16/08/07
El agujero gris ya es negro
1
Vuelta al trabajo.
Otra vez a levantarse tan temprano que ni hay luz ni sombras. Todo es oscuro. Brus se levanta del lavabo para irse a su cuna. No sabe que ya empieza el festival. Le pongo la correa y paseamos bajo la oscuridad más grande del día. Anoche me costó dormir y ahora me levanto sin problemas. Paseo largo para terminar comprando el diario en la estúpida vaca burra del kiosco que hay junto a la biblioteca. Una pequeña caminata por culpa de los tenderos del Mercado de Granollers semanal y vuelta al camino hacia el agujero negro. No tengo ganas de ver a nadie. Llego para colocar mi fruta dentro de la nevera y un río de agua bordea la sala de recipientes de agua. Una falta de atención en mi cerebro sin entrenar. Entra Krusty más Krusty que nunca y le explico lo que hay. Luego un abrazo con la compañera que se va y con lo que me queda por hacer. Me entran ganas de llorar. Estoy desdibujado y fuera de onda. Pongo los conejos como los últimos 15 años y cruzo los dedos para no tener que sentir más esta pesadez. Escucho las explicaciones de la compañera lesbiana y me voy haciendo a la idea de cambiar cuanto antes de trabajo. Me apunto a más ofertas de las que hay y espero la llamada. 144 visitas a mi curriculum para estar elegido en proceso en un par y descartado en centenares. No sirvo para nada más que para coger conejos y poco más. Le digo a Sandra que se vaya a casa y vuelva antes de la hora. Yo me quedo buscando ofertas, comiendo la fruta y leyendo lo que puedo del diario. Quizás no se esté tan mal aquí, pero tengo que irme ya. Ahora.
2
La Noticia de El País.
Para explicar la globalización
Juan José Millás 16/08/2007
Cuando un defecto alcanza a 46 millones de baterías, deja de ser un defecto para convertirse en un rasgo de carácter. Si las baterías de 46 millones de teléfonos móviles de Nokia, tal como se nos ha advertido, tienen tendencia al sobrecalentamiento, es porque las baterías de esa marca tienen tendencia al sobrecalentamiento. Los saltos cualitativos, con perdón, se producen por aumento de la cantidad. Los juguetes de Mattel con pintura tóxica, en cambio, apenas llegan a los siete millones de unidades. Eso sí puede calificarse de fallo. Si habláramos, en cambio, de 20 o 25 millones, no sería arriesgado afirmar que el veneno formaba parte del proyecto.
Ahora estamos analizando las cifras de la pasta de dientes en mal estado, que en principio tampoco son muy alarmantes. Que no cunda el pánico, pues. Desde el punto de vista estadístico, es casi imposible que en un mismo hogar el padre de familia se esté cepillando los dientes con una pasta emponzoñada al tiempo que la madre habla por teléfono con un Nokia recalentado y el hijo chupa un juguete con plomo. Lo que sí sabemos es que mientras un niño juega en Alicante con un cochecito contaminado, un chino se suicida o es fusilado en Pekín. ¿Qué mejor modo de explicar la globalización a la infancia?
Quién se ha llevado mi sitio
Patricia Gosálvez 16/08/2007
Los presos dibujan palotes en la pared de su celda para calcular el tiempo que les queda y para distraerse. Proponemos un ejercicio de cordura similar a quienes se han quedado sin vacaciones, atrapados en la ciudad. Una distraída cuenta atrás que sirve de paso para comprender mejor ese limbo que es agosto. Por ejemplo, ¿por qué demonios se sigue aparcando fatal?
Desde el sofá Klippan de siempre (año I después de IKEA), el Condenado en la ciudad ve la tele en un piso sin aire acondicionado en el centro de un agosto implacable. El telediario vuelve a escupir la misma no-noticia veraniega: la pelea por poner la sombrilla en primera línea de playa. Un señor en Benidorm clava la "lanza" en la arena como si fuese un bosquimano gordo y blanco. Explica a cámara: "¡Esto es la guerra!". El Condenado se pregunta: "¿Y a mí qué coño me importa?". Después de trabajar todo el día, ha perdido 45 minutos dando vueltas para aparcar el coche. Esto sí es la guerra, bosquimano.
¿Cómo es posible que estén todos en Benidorm y aun así no haya sitio? ¿Sólo se van los que tienen garaje? ¿O puede estar relacionado con los huecos que ocupan los andamios? ¿Los contenedores? ¿El reciclaje? ¿El cabrón del 4 - 4 que aparca con la línea en medio? ¿Cuántos sitios son de verdad sitios?
