26/02/07
Ver a la criatura que más quieres, (después de ti que eres mi vida entera), sin que te diga nada, andando, tirando de la veterinaria con el arné estirándole hacia el quirófano, sin saber dónde va, feliz y sin preocuparse de lo que le iban a hacer; y yo, quedarme con los ojos clavados en sus patas rápidas y fuertes que ni siquiera se molestan en girarse para decirme adiós con la cola. Así se metió dentro de la sala de radiografías para que un grupo de veterinarios jóvenes lo durmieran para hacerle una fotografía de su boca y me dijeran luego que todo ha salido bien. Y yo, con el estómago temblando por no saber qué hacer, por no saber si preocuparme o estar tranquilo por dejarlo en buenas manos. Ir con la cabeza en blanco hasta casa de mis padres después de haber hablado contigo y tranquilizarme diciéndote que “todo iba a ir muy bien”, porque eso funciona. Decirle a la persona que más quieres que todo va a ir bien, al final acaba funcionando en tu interior, y todo acaba yendo bien.
Nunca me imaginé que se pudiese querer tanto a un bicho con pelo enredado, dientes afilados, aliento a pescado frito y patas que te despiertan a las tantas de la madrugada paseando por el parquet de casa, como quiero a este Brus que yo, al principio, no quería demasiado tener en casa. Pero no lo quería porque no lo conocía, claro. No sabía qué suponía tener un perro en casa; me imaginaba los paseos pesados bajo la lluvia, las obligaciones de pasear cada día con él, hiciese frío o calor…pensaba que sería muy duro tener que cuidar a un perro, pero nunca pensé que iba a quererlo tanto. Es parte de nuestra familia y no me imagino la vida sin él. Y después de saber que uno de sus pocos amigos del barrio, el pobre Set, hacía poco que se había muerto, me dio por pensar que le iba a pasar algo y no el estómago no dejaba de darme vueltas, esperando la llamada del veterinario para decirme que todo había ido bien. Por fin la escuché y sabía que nuestro querido Brus estaba bien. Esa parte tan importante de nuestra familia que es nuestro perrito pesado que se pasea cada noche por el pasillo y nos despierta. Solo falta que la pequeña bicho de ojos rasgados se junte con él y nos despierten cada día uno. Pero no me importará, porque sé que tengo la suerte inmensa de tener la mejor familia del mundo. Y tú eres la parte más importante. Te quiero.

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