17/08/07
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Después del agujero negro.
Salgo antes de tiempo del agujero negro para correr como un condenado bajo la lluvia. El tiempo no acompaña y decido correr encima de la tarima lisa de la cinta del gimnasio. Ocho kilómetros en 40 minutos. Exactos. El ritmo fuerte de 5 minutos el kilómetro es el ideal para mis esfuerzos. Soy el atleta de los 5 minutos el kilómetro. Sudo como nunca yo solo y veo noticias de la cadena catalana en la televisión grande de la sala. Gente que hace gimnasia y los guapos poniéndose en forma sin parar. Hago mis estiramientos y menos abdominales de los que querría para llegar a casa: comer, pasear al Brus y salir pitando al Carrefour de Mataró para acompañar a mi Gemma en su compra con su madre. Dos horas de paseos por el centro comercial con las piernas destrozadas para volver a gastarnos demasiado dinero en comida.
Tomamos un refresco y llegamos a casa sudando. El paseo final con Brus y la cena con la mejor pizza del congelador. Un poco de Txacolí para alterar los nervios y sexo del bueno para terminar la noche.
La mañana se levanta oscura. El parte meteorológico dice que el domingo lloverá. Decido ir a correr la tirada larga el sábado en la playa de Mataró. Ya que tengo que fastidiarme y trabajar, lo haré con una motivación.
Estoy solo en el agujero negro toda la mañana y me apunto a doce ofertas de trabajo más. Creo que alguna me hará caso y me dirá que soy su hombre. Estoy solo y Krusty ya puede limpiar a presión todo lo que quiere. Escucho el iPod con ganas y miro más carreras para este principio de temporada: Castellar del Vallés, Ripollet, La Mercé… El calendario corredor aumenta y no sé si Gemma me apoyará, pero la necesito más que nunca. Ojalá este sea uno de mis últimos escritos colgados por el ordenador del agujero negro.
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La Noticia de El País.
Las confesiones del bebé del disco 'Nevermind' de Nirvana
Spencer Elden, el pequeño que aparecía desnudo en el segundo disco de la banda de Kurt Cobain, ahora tiene 17 años y ha señalado que le parece 'espeluznante' que tanta gente lo haya visto sin ropa
Una de las imágenes más simbólicas del movimiento grunge, sin duda, es la carátula del disco Nevermind, la segunda placa de la banda Nirvana. La fotografía de un pequeño de tan sólo meses de vida, nadando sin ropa en una piscina y tratando de alcanzar un billete amarrado en un alambre, dio la vuelta al mundo de la mano de la banda de Kurt Cobain. La instantánea quedó estampada en posters, camisetas y todo tipo de souveniers y, de paso, transformó al novel protagonista de la fotografía en el bebé desnudo más famoso del universo musical.
Ya han transcrurrido casi dos decenios desde aquella sesión fotográfica de 1991 y el pequeño, Spencer Elden, ahora es un adolescente de 17 años que reside en California, Estados Unidos. Después de haber pasado toda su vida marcado como el bebé Nirvana, el chaval ha confesado sentirse como una verdadera estrella pornográfica.
"Es algo espeluznante que tanta gente me haya visto desnudo", ha declarado a la cadena televisiva MTV. "Tengo la sensación de ser la estrella porno más grande del mundo", ha agregado Elden, quien en la actualidad es estudiante de instituto.
La imagen fue tomada por un amigo del padre del chico, el fotógrafo Kirk Weddle. "Me balancearon en la piscina, tomaron todo un rollo de fotos y listo", ha explicado el joven, cuyos padres cobraron 200 dólares por la sesión fotográfica (unos 150 euros al cambio actual).
El hecho de ser el bebé Nirvana le ha valido a Elven varias invitaciones a programas de radio y, también, cierto éxito con las chicas, según ha confesado él mismo a MTV . "Tengo que utilizar fórmulas realmente estúpidas, como '¿quieres ver mi pene por segunda vez?'", ha explicado Elden entre bromas.
El álbum Nevermind ha vendido más de 10 millones de ejemplares sólo en Estados Unidos y convirtió en millonarios a los miembros de la banda grunge liderada por el emblemático Kurt Cobain, que se suicidó en 1994 a los 27 años de edad.
Crecer en silla de ruedas
Las familias con afectados por parálisis cerebral abordan con dramatismo el fin de la etapa escolar por la escasez de opciones
Al levantarse, Guillermo le dice a su madre: "Quieres desayunar". No hay entonación, no es una pregunta, sino una petición. Es también un código: sabe que si pronuncia esa frase que escuchó de labios de su madre hace tiempo, ésta le da el desayuno. Guillermo no habla en primera persona. No dice yo. Aunque por su talla es un yo como un castillo. Tiene 18 años, pero en otros aspectos quizás sea sólo un niño de dos. Su discapacidad es severa y le sobrevino al nacer. El parto se adelantó, a su madre se le rompió la placenta y a él le faltó oxígeno. No puede lavarse ni comer por sí solo y su día a día genera una gran dependencia. Tiene algo de movilidad en la mano derecha, y escucha música con placer, pero su lenguaje no va mucho más allá de repetir frases hechas que asocia a diversas situaciones.
