Thursday, August 30, 2007

30/08/07

Dolor molesto en el tobillo derecho

1
Carrera con dolor.
El tobillo no ha dejado de molestarme cada día más desde los 10 kilómetros de Ripollet. El asfalto ha machacado el tobillo derecho y me duele casi hasta el caminar. Me toca correr o descansar, pero decido correr por fuera. 8 kilómetros hasta la casa de las fiestas Rave. Inicio la salida con dolor en el tobillo. No lo dejo de sufrir durante los casi 40 minutos que voy corriendo. Me preocupo y tengo ganas de saber qué narices pasa. La llamada de un nuevo trabajo tiene que terminar con un no. El jueves voy a Sant Cugat a firmar el contrato y para hacer el cursillo de prevención de riesgos laborales, cuando el mayor riesgo es no poder correr todas las carreras de este principio de septiembre a las que me quería apuntar. Termino los 8 kilómetros con molestias pero los estiramientos y demás me aplacan un poco el dolor. Gemma me ha dejado la canción de Bruce en el ordenador y la escucho mientras hablo con ella. Como lo que puedo y me voy tocando el tobillo hasta que me vuelve a doler más.
La tarde pasa lenta y calurosa. El Brain Training me dice que mi cerebro casi se asemeja a mi edad corporal. Preparo una de esas multicenas con dos platos de arroz y macarrones a la carbonara para dejarlos en la nevera y pelarme con la nueva máquina de cortar el pelo que parece no funcionar. Gemma monta la estantería del Ikea y yo me palpo mi tobillo derecho. Cruzo los dedos para poder estar entero para el sábado en la carrera en Sant Quirze con mi hermano. Suerte que son 5000 m y no tendré que hacerle sufrir demasiado.

2
Jueves con dolores.
El tobillo sigue molestando cuando intento correr. Si se calienta y me lo toco con intención, me duele. Si camino normal, me pongo de puntillas o lo fuerza en otras circunstancias, parece que esta bien. Decido darle dos días de reposo. Hoy tocaría correr 7 u 8 kilómetros, pero como tengo que ir a firmar el contrato (qué fuerte, el lunes empiezo en Ferrer), y me tendrán toda la tarde de curso y demás, decido no hacer nada. Mañana, mi último día en el agujero negro, nadaré mi kilómetro en la piscina y esperar que el tobillo funcione.
Mi hermano me manda un correo con un guión que ha escrito con su amigo para una película basada en un cuento mío titulado “El Semáforo”. Ya ni me acordaba que se lo había enviado. Me da por pensar en los cuentos que tengo en el ordenador y se los enviaré antes del sábado, cuando nos toca correr a los dos juntos de nuevo en Sant Quirze del Vallés.

3
La Noticia de El País.
Impostores aristotélicos
Juan José Millás 30/08/2007
Pasaron a vernos unos parientes de mi mujer que dijeron veranear aquí al lado. Cuando llevaban 10 minutos intentando explicar quiénes eran y de qué rama familiar procedían, mi mujer y yo fingimos caer en la cuenta y les invitamos a un café.
Decían ser hermanos, pero se parecían en todo a un matrimonio de los que no discuten. No sabíamos de qué hablar hasta que sacaron el tema de Aristóteles y del mundo sensible. Mientras los escuchaba, tuve de repente la revelación de que eran unos impostores, pero no dije nada para ver hasta dónde eran capaces de llegar. Llegaron a la diferencia entre sustancia y accidente mientras agotaban una caja de pastas que habíamos abierto para ellos.
A los pocos días, unos vecinos con los que solemos tomar el aperitivo nos contaron que habían recibido una extraña visita de unos familiares lejanos que se habían pasado la tarde hablando de Aristóteles. Otro veraneante, al escucharnos, añadió que a él y a su mujer les había ocurrido lo mismo. Al final, toda la urbanización había recibido la visita de los impostores aristotélicos. Nadie los ha vuelto a ver, pero daríamos cualquier cosa porque volvieran, pues tenemos la convicción no expresada de que aquella visita fue lo más importante de nuestras vacaciones, quizá de nuestras vidas.

