23/08/07
Ferrer dice sí
1
Bendito San Cugat.
La tarde era de órdago. Tenía que seguir las indicaciones de mi cuñado para llegar a su pueblo y me pierdo como un bendito cerdo. Llego hasta Rubí y me cambio de carriles como de calzoncillos. Diez minutos antes de la hora convenida consigo encontrar el monasterio de San Cugat y me entreno la camisa por dentro para entrar decentemente. La chica que me atiende, Ana Soler, se parece mucho a la ex novia de mi cuñado, lo cual no sé si me da buena espina o mala. Repasamos el curriculum y va apuntando cosas para sus anotaciones. Me pregunta mis credenciales y yo le encaramo a la cima del mundo para decirle que soy el mejor en mi puesto. Ella me dice que casi seguro que me cogen y yo salgo de Manpower San Cugat levitando a medias. Llamo a todo el mundo, que es solo mi Gemma, y voy con prisas hasta la fábrica. Les explico a la familia que parece que les gusto y que ya me dirán algo. Luego me voy a correr mis 7 kilómetros por el suelo más fangoso por el que haya corrido jamás. Me duelen los tobillos y los chulos del gimnasio hacen sus ejercicios para marcarlo todo.
Regreso a casa y paseo a Brus. Lloriquea y se muere por olerle el culo a la perra del bajo. Un paseo largo y la noche para descansar.
2
Buenas sensaciones.
Me pongo la misma ropa que ayer. La camisa a cuadros, el vaquero moderno y los zapatos indies. Eso me supone que me llamarán de Manpower San Cugat, pero la mañana pasa lenta. Voy mirando las ofertas de trabajo y sigo sin ver más en procesos. El loro se va. Yo me voy a desayunar y a las 11:38, suena el móvil.
Ana Soler me confirma que Ferrer me quiere para empezar a trabajar el día 3 de septiembre de 2007. Hablo con Sandra, con Gemma y estoy exultante. “Me voy de aquí, del puto agujero negro”, pienso con la cara roja como un tomate. Se lo digo al loro y se queda de piedra. Me dice que tengo que escribir una carta de renuncia y no sabe qué decir más. Le miento en mi trabajo futuro y no sabe qué hacer. Se quedará sola con la rata el resto de sus días y yo vagaré por distintos sitios en mi labor de buscar trabajo.
Me voy del agujero negro a Ferrer.
3
La Noticia de El País.
Los reyes no son los padres
"En Estados Unidos siempre puedes encontrar una fiesta. En Rusia, la fiesta siempre te encuentra a ti". Ésta es una de las más célebres frases de Yakov Smirnoff, cómico ucranio afincado en Nueva York que, por lo restrictivo de las coordenadas geográficas de la sentencia, parece que jamás pisó suelo español. El apellido es real.
Como en la canción de Charlene, hemos estado en el paraíso, pero parece que no hemos estado en nosotros (el pop y el psicoanálisis son extraños compañeros de cama). Así, decidimos dedicar la última semana de este verano de nuestro descontento, que se vuelve glorioso invierno con este apagón barcelonés, a abandonarnos a recorrer todo tipo de celebraciones nocturnas con la loable intención de encontrar nuestro lugar en el universo lúdico, una tarea cada vez más complicada. Los años pasan, dejando un inquietante rastro de mártires capilares, que a diferencia de Hansel y Gretel no nos sirven para volver a casa. Las modas cambian antes de que puedas gritar "ese triquini es mío", y el revival empieza a recuperar cosas que tú ya viviste la primera vez. Las resacas que antaño fueron sainetes; hoy parecen tragedias isabelinas.
La primera parada es la fiesta de cumpleaños de Elvis. Vive. El martes cumple un año. Pero como esta fiesta, obviamente, no está dedicada al niño, sino a padres y amigos, se celebra en domingo, que es el día en que a la canguro le iba bien. Los padres serán los reyes, pero el Papa sigue siendo el canguro.
Ahora suena: Falling and laughing, de Orange Juice, una banda de Glasgow que hacía pop cuando lo que se llevaba era el punk, y que, más o menos, se pasó a la música negra cuando lo que mandaba era el pop. Nos gusta.
