07/03/07
Esa luz que irradian tus ojos cada vez que te sientes querida; esa luz que me gustaría que solo la produjeses cuando soy yo quien te invita a emitirla, cuando soy yo quien hace que te rías o que disfrutes de un segundo de alegría. Te veo animada si otro te escribe, porque quizás vives un poco la vida de otra persona y te imaginas cómo sería la tuya junto a esa persona que no esta a tu lado y hace tiempo que es ya tu amigo secreto sin nada que esconder. La luz de tus ojos se mezcla con ese aroma a colonia del pasado que ayer me regalaste al besar dos veces tu cuello en la puerta de la fábrica. Y yo me sigo poniendo nervioso cuando te voy a ver allí. Te veo en la puerta con esa media sonrisa que me desarma y me cuesta hasta aguantarte la mirada y no ponerme rojo como un tomate, a mí, que soy tu marido desde hace casi seis años, todavía me pones nervioso. No hagas sufrir de amor a nadie más, conmigo te tienes que quedar para no hacer más daño de amor a nadie. Pobre chico si viniera otro a estar contigo; yo lo digo por tu bien. Quédate conmigo. Pero bueno, lo que te decía, quizás no te diste cuenta, o no te fijes, pero cada vez que estoy en la puerta de la fábrica me siento pequeño y cohibido a tu lado. Disimulo para que no te des cuenta, mirando al suelo o metiendo mis manos en los bolsillos, pero me miras, me sonríes y me vuelves a desarmar. Me encantaría que esa luz que no se apaga en tus ojos solo fuera por mi culpa, pero tengo que compartir la ilusión que te generan las palabras de otro y me siento afortunado porque soy yo quien disfruta de esa luz que es belleza en estado puro. Me sigo acercando a tu cuello para robar ese aroma del pasado y me vienen imágenes del principio de nuestra relación. De cuando el coche que casi ya me pertenece solo lo llevabas tu, y nos sentábamos a escuchar música después de una cena regada con demasiado alcohol, y cuando yo me acercaba con demasiado ímpetu y te aplastaba contra el vidrio del coche donde ahora siempre conduzco sólo el camino que me lleva a nuestra casa; ese aroma a colonia que ayer volví a oler en tu cuello, mientras tus ojos desprendían esa luz celestial que me hace volver loco; y aunque esa luz no sea al 100% producida por la felicidad que yo te puedo ofrecer, espero ser solo yo quien la disfrute hasta el último día de mi vida. Que tu luz siga brillando junto a mí eternamente.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home