13/03/07
Nadie quiere creer en los días de mala suerte por el simple echo de que la combinación absurda de un número y un día de la semana sea tratada como fatal. Desde niños nos enseñan cosas que nos marcan el resto de la vida. “Uy, los martes y trece traen mala suerte”, nos dijeron de pequeños; vete tú a saber si nuestras madres, los profesores o algún amigo listillo que sabe antes que nadie que los Reyes Magos son los padres o que no existe Papa Noel. Siempre hay niños adelantados que nos fastidian los mejores años de nuestra vida. Pero esa creencia absurda que de una combinación de un número 13 y un martes traiga mala suerte se nos queda clavada en el cerebro y no hay quien nos la quite. Podemos crecer y decir: “Yo no creo en esas tonterías”, que sería mi postura ante estos días, pero yo, por si acaso, seguiré teniendo cuidado en no pisar más de la cuenta el acelerador, no vaya a ser que un martes y 13 tenga un accidente y toda esa seguridad con la que digo no creer en las supersticiones se truncan contra mí. Por eso si veo un gato negro que va a cruzar cuando voy con el coche, intento pasar antes o esquivarlo para que no lo haga; o si hay una escalera abierta en medio de la calle no paso por ella, mientras pienso: “Yo no creo en esas tonterías, pero bueno, no pasaré por si acaso”, o si se cae un poco de cava en la mesa un día de celebración, yo también me mojaré los dedos con ese cava y me lo pasaré por las orejas, por la cara o el cuello o por donde haga falta para comprobar eso que dicen que trae buena suerte y que te tocará la lotería o tendrás mucho dinero si haces eso. O si piso una caca de perro (cosa que hago bastante a menudo) en vez de cabrearme, también pienso que eso me traerá suerte en el futuro y que en vez de ser mala suerte que este esa caca en medio del camino para que yo la pise, estaba puesta allí a posta para que mi suerte mejorase…
Pero como soy de los que no creen en nada y al final acaban haciendo todas esas mismas cosas que el resto de los mortales, me doy rabia y dejo de creerme mis propias historias. Así que a partir de ahora solo creeré en lo único que me sirve en esta vida para vivir. O qué te crees que el escrito de hoy estaba solo dedicado a mí y a mi mala o buena suerte; pues no, princesa. Tú siempre eres la protagonista de este escrito y si hay algo de lo que estoy seguro es que el día que te conocí fue el día con más suerte de mi vida. Y que cada día que pasa sigue siendo un día afortunado para mí. No sé si poco antes de encontrarte en mi vida pisé muchas cacas de perro, o si se me cruzaron muchos gatos negros por delante cuando conducía mi Golf gris; o si pasé por debajo de alguna escalera abierta; o si se derramó mucho cava en la mesa de cualquier celebración, pero estoy convencido que soy el hombre más afortunado del mundo y que no hay día que no lo piense. Estar con la mujer más maravillosa no es solo cuestión de suerte y de haber pisado muchas cacas de perro, o eso espero. Y espero pasar muchos martes y trece junto a ti para demostrar que la buena suerte sigue de mi lado. De nuestro lado.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home