Wednesday, January 31, 2007

31/01/07

Pronto tu cuerpo será la envidia de las playas del Caribe. Una modelo de fama mundial se bajará las gafas de sol y te mirará con la envidia verde que corroe por dentro a las personas y le preguntará a sus asesoras: “¿Quién es esa nueva de ahí?”, dando a entender que eres una de sus contrincantes para modelo “Bikini del año” para no sé qué revista de moda y belleza de tirada internacional. Entonces, la asesora de la modelo de fama mundial le dirá que no tiene ni idea, pero que no sería mal negocio contratarte para ser su nuevo cuerpo en las pasarelas del mundo de la moda: París, Roma, Nueva York (como cantaba nuestro querido Erentxun) se rifarán por tenerte como maniquí que cierra las colecciones de los modistos más importantes: Valentino, Armani, Carolina Herrera, Carrefour Ropa...
Todos querrán salir en la foto junto a la nueva belleza del siglo XXI. La asesora de la modelo de fama mundial la dejará con la palabra en la boca y saldrá corriendo hasta nuestras hamacas para presentarse.
“Soy la directora de casting de la agencia de modelos más importante del mundo y quiero que seas nuestra imagen internacional para mostrar al mundo la perfección de tu cuerpo”, te dirá mirándome de vez en cuando hacia donde yo estaré tumbado, leyendo El País internacional y tú estarás leyendo un libro sobre la adopción de una niña china por parte de una pareja catalana. Le dirás que ahora mismo no estás interesada en viajar, porque el único viaje que te queda por hacer en la vida será hacia China y que guardas todas tus energías en llegar bien para que nuestra hija se sienta orgullosa de tener a la mamá más guapa del mundo. “No estoy interesada en otra cosa que no sea eso”, le dirás para rematarla finalmente.
La directora de la agencia de modelos se tirará de los pelos al perder la oportunidad de tener entre sus bellezas a la número 1. “No puedes pensártelo, te lloveran los contratos con las firmas más importantes del mundo de la moda”, te suplicará. “Lo siento, pero mi marido y yo estamos disfrutando de unos días de descanso en ésta isla y no queremos perder este momento mágico antes de la llegada de la que será nuestra primera hija. Lo siento”, y te levantarás de la hamaca lentamente para que todos los que van de guapos y guapas se queden con la boca abierta y admiren tu belleza. El tanga negro contoneándose al ritmo de los pasos de tus caderas perfectas. Y los pechos de tamaño perfecto tapados por un minúsculo bikini que volverá loco a todo el mundo cuando bajes un par de kilillos más. Luego, ya en la habitación del hotel, yo seré el ser más privilegiado de la tierra al poder quitarte el tanga negro y el bikini con la punta de mis dedos, mientras el resto del mundo se pierde la Belleza, yo le beso todo el cuerpo y me vuelvo loco antes de otro beso en el cuello que me darás después de desnudarte y hacerte el amor por tercera vez.

Tuesday, January 30, 2007

30/01/07

Ni tú misma sabes la fuerza que tienen tus ojos. Esa mirada que se mete dentro de mi cerebro y hace queme sienta pequeño y asustado. Una lágrima de tristeza en tus ojos y ya me puedo olvidar de dormir de un tirón. Puede que mi cuerpo consiga dejarse llevar, pero mi cerebro seguirá procesando esa mirada penetrante que me hace esconder la cabeza bajo tierra como el avestruz que quiso atacar al hermano de Earl.
Una lágrima tuya y un abrazo de disculpa cuando no has dicho nada. Ni siquiera me has dicho lo que piensas y ya lo sé. Si te sientes confundida, confusa, rara, con un peso de conciencia mayor del que marca la báscula eléctrica que tenemos debajo del mueble del lavabo. Esa que funciona a base de golpes suaves y que nunca nos dice que pesamos menos de un 8 seguido de otro número que no nos gusta. La conciencia te dice que el futuro sería otra cosa si lo vivieses con alguien que no fuera yo. ¡No sabes lo que te quiero! Te lo grito para que ahora te suenen los oídos el resto de la noche y te resuenen las cosas buenas que puedo tener. Serán pocas o casi ninguna, pero siempre habrá amor en mis gestos, en mis manos cuando te acarician (menos de lo que debería) y de esos besos que te doy por la mañana y saben a recién levantado y consiguen que esté pensando el resto del día en ti. Y la noche volverá a ser la batalla entre tu mirada y mi cerebro para que el avestruz que tengo se vuelva a su jaula y no asuste a nadie. Me volveré a girar hacia la luz apagada de mi mesilla de noche mientras lees mis escritos. Tus ojos se fijarán en un punto de la habitación y ese punto también se quedará enamorado de tu mirada. La fuerza de tu mirada hace que todos seamos el avestruz que mete su cabeza bajo tierra para no acabar metidos dentro de ti. Es el miedo de tener a la Belleza tan cerca, que te puede mirar directamente y hacer que el cerebro se reseque y deje de funcionar. Eso me pasa cada vez que me miras y una lágrima cae por tus mejillas, que la realidad se transforma y creo que soy un avestruz a punto de caer dentro de la energía de tus ojos, de tus maravillos e hipnotizantes ojos azules.

