12/02/07
El cielo era una pared de ladrillos grises. Me amenazaban con lluvia desde que salí del laboratorio, pero las fuerzas seguían estando dentro de mi cabeza, dibujando tu sonrisa para no encontrarme solo. La última vez que había venido solo a la playa de Mataró me trae recuerdos tristes. Fue el peor día de mi vida. Aquella tarde de finales de agosto que quiero olvidar para siempre. Hoy quiero que el recuerdo de la playa de Mataró sea bueno para mí, y de rebote para ti. Y te preguntarás qué hay de bueno para ti; pues ver feliz a tu marido corriendo por el paseo marítimo de la ciudad donde nació mientras sigo pensando en ti.Correr es de los deportes más solitarios. Me cruzo con un tipo que debe tener diez años más que yo pero que conserva mucho más pelo. Nos miramos y elevamos las cejas en forma de saludo. Es como cuando los motoristas (vaya, por que me tiene que venir ahora este símil) se saludan por las carreteras. Nos saludamos tímidamente y sonreímos mientras seguimos nuestra marcha. El cielo sigue siendo una pared de ladrillos grises que no acaba de abrirse. El sol no se ve, pero yo tengo tus ojos azules y tu pelo rubio y lo demás no importa. Las olas rompen con fuerza contra las rocas del puerto. Me encantaría que estuvieses aquí. Verte en la punta a la que tengo que llegar mientras abrazas a nuestra pequeña chinita desde el lugar al que tengo que ir. Me imagino que le dices a la niña que vaya corriendo, "que viene el papa y te va a pillar", y la pobre, que todavía le cuesta caminar, sale corriendo con dificultad, mirando cada dos pasos hacia atrás para ver si yo le pillo. Se pone nerviosa a medida que me acerco a ella y tu le animas para que llegue primero a la meta imaginaria que nos hemos puesto cerca de una bandera catalana que corona la punta más cercana al mar del puerto de Mataró. La niña llega primera entre los gritos que ella misma se da para animarse a ser la primera. Tú la coges en brazos diciéndole que ella es la gran campeona. Al momento llego yo. Sudoroso y con la cara llena de la sal de mi propio cuerpo que se mezcla con la sal que lanza el mar mezclado con el viento que peina vuestras caras. Os abrazo en mi imaginación y sonrío al viento. Me cuesta llegar a la otra punta sabiendo que de verdad (todavía) no estáis allí. Pero consigo mantener un ritmo bueno. Estoy feliz haciendo algo que me ha gustado siempre mientras imagino a mi familia cerca de mi. Nada de lo que hago ya esta fuera de mi (nuestra) familia. Siempre estás tú, la niña y el Brus. Siempre en éste orden.El cielo se emociona de mis pensamientos y empieza a derramar gotas de agua que mojan mi cara. Estoy a punto de terminar mi sesión de carrera por el paseo marítimo de la ciudad donde nací, pero ya estoy deseando llegar a mi hogar. A nuestra casa. Junto a ti. Cada vez más pronto, con nuestra pequeña chinita.

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