El Condenado imprime (en el curro) un mapa de su barrio. Con una chincheta y un lápiz unidos entre sí por un trozo de celo (en las oficinas, como en las celdas, no hay cordones), traza un círculo con un diámetro, a escala, de 500 metros alrededor de su piso sin aire acondicionado. Veinte calles y una plaza. Durante días cuenta con palotes los espacios para aparcar. En una columna, los sitios en los que hay, o podría haber un coche; en la otra, los ocupados por otras cosas. La primera calle que mide se llama Leganitos; está en el centro de Madrid, pero podría existir en cualquier gran ciudad. El resultado es escalofriante. Cabrían 145 utilitarios, pero sólo se puede aparcar (con suerte, y pagando) en 81. Dos están reservados para incapacitados. Vale. ¿Pero y el resto del 43,3% de la calle que le está vetado? Parafraseando el libro aquel del queso y la autoayuda, el Condenado se pregunta: "¿Quién se ha llevado mis sitios?".
Palote a palote descubre que las obras se comen 24 sitios, 24, entre contenedores, andamios, sacos y vallas aleatorias que guardan el parking a los capataces. La comisaría de policía tiene reservados 20, aunque muchos de ellos están siempre vacíos. Seis se los quedan los hoteles para cuando llegan taxis, aunque éstos tienen aparte otros seis. En cinco no se aparca, se recicla... Así hasta que sólo quedan los que quedan. Y en todos hay coche.
En total, dentro del círculo dibujado, el 36% de los sitios están tomados. Cubos de basura, motos atravesadas, carga y descarga (con sus instrucciones absurdas, ¿el sábado por la mañana es o no es laborable?). El colmo: un reservado policial vacío y un zeta aparcado en un sitio para civiles; un parquímetro en medio de un hueco, 17 espacios en batería que se han repartido entre 12 brutos insolidarios, un coche abandonado desde hace meses y un gorrilla que te pide limosna. El Condenado les llama, por insultar. Se queda con las ganas; resulta que, encima, el Consistorio cobra a los constructores por aparcar el container. Siempre ganan los mismos.
Treinta años sin oír 'guau'
El 15 de agosto de 1977 una antena para buscar vida extraterrestre captó una intrigante señal
El cosmos, por norma general, emite una señal monótona y aburrida, el eco del Big Bang. Hace 30 años, una señal rompió bruscamente esa monotonía. El 15 de agosto de 1977, a las 11:15 de la noche, la radioantena Big Ear (Gran Oído) de la Universidad de Ohio captó una señal de 72 segundos y una intensidad que superó en algún momento 30 veces al aburrido ruido de fondo. Algo así como un chillido retumbando sobre el leve murmullo del cosmos.
El astrónomo Jerry Ehman había sido despedido de Big Ear cinco años antes. El Congreso de EE UU retiraba su ayuda económica al programa SETI de investigación de vida extraterrestre. Pero Ehman estaba convencido de que la antena podía dar mucho de sí y seguía trabajando como voluntario. Unos días después de aquel 15 de agosto, se dispuso a revisar el montón de papel continuo que había ido escupiendo la impresora con los resultados del rastreo.
Todos los registros entraban en la norma, hasta que topó con un código, 6EQUJ5, que venía a decir que la señal a la que se refería, en comparación a la de los objetos celestes, era extraordinariamente intensa y concreta y procedía de un único punto en el espacio. Es decir, muy parecida a las emisiones que se emplean en las comunicaciones humanas. Alguien o algo parecía haberla emitido intencionadamente desde el espacio. Ehman agarró un lápiz rojo y anotó al lado del código la exclamación "wow!" ("¡guau!"). La señal quedaba bautizada.
Desde entonces, el astrónomo, que firma sus mensajes electrónicos como Jerry Wow Ehman, se ha dedicado a descartar desde las explicaciones más obvias a las más estrafalarias. Entre las primeras, que aquella señal viniera de una galaxia, planeta o asteroide. Negativo. Otros fenómenos cósmicos más complejos, como las lentes gravitatorias o el centelleo interestelar, quedaron descartados.
Aquel grito cósmico ponía a prueba el escepticismo de cualquier científico, pero admitir directamente que viniera de una inteligencia extraterrestre resultaba osado. Había que ampliar el círculo de sospechosos, y Ehman incluyó las emisiones humanas. Como la de los satélites. Pero la señal se había emitido en la banda de los 1.420 megahercios, prohibida para todo tipo de transmisiones en la Tierra. Un avión o vehículo espacial tampoco podían ser su origen. En 72 segundos, la duración de la señal, una aeronave habría descrito una amplia línea en el cielo. Y Wow procedía de un único punto.
Cabría la posibilidad de que la señal hubiera salido desde Tierra y se reflejara en un trozo de chatarra espacial. Ehman piensa que esa posibilidad existe, aunque es demasiado remota. El trozo tendría que haberse quedado quieto. Pero además de orbitar en torno al planeta, suelen rotar sobre sí.
¿Qué explicación queda?

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