Monday, January 29, 2007

29/01/07

Hoy te hubiese contado un cuento sobre una princesa de ojos azules que se quedaba dormida cada cinco minutos mirando la segunda parte de una serie sobre desastres naturales que sobrepasan los límites de la realidad. O te hubiese contado la historia de la primera chica que ganó un premio de cine sin haber hecho ninguna película; sentada al lado de cualquiera de esas actrices que necesitan quilos de maquillaje para parecer guapa; esa chica serías tú y estarías nominada a la mejor actriz por una vida de película que te mereces vivir cada vez más feliz. Hubieses salido al estrado del teatro sin que nadie pudiese cerrar la boca al admirar tanta belleza iluminando el escenario. “¿Pero esta maravilla, qué película ha hecho?”, se preguntarían todos los directores, productores y galanes del cine español y pronto del cine de Hollywood. Porque una vez que hubieses ganado el premio aquí en España, estarías automáticamente nominada para los premios de allí (que me cuesta escribirlo, pero son los Oscar, sin acento). También te llevarías ese Oscar (sin acento) como la mujer más maravillosa, y yo estaría viéndolo en nuestra cama, orgulloso de estar casado con la mujer más maravillosa del universo. O quizás te hubiese contado que mis padres están muy contentos de nosotros y de que nos vaya bien, y que le vayamos a pagar esa segunda luna de miel a Madrid; todos los hermanos y tú, que eres igual de importante para ellos en la familia. O te hubiese contado que mi madre nos ha preparado un montón de croquetas porque sabe “lo mucho que le gusta a la Gemma”. O que mi abuela, al ver que me iba a trabajar, ha salido rápida con la escoba en la mano (no es que sea una bruja, eh), y me ha dado “muchos recuerdos a la Gemma, a ver si viene pronto…”, sabiendo lo mucho que la quieres y lo mucho que ella te quiere a ti. O te hubiese contado que las tardes sin ver tus ojos no son tardes; ni que las noches sin dormir a tu lado no merecen ser vividas. Te hubiese contado muchas de éstas cosas, pero estoy un poco triste y me quiero concentrar en quererte. No quiero que nada me estorbe ni un segundo para demostrarte que valdrá la pena seguir el resto de la vida junto a un tipo como yo. Que aunque no sea nada de lo mucho importante que parecen ser otros, yo soy la persona idónea para alguien tan maravilloso como tu. Que aunque a veces me equivoque y no me acuerde de comprarte el pan o las natillas de chocolate, o no te compre cualquier regalito que tanto te mereces, vale la pena seguir casada conmigo. Te hubiese contado muchas de esas cosas, pero solo quiero que sepas una: que te quiero y voy a luchar el resto de mi vida para estar siempre a tu lado, mi princesa de ojos azules.