La última foto del verano
E.Moliner 30/08/2007
Lo que a mí me gusta de esta fotografía, la última de la serie de este verano, es comprobar qué es lo que lleva y lo que no lleva la chica delgada, de cuerpo bonito, sin cabeza, que se cruza con el niño. No lleva bolso, ni riñonera, ni se le adivina lugar donde pueda llevar dinero. Y sin embargo lleva periódicos. Sólo periódicos.
Comprar el periódico es un acto que hace gente muy extraña. Las tías buenas no se asocian a llevar periódicos, a no ser que paseen por La Rambla
Es verano, la chica usa falda corta y camiseta, zapatillas sin calcetines, nada más. No sé si en la mano izquierda se le adivina un cigarrillo. En todo caso, lleva periódicos. Y, por lo que se ve, periódicos que ya han sido hojeados. Porque cuando los acabas de comprar (sobre todo en domingo) parecen recién planchados y los transportas hasta el lugar de lectura con cierta solemnidad. Eso se le notaría a la chica. No están arrugados, ni doblados. Estos periódicos han sido pues bien leídos. Y sin embargo, la chica aún no los tira. Se los lleva, quién sabe si para una segunda lectura.
Alguien podría decir que en realidad la chica necesita papel de periódico para pintar una habitación o para poner debajo de la bolsa de basura, para evitar que manche el cubo; en fin, uno de esos usos alternativos de los periódicos (aunque, actualmente, lo de usar papel de periódico para envolver el bocadillo o para poner en el suelo después de haber fregado ha perdido toda su vigencia). Pero yo sostengo que no. Que si esta guapa chica necesitase el papel de periódico para pintar no lo llevaría de este modo, del modo en que se lleva el periódico que se ha leído.
Sé que eso no es lo más relevante de la foto. Lo más relevante es el niño, claro. Al ser la foto en blanco y negro, cualquiera podría decir que está tomada en Cuba, país que nunca se fotografía en color, no sé por qué. En los suplementos dominicales, suelen endilgarte, cada dos o tres meses, el reportaje de Cuba en blanco y negro. La única vez que he visto Cuba en color es en la segunda parte de El Padrino. Pero no es Cuba, sino Barcelona. No sabemos si Joan Guerrero esperó a fotografiar al niño cuando precisamente pasaba una chica con periódicos. En todo caso, yo sostengo que lo más raro de la foto es eso. Ya saben ustedes que comprar el periódico es un acto que hace gente muy extraña. Las tías buenas no se asocian a llevar periódicos, a no ser que paseen por La Rambla. Si es así, llevar periódicos es un buen sistema para evitar confusiones. Es casi la única manera de que a una chica no le pregunten cuánto cobra.
Ustedes mismos, si están leyendo este periódico será, seguramente, porque lo han comprado. Conozco pocos bares en los que tengan EL PAÍS para la clientela. Eso significa que cuando un usuario de EL PAÍS entra en el bar todos los buitres le preguntan si es de la casa. Gastar un euro en el periódico, por Dios, está muy mal visto.
Yo nunca lo presto, aunque sea violento. Me gusta que se vea que debajo de este periódico tengo dos más, porque me gusta que me pregunten si son de la casa. Me siento superior habiendo comprado los periódicos. Si sólo tuviera un euro elegiría periódico y me quedaría sin café. Me gusta ser la primera en desplegarlo en la mesa de mi bar. Echarle un primer vistazo, empezar por la crítica de televisión de Tomàs Delclós, ver lo qué dice Ramon Besa del nuevo Barça, leer la crónica de Agustí Fancelli, comprobar cómo siguen las cartas al director entre Fernando Savater y sus contrarios, recortar las cosas interesantes o indignantes. Ver esta foto de Joan Guerrero me hace comprender que se acaba agosto y que vuelven los articulistas de siempre, nosotros también.

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