Tuesday, August 28, 2007

28/08/07

Comida con Jordi en un día menos

1
Pizza con Jordi.
En la pizzeria que siempre vamos a comer Jordi y yo, hacen las mejores pizzas del centro comercial. Llego puntual con un calor insoportable. A los pocos minutos llega Jordi con chaqueta y el casco de moto en la mano. El calor nos abrasa, pero él me enseña una canción de jazz discotequero que ha compuesto por el ordenador. Como siempre lo animo a que haga cosas diferentes y hablamos de las cosas.
Comemos la misma pizza deliciosa que las últimas veces. Lo veo más gordo que la última vez; y antes de la mitad de la pizza le suelto el notición. “Me voy del agujero negro”, le digo sin preámbulos. Se alegra por mí mientras nos tomamos un capuccino viendo el culo gordo de la argentina que lo regenta. Nos divertimos y sigo sintiendo que Jordi es y será siempre mi mejor amigo. Una vuelta por el Media Mark para decidirse a comprar el mejor disco de Iron Maiden. Damos otra vuelta de tuerca al centro comercial y nos vamos cada uno a casa. Le doy la camiseta del niño y el Txacolí y los vasos con el símbolo vasco. Sigue el calor insoportable bajo el techo del coche.

2
Piscina y mareos.
Voy al gimnasio con la tranquilidad de que Gemma se queda en el trabajo. Hago un poco de abdominales y me meto a nadar a ritmo de tortuga mis 1005 metros. Ducha rápida y cuando aparco el coche en casa, veo el coche de mi suegro que trae a Gemma mareada. La subo a casa y la dejo reposando para que no haga nada. Unos zumos y un poco de mantequilla después del paseo bajo el sol abrasador con Brus y más compañía para mi esposa. Cena de restos en el naufragio y de vuelta a la cama para no pensar en nada más.

3
Mañana de martes.
Otro día menos para salir de aquí. Trabajo que quiere ser duro y que a las diez y poco de la mañana ya esta terminado. Mañana más tralla con dérmicas a conejos, pero nada del otro mundo. Paseo mi cuerpo por el último martes de mi vida en este agujero negro que apesta a mierda de conejo. El loro esta amargado y yo cada día estoy más feliz de marchame de aquí.

4
La Noticia de El País.
El lugar de la virtud
Juan José Millás 28/08/2007
Adquirí en el mercadillo del pueblo, por sólo nueve euros, un reloj que, una vez en casa, resultó atrasar un minuto al día. Un minuto al día no es nada; total, siete a la semana, pero a mí me dolía como una llaga en el paladar. Al poco, vi uno idéntico en otro mercadillo y me lo compré también. Por casualidad, este adelantaba un minuto diario, justo lo que el otro atrasaba. Me puse el que atrasaba en la muñeca izquierda y el que adelantaba en la derecha. Así, si en uno eran las dos menos un minuto, en el otro eran las dos y un minuto. Habiendo sido educado en la idea de que en el centro está la virtud, deducía sin problemas que eran las dos en punto.
Los cálculos no resultaban siempre tan sencillos, pues había ocasiones en las que en uno eran las siete y trece y en el otro las siete menos trece, lo que me obligaba a efectuar operaciones aritméticas para las que no estoy dotado. Me acostumbré, no obstante, a vivir así, y con el tiempo yo mismo llevaba en unas cosas idéntico retraso al adelanto que llevaba en otras. Perdía por el lado izquierdo las plusvalías que obtenía con el derecho o desescribía el martes lo que había escrito de más el lunes. Comprendí entonces que la virtud no está en el punto medio, sino un poco desplazada, pero no logré averiguar hacia qué lado.

Tiran más dos tetas...
Marina Klein 28/08/2007
Hoy he plantado la sombrilla al ladito de la ex (en bolas) de mi pareja, y para cuando me quise dar cuenta, ya era demasiado tarde como para desclavarla e irme con la música a otra parte. Nos saludamos con mucha cordialidad, le presenté a mi hijo, al que besó con cariño (y en bolas), y mi chico fue todo lo simpático que se puede ser sin incomodarme teniendo a su ex (en bolas) delante. Su cara de satisfacción (la de él) la atribuí a la autocomplacencia por estar morenito y por haber perdido unos kilos antes del verano. No lo culpo. A uno siempre le gusta estar estupendo delante de un ex pa' que vea lo que se perdió, por activa o por pasiva. Lo que me mosqueó fue que mi hijo (de dos años y medio) tenía la misma cara de bobo que su padre, y como él no tiene que disimular, porque es un niño, no se andaba con rodeos y le miraba fijamente las tetas. "Qué guapa esa niña", decía mientras comparaba al tacto que las mías no podían competir con aquellas, y su padre se pavoneaba entrando y saliendo del agua, cuando, qué raro, él nunca se baña. De toda la vida he pensado que es bonito que el cuerpo caiga y cuelgue como consecuencia del paso del tiempo, pero la ex de mi pareja tiene las tetas operadas, y bien monas que las tiene. Ya estamos en casa. A mi chico aún no se le ha quitado ese rictus bobalicón, mi hijo ha vivido un precoz despertar sexual, y yo busco en mi agenda el teléfono de un par de cirujanos que tengo guardados en caso de emergencia. El año que viene la sombrilla se aguantará entre mis turgentes. ¡Ya está bien, hombre!

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