Tuesday, February 27, 2007

27/02/07

Anoche, justo un segundo antes de cerrar los ojos para dormirme, noté que tu cuerpo se acercaba al mío. Me sellaste la boca con un beso dulce y me apreté con tanta fuerza al tuyo que dejé tu pobre brazo dormido sin posibilidad de despertarlo en toda la noche. Luego nuestro querido Brus se dedico a despertarnos a los dos cada media hora con sus paseos alterados de una punta a otra de la casa. Parecía un padre a punto de tener su primer hijo, fumando como un desesperado, sin saber nada de su esposa que estaba en el quirófano a punto de tener su primer bebé. Pero yo me quedo con ese segundo de felicidad al notar tu cuerpo acercarse al mío. Me había afectado un poco que me dijeras que habías llorado un poco con mi escrito de ayer. “No me puedo permitir que mi mujer llore por mi culpa”, me dije, y ya quería pensar en contarte algo divertido para hoy. “Le tengo que escribir un cuento que le haga reír, o hablarle del futuro feliz con nuestra pequeña chinita”, me iba diciendo antes de cerrar los ojos. Pero justo en el momento en el que me iba a concentrar en el cuento de risas de hoy, noto que te acercas a mí y me pides que me abraces. Nuestros cuerpos para siempre unidos en un segundo de felicidad que me desveló y que hizo que mis ojos volviesen a despejarse, pero me daba igual. Hubiese estado toda la noche pegado a ti de esa manera. Tuve mala suerte con la postura de tu brazo, que se quedó dormido en el peor momento y que hizo que te tuvieras que mover un poco para dejarlo respirar. Si no hubiese sido por eso, quizás esta mañana nos hubiésemos despertado unidos en un abrazo de amor. O seguramente no. Porque nuestro querido Brus seguía paseándose por el pasillo como ese padre nervioso que espera noticias de la enfermera. “Ha ido todo bien”, le preguntaría a la enfermera nada más salir. Lo mismo que hicimos nosotros cuando llegamos ayer por la tarde a buscarlo al veterinario y teníamos tantas ganas de verlo. Tu me decías que no serías capaz de soportar ninguna enfermedad de nuestra pequeña. Tener que dejarla en manos de un desconocido, por muy buen médico que sea, para que le haga cualquier operación o prueba a la mínima que se encuentre mal. Debe ser muy complicado y sacrificado ser padres. Nosotros ya lo somos desde que fuimos a buscar a Brus a Cádiz. Es nuestro primer hijo. Peludo y con el aliento que apesta a pescado frito (de algo se tiene que notar que viene de donde viene), pero que lo queremos como a un hijo. Y sí, seguro que cuando nuestra pequeña se ponga mala sufriremos mucho, pero tenemos que tener fe o invocar al buen karma para que todo nos vaya bien a partir de entonces. A partir del momento de cruzar medio planeta para recoger a nuestra primera hija. Sin que sea demasiado peluda, y espero que sin que le huela el aliento a pescado frito. Quizás, viniendo de donde viene, le huela a arroz tres delicias, a cerdo agridulce o a tallarines con gambas. Creo que yo me quedo con los tallarines con gambas, y tú, mi amor, la mejor madre del mundo, con qué sabor te quedas.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home