le explicaré que en verdad lo hacen para poder abrazarnos a los tres (bueno, a los cuatro, porque Brus también vendrá con nosotros) y decirnos que está muy contenta (la nube que forma la niebla, ya sabes) de ver a una familia tan feliz y con tantas cosas por hacer. Nos montaremos al coche y seguiremos tocando la nube con la punta de los dedos a cada paso que demos, mientras nuestra pequeña chinita no dejará de preguntarnos el por qué de todas las cosas.

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