Friday, January 26, 2007

26/01/07

Los acentos en las palabras, los nombres y las ciudades marcan la inclinación que debe tener tu voz al decir el nombre de tu amado. Como mi nombre nunca tuvo un acento adecuado y hay otros nombres que si lo tiene, quiero cambiar mi nombre por otro que tenga el acento más sonoro del mundo. Voy al registro para que una funcionaria horrorosa me tome las huellas de mis dedos, de todos, y los ponga en un papel blanco que ahora parece dibujado por las olas del mar que son mis dedos. Le digo que me quiero cambiar de nombre para que mi mujer me llame con acento fuerte en todas las sílabas. La mujer no me entiende y me mira por encima de sus gafas horteras como si fuera un bicho raro. Me pregunta qué nombre quiero llevar a partir de ahora, y le digo que el mismo, pero con acento abierto en la primera A. “Su nombre es demasiado corto para llevar acento”, me responde con nerviosismo. “Me da igual, a mi mujer le gustan los nombres con acento y yo quiero uno para mí”. La funcionaria se quita las gafas y las deja encima de una mesa antigua llena de papeles que no sirven para nada. Habla en voz baja diciendo que esas tonterías de enamorados ya no se llevan. “Mi amor por mi mujer es eterno, y si a ella le gustan los nombres con acento, yo me pongo acento en mi nombre y punto”, saco mi yo más guerrillero y me atrinchero detrás de la mesa con una grapadora como arma y cojo a la funcionaria por el cuello. No es una situación que buscaba, pero la mujer me ha puesto muy nervioso con su movimiento constante de gafas, con sus cuchicheos estúpidos y yo solo quiero ponerle un acento abierto a mi nombre para que mi mujer me llame con más ganas. Llegan los servicios de seguridad y reconozco a la chica que va vestida de agente de seguridad. Es la misma que salió el otro día en un reportaje por la televisión diciendo que quería ser agente de seguridad. “Menudo primer día de trabajo me espera”, le oigo decir. Yo sigo atrincherado con la funcionaria cogida del cuello y apuntando a su cuello con una de esas grapadoras gigantes que grapan hasta doscientas hojas juntas. Le digo que me lleve hasta los formularios de cambio de nombre y que rellene el mío con carácter de urgencia. Me pide el número del DNI, el nombre antiguo y el que me quiero poner. Le digo que quiero que se vea muy clarito que la A de mi nombre lleve acento abierto. “Qué coño es acento abierto”, me pregunta con lágrimas en los ojos. “Acento abierto, acento abierto…”, le repito yo mordiéndome la lengua para no disparar la primera grapa sobre su cuello. El director del centro me dice que todo esta controlado, que puedo marcharme. El también tuvo problemas con su nombre y quiso cambiarlo por uno por acento. Me mira fijamente y asiente con la cabeza. “Otro amor platónico con acento que se inmiscuye entre su mujer y usted. A mí me pasó lo mismo. Me cambié el nombre por uno más bonito y ahora mi mujer me adora y ha olvidado a ese amor de adolescencia. Yo soy el hombre de su vida gracias a mi nuevo nombre”, mientras me lo va diciendo yo voy soltando el cuello de la funcionaria y cojo mi papel sellado con la validez de mi nuevo nombre con acento abierto. “Me llamo SÁM, llevo acento abierto en la A y te quiero cada día más”.

Thursday, January 25, 2007

25/01/07

Desde la primera vez que entre en nuestra casa sabía que ahí iba a pasar los mejores años de mi vida. Ni siquiera me planteé cuántos iban a ser, porque tenía claro que de la única manera que saldría de allí sería porque nos fuésemos a cambiar a otra casa más grande o con los pies por delante. He vivido muchos momentos que jamás olvidaré; excelentes, buenos, regulares y alguno malo. El peor se me quedó grabado aquella tarde que volví a casa después de pasar la noche en el laboratorio. La casa estaba como siempre, pero mi cabeza estaba a punto de estallar. Incluso Brus me saludaba como si no pasase nada. Recorrí las habitaciones de la casa con un agujero en el alma. Sabía que me había equivocado, pero también sabía que era contigo con quien quería estar el resto de mi vida. La mezcla de pena y esperanza se hacían un nudo en mi estómago. Llevaba casi un día sin comer nada más que una manzana y beber agua para no deshidratarme. Recogí algo de ropa y me dispuse a volver a ningún sitio. Cogí el coche y deambulé como un sonámbulo esperando que la pesadilla desapareciese. No tenía nada más claro entonces que eras tú con quién quería vivir el resto de mi vida. Luego me llamaste al móvil y me diste a entender que teníamos que hablar. Mis lágrimas brotaban como un chorro de agua de una fuente de parque. No podía dejar de llorar. Conducía con los ojos enrojecidos de rabia. Cómo pude esconderte algo así. Sé que estoy hurgando heridas que deben cicatrizarse pronto, pero ahora sé lo que tú podías sentir al saber que me escribía con alguien que no eras tú. Pasé el peor día de mi vida y volví a casa escuchando tu voz, diciéndole a Brus que me fuese a saludar en medio de la escalera. Ese fue un momento de esperanza y de ilusión. Después de la equivocación podía volver a tener la esperanza de estar nuevamente contigo, en nuestra casa. Nos besamos y te pedí mil veces perdón. Era un momento que ahora recuerdo como bueno, porque las reconciliaciones siempre son buenas, pero entonces mi alma seguía con un agujero que iba a ser difícil de cerrar. Me prometí que jamás volvería a separarme de tu lado. Me esforzaría por seguir haciéndote feliz de la mejor manera que sé. Quería estar en nuestra casa y seguir recogiendo buenos recuerdos. Solo buenos recuerdos. Como ayer por la tarde. Un abrazo escuchando una canción sin separarnos un milímetro. Sabía que estabas llorando y que quizás no eran lágrimas buenas para mí, pero volví a sentir más fuerte que nunca que debía estar unido a ti el resto de mi vida. Solo con buenos recuerdos. En nuestra casa. En la casa de mi vida

