01/03/07
Quizás mientras leas esto yo estoy escuchando las voces estridentes de los vecinos. Brus lloriqueando en la puerta de casa escuchando voces en la escalera y cada par de minutos teniendo que encender la luz para vernos las caras. Respiraré hondo y escucharé las voces idiotas de estos vecinos que quieren inventar ahora la sopa de cebolla, diciendo que tenemos que tener un seguro para la comunidad, o tenemos que limpiar la escalera más a menudo o cualquiera de esas cosas que nosotros también podemos pensar pero no nos apetece hacer. Cada uno tiene que saber cuál es su función en la vida, y nuestros “queridos vecinos” tienen la función de tocarnos demasiado las narices. O quizás ya estés en la cama, con tu pijama lila que tanto me gusta y tanto te favorece, leyendo mi hoja con la mirada atenta de la muñeca que representa a nuestra futura pequeña, o escuchando el ruido del vídeo que esta grabando alguna serie que veremos juntos el sábado o el domingo por la mañana mientras desayunamos. Espero que los vecinos no se acuerden de esa reunión tan importante que quería hacer el borrico de abajo y pueda estar inspirado para ti. Porque hoy tengo ganas de que me acorrales contra los libros de nuestra biblioteca y hacerme un poco de rogar. Que me busquen tus labios y rechazarlos solo una vez. No voy a ser tan duro de perderme un beso de los labios más increíbles que jamás besarán mi boca. Ni los labios de la actriz americana casada con uno de los hombres más sexys, que tiene dos o tres hijos adoptivos y uno biológico y se dedica a labores humanitarias por el resto del mundo porque le sobra el tiempo; pues ni con esos labios se pueden comparar los tuyos. Tus labios buscando los míos y yo rechazándolos una sola vez. Ni una más. Espero que la inspiración no se me vaya nunca de mi lado, porque la inspiración eres tu. Y tengo miedo que tus ojos se iluminen demasiado con los escritos de otro que no sea yo. Me duele y me enfado. Quizás conmigo mismo, por no ser capaz de enamorarte tanto como lo pueda hacer otro. No quiero que sigas conmigo por nada que no sea por mí mismo. No quiero perderte y tener que dejar de besar esos labios que esta noche volveré a rechazar solo una vez. Sería un pecado que esos labios no los besase eternamente. Como si nuestra vida fuera una película y la escena de nosotros dos en la biblioteca la tuviésemos que repetir hasta la eternidad. “Corten”, diría una voz desde un punto imaginario. Nuestro director nos pide que volvamos a repetir la escena del beso en la biblioteca. “Recházala un poco más, no le beses tan rápido”, me diría a mi. “Es imposible rechazar a los mejores labios del mundo”, le diría yo. Y entonces, te volvería a besar antes de tiempo, solo para tener que repetir la escena.

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