08/03/07
Te acuerdas de aquel posavasos que nos sirvió para dejar nuestras primeras copas en el karaoke del bar del puerto de Mataró donde nos dimos nuestro primer beso. Estaba tan emocionado, tan enamorado ya de la mujer más increíble con la que había estado, que no se me ocurrió otra cosa que pedirte un bolígrafo (tú siempre llevas uno en el bolso) y escribirte la primera frase de un poema de Pablo Neruda. No venía a cuento esa frase con el momento especial que estaba ocurriendo allí. No tenía nada que ver aquella frase con lo que estaba sintiendo, pero esa frase siempre me había gustado mucho. Me inspiraba muchas cosas cuando la leía, o sobre todo cuando la recordaba. “Es una de mis frases favoritas”, creo que te dije. Tu la leíste y te guardaste el posavasos en el bolso. Una frase insignificante delante de tanta belleza que no reclamaba más que un silencio.
“Me gustas cuando callas porque estás como ausente”. Esa era la frase. Me dejé de preguntarte qué te parecía. O quizás si lo hice, pero ya no me acuerdo. Solo me acuerdo del primer beso y del silencio que llenaba mi cabeza. Estaba sin palabras, sin saber qué decir. Tú me dijiste que me harías daño, pero ningún daño puede ser tan grande como el perderte ahora que te conozco y me duele el silencio de verte a mi lado sin decir nada. Ya sé que puedes estar cansada, o que no tienes que hablar tú todos los días, pero esa frase que te escribí aquel día de nuestro primer beso ahora me asusta. “Me gustas cuando hablas porque sé que estas a mi lado”, te escribiría ahora, que sin ser tan poético es lo que necesito...Pero bueno, hoy te dejo escrito el resto de aquel poema de Neruda que escribí una vez en el posavasos del karaoke donde nos dimos nuestro primer beso.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

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