Jaime consiguió masticar y luego andar. Hay que ser realistas, pero sin tirar la toalla
Por la mañana asiste al colegio de educación especial Numen, en Madrid. "La llegada de la etapa escolar es un bálsamo", admite Isabel López-Ayllón, madre del Guillermo y presidenta de la Fundación Numen, una asociación de padres impulsora del colegio. El periodo escolar cubre hasta los 18 años, pero es posible pedir una prórroga hasta los 20 o 21. "De 0 a 3 años, sin embargo, existe un vacío", afirma la madre de Guillermo. Un vacío lleno de preguntas e incertidumbres.
Una infección intrauterina, un parto prematuro o mal asistido, malformaciones cerebrales o determinados accidentes, pueden desencadenar la lesión. "La familia tiene que empezar de cero, conseguir un diagnóstico y un tratamiento para su hijo. Es una tarea obsesiva, y lo que mejor funciona es el boca a boca de otros padres", añade López-Ayllón.
Unas 78.000 personas padecen en España parálisis cerebral. Es la causa más frecuente de discapacidades motóricas en niños, que pueden mejorar con terapias rehabilitadoras. Algunos además de su inmovilidad o incomunicación llevan asociados síndromes respiratorios, crisis epilépticas, problemas de dentadura o vulnerabilidad ante otras enfermedades. Los caminos de la enfermedad son también diversos.
-Mam, mam...
Así se expresa Jaime, de 7 años. Camina, lo que es un logro, pero le cuesta articular palabras. Aunque sería inexacto deducir que no puede comunicarse: capta la voz de su madre y de los que le rodean, reconoce el habitual tono de cariño con que le tratan y es capaz también de reconocer cierto enfado o imposición. Pastora Bris, la madre de Jaime, perdió a su marido hace siete años a raíz de un accidente de tráfico. No fue la única pérdida. En el accidente, Jaime, de 26 días, sufrió un traumatismo craneoencefálico severo. Le adjudicaron un 75% de discapacidad. "Decidí luchar y obtener de él el máximo", dice. Vivían en Granada y se trasladaron a Madrid.
En la capital comenzó la búsqueda de terapias. A los cuatro años Jaime acudió a un centro de atención temprana y su madre vio alguna luz. Logopedas, psicólogos y fisioterapeutas trabajaban juntos los ámbitos sensorial y conceptual. Jaime consiguió masticar primero, y luego andar. "No hay que dejar de estimularles, aunque no sepas si habrá resultado", afirma Bris. "Hay que ser realista, pero sin tirar la toalla", apostilla López-Ayllón.
Las familias abordan con dramatismo el fin de la etapa escolar. Las opciones son mínimas. Salvo los capacitados para trabajar en talleres ocupacionales, lo que espera a la mayoría es "más de lo mismo", acepta una madre. Necesitan idénticos cuidados, pero son derivados a centros de día. "No son centros especializados. Un enfermo de Alzheimer y un paralítico cerebral pueden coexistir en el mismo espacio, sin más punto en común que su doble incomunicación".
La Fundación Numen, integrada en Aspace (Confederación de asociaciones de padres de paralíticos cerebrales), estrenará un colegio más amplio en septiembre, con el apoyo de Caja Madrid, y tendrán una futura residencia para mayores de 20 años. Será un centro abierto a todos.
López-Ayllón no cree que su hijo sufra por su situación, "ya que no tiene perspectivas". Pero no duda de que los que se desenvuelvan en un clima de cariño evolucionan mejor y perciben algo parecido a la felicidad.
Malos olores
Juan José Millás 17/08/2007
Las principales características del síndrome de Diógenes, que suele atacar a las personas mayores, son la tendencia al aislamiento social, la reclusión en el propio hogar y el abandono de la higiene. El miedo a la escasez lleva a quienes lo padecen a guardarlo todo, desde una monda de naranja a una faja de péndulo encontrada en el cubo de la basura, por no hablar de las bolsas de plástico del supermercado, que se acumulan como estómagos vacíos en el fondo de los armarios y en los cajones de las alacenas.
De este modo, el enfermo se va creando un cuerpo supletorio, una segunda piel en la que se envuelve para ponerse a salvo de los embates de la edad y de la locura, así como del pánico a la ruina. El síntoma más claro del envejecimiento de ETA es esa casa de Biarritz donde se ha encontrado un arsenal de armas y explosivos, parte del cual estaba en mal estado (cada uno acumula el tipo de chatarra que ha dado sentido a su vida). El caso es que en medio de toda esa basura bélica, que seguramente había comenzado a provocar malos olores, vivía un hombre cuya cara pudimos observar al ser detenido. Nos sorprendió mucho su expresión, pues era idéntica a la de esos indigentes a los que la policía tiene que desalojar de su vivienda tras las denuncias de los vecinos.

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