Thursday, March 29, 2007

29/03/07

Todo un día sin verte se convierte en un principio de ataque al corazón. Y no te rías, que no exagero. Sé que todavía no se han empezado a saltar las alarmas de mi sangre; que dentro de poco se empezarán a colapsar las venas de sangre que quiere salir corriendo de mi cuerpo para ir a verte. A pesar de que haya tardes que paso delante de la fábrica y no soy capaz de pararme cinco minutos para darte un beso y decirte que te quiero. Sé que te parece una excusa tonta que ahora te diga que si no lo hice fue por culpa de mi obsesión por tener las cosas hechas antes de tiempo. Me pasará dentro de un rato, cuando tengo que ir a comer a casa de mis padres. Como sé que tengo que comprar un par de cosas en el Mercadona, iré deprisa para buscar sitio, dejaré el coche lo más cerca posible para no tener que cargar demasiado y cuando haya comprado (o quizás lo haga después de comer), subiré a casa de mis padres con prisa para marcharme de allí y llegar al trabajo cinco minutos antes de que llegue la hora de entrada; poder hablar contigo desde el lavabo de casa de mis padres; como hacíamos cuando éramos novios y nos pasábamos las noches hablando. Me acuerdo ahora que no dejaba entrar a mis hermanos al lavabo y que como muchas noches era ya tarde, me tenía que ir a la cocina para decirte que había llegado bien a casa. Tu a veces dormías o estabas a punto de hacerlo... Y mi corazón sigue latiendo más deprisa que otros días, porque sabe que no podrá verte hasta pasadas las siete y media o las ocho de la tarde. Aunque todavía quede algo de luz natural, en nuestra casa ya estarán bajadas las persianas y la luz artificial no restará un milímetro la belleza suprema que emanas. Un poco poético para darme cuenta de quien esta gobernando ahora mi cerebro que dicen a mis dedos qué es lo que tengo que escribir es una rebelión de torrente de sangre que pide que te vaya a ver ahora mismo. Que me olvide del trabajo, de la comida en casa de mis padres, de la compra en el Mercadona, de hablar en el lavabo con el móvil, de llegar cinco minutos antes al laboratorio, de salir del trabajo pensando en la piscina del gimnasio o de tener que verle la cara a los vecinos para abrir una libreta con 100 euros por vecino, y salga pitando de aquí para darte el beso más largo del mundo. Tenerte otra vez entre mis brazos y achucharnos durante toda la noche sin que nada nos moleste. Ni nuestro propio cuerpo que a veces incluso nos molesta. La sangre se amotina en mi cabeza y tengo que tomarme una aspirina para que vuelvan a sus lugares de origen y pueda seguir viviendo. Me cuesta respirar si sé que no voy a poder verte hasta tan tarde, aunque haya días que pase de largo de la fábrica y no me pare a darte el beso que te mereces. El beso más largo del mundo.

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