La fiesta se celebra en una enorme terraza en un piso alejado de las leyes del bus turístico. Se trata de uno de esos antinaturales espacios en los que la terraza posee el doble de metros cuadrados que el habitáculo. La alineación es más que interesante. Zidanes y pavones. Los que acaban de volver de la Toscana con un insoportable rastro de felicidad en su semblante. Los que ayer no durmieron, y parece que hoy tampoco. El padre. La madre. Casi todos parecen instalarse en ese territorio delimitado por los minutos de la basura de los veinte y el glorioso inicio de la cuenta atrás (al más puro estilo Europe) de los treinta. Look arregladamente desastrado, entre la segunda mano estilosa y la insistencia porque las acciones de H&M lleguen a su máximo histórico a pesar de la crisis hipotecaria norteamericana. Padres rockeros que tratan de aunar sus todavía vivas pulsiones underground con las nuevas responsabilidades. Un éxito posible y de rabiosa actualidad, te comentan. Los padres siempre tratan de convertirse a su causa, aunque lleven una camiseta rota de un viejo filme de John Waters. A diferencia del músico británico Billy Bragg, quien a la pregunta de qué sentido tenía mezclar política y pop respondía "con vergüenza y las habituales excusas", los padres que encontramos aquí y ahora, entre latas vacías de cerveza y planes para una noche larga, responden a todas las dudas sobre la paternidad con seguridad, orgullo y "abuela". "A éstos no es que les cueste crecer", comenta una asistenta a la fiesta. "Es que han visto que no tienen por qué hacerlo. ¿Otra cerveza?".
¿Y el niño? Este que corre por ahí es Gene Vincent. Elvis duerme.
La hora de los regalos confirma la naturaleza alternativa del evento. Como las cervezas, los presentes son de marca blanca. A pesar de los esfuerzos de algunos fabricantes de juguetes por forzar un brusco cambio de paradigma, lo tóxico, de momento, se reserva para los mayores. Este niño no sabe dónde se ha metido, y de aquí a unos años cuando se vea con una camiseta talla 1 año de David Bowie, se va a reír mucho de sus padres y sus amigos. Ha llegado la canguro y la alineación, formada por diseñadores que no diseñan, artistas que no exponen y escritores que no escriben (es estupendo no tener que ser joven para ser un joven creador) se dirige a un pub irlandés donde ponen fútbol argentino. A pesar de paternidades varias, alopecias agresivas y demás signos que sugieren otra aproximación al ocio nocturno, seguirán bebiendo cerveza como si no hubiera un mañana y teniendo conversaciones que parecen sacadas de un filme de Ted Demme o Hal Hartley.
Ahora suena: Best imitation of myself, de Ben Folds Five. Incluida en el primer disco de este extinto combo que convirtió el legado de Billy Joel en algo aceptable, esta canción es una de las más divertidas e incisivas reflexiones sobre el hecho de negarse a crecer.
El impuesto ciego
Juan José Millás 23/08/2007
A propósito, una vez más, del cursillo acelerado de Economía y Bolsa que estamos recibiendo este verano, algunos lectores insisten en averiguar de dónde saca el BCE el dinero con el que inyecta liquidez a la banca privada en aprietos. Yo no tengo ni idea, pero he observado que conviven dos versiones: de acuerdo con la primera, lo obtienen de los Estados de la zona euro, lo que implicaría que nuestros impuestos se utilizan para ayudar a unos señores con puro (y quizá copa) que a su vez nos fríen a base de comisiones. Más misteriosa es la segunda versión, apuntada por un lector en apariencia muy documentado y según la cual el BCE no saca esa pasta de ningún sitio, sino que la crea de la nada en el instante mismo de inyectarla. Que se hagan 10 mil millones de euros, dice un ejecutivo con corbata de seda en tono bíblico, y los 10 mil millones de euros aparecen donde antes sólo había tinieblas. La contrapartida a este milagro, como al de la bajada de los tipos de interés, es, por lo visto, el aumento de la inflación, también llamada "impuesto ciego" porque embiste sin mirar. La inflación constituiría un modo de "socializar" las pérdidas ocasionadas por la crisis hipotecaria, lo que quiere decir que usted podría verse financiando una hipoteca basura que el banco de la esquina concedió a su cuñado. Permanecemos a la escucha.

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