Wednesday, January 24, 2007

24/01/07

Ayer buscaba una fotografía en la que me viese guapo y arrebatador para ti. No tenía muchas opciones, porque la única que tengo al alcance de la mano es la que esta apoyada en el mueble del comedor y no estoy demasiado favorecido. Feo, medio calvo y con la mano floja como si fuera lo que no soy. Me miraba y no llegaba a reconocerme. Es difícil reconocerse en las fotografías propias cuando al mirarte al espejo pones esa cara de italiano que solo tú has desenmascarado en mí. Por eso no me reconozco en las fotografías; porque al mirarme al espejo suplanto mi verdadera cara y me pongo todo lo interesante que puedo y hago que luego no vea reflejado en mis fotografías. Contigo eso no pasa. Tú eres bella igual en fotografías que en la realidad. Al verte desde cerca, mientras pasabas las fotografías que te habías echo mientras yo iba cogiendo ese aroma a pollo frito tan característico de mis clases de cocina, comprobaba lo guapa que es mi mujer. Te miraba con media sonrisa y sintiendo el orgullo de dormir cada noche con la mujer más bella del universo. No importa si es una fotografía en pijama, sentada en el sofá, si te las haces tú misma o si es un profesional; maquillada o al natural. Siempre te ves bella, enigmática, increíble. Maravillosa. Entonces pensé en la fotografía desde el acantilado irlandés que te dejé encima de la mesa del comedor. No supe poner la cara de italiano impostado en la que me creo más guapo de lo que realmente soy, y pensé en todas esas supuestas bellezas que tienen que sacar los labios como si fuesen a besar a un sapo encantado y no se dan cuenta del ridículo que hacen. El mismo que hago yo sin ti. Mi cara se puede transformar si me miro en un espejo y transformo mi cara, pero al volver a ponerla en su sitio, volveré a ser el feo, medio calvo y sin ninguna cualidad especial que sale en esa fotografía desde el acantilado de Irlanda. A ti no hace falta inventar ninguna cara de modelo petarda. Tu miras el objetivo, abres un milímetro tus enormes ojos azules y la realidad se queda pequeña. Eres la Belleza retratada y guardada en nuestro ordenador personal. Luego llega el momento de admirarte en directo y es cuando mi corazón se acelera. Intento poner cara de italiano para sorprenderte y volverte (o hacerlo por primera vez) enamorar, y tú te burlas cariñosamente de mí, diciéndome que “deje de poner esa cara de italiano tonto”. Me has vuelto a pillar, pero delante de La Belleza del Universo tengo que intentar estar a la altura más alta posible. De momento, las fotografías especiales las dejaré solo para ti, sin poner cara de italiano y me dedicaré a decirte cada día lo mucho que te quiero, Belleza Mía.

Tuesday, January 23, 2007

23/01/07

Parece que mi vida se rodea de fantasmas pasados con la cara de tus amores platónicos. Me gusta una serie en la que el protagonista es casi clavado a la fotografía reciente de tu primer amor; y además, te escribes por Internet con ese amor platónico con el que solo cruzaste una “hola y adiós”, por haber metido yo las narices en las redes estúpidas de los correos electrónicos indebidos. Ya no queda ni un microsegundo de memoria de lo que escribí a alguien que nunca significó nada, pero ahora sé lo que pudiste sentir tú al leer las cosas que le escribía. Además, yo cuento con la ventaja de que tú eres la persona más maravillosa del mundo y que me quieres un poquito, lo suficiente como para decirle que “en mayo hará seis años que estás casada”. Con esa frase conseguiste que mis testículos bajasen a su nivel normal. No puedo negarte que no tengo miedo al saber que te puedes estar ilusionando con alguien nuevo. La novedad mata las relaciones. Mira sino lo que vimos anoche con ese marujeo de parejas que construyen una casa que al final se quedarán un mariquita gordo y otro con pinta de “Hombre de Paco”; la novedad de la rubia le atrajo al chico con pinta de duro que se deshace ante cualquier culo que no sea el de su novia de los últimos tres años y medio. Yo no quiero que a ti te pase eso; que la novedad te acabe picando tanto que decidas ir más allá con ese amor platónico del pasado. Sé desde que te vi por primera vez en el “Amen Corner” que eras la mujer de mi vida. Nunca había tenido nada tan claro en la vida. Luego he fallado algunas veces y me he equivocado en algunas cosas que he hecho, pero ya nada me puede hacer perder el norte de mis sentimientos hacia ti. “Eres tú, la chica con quien tanto soñé...”, te lo cantaría y te abrazaría cada minuto del resto de mi vida para que lo tuvieses claro. Ojalá quede una amistad con ese chico y no te pique más la curiosidad. Yo te prometo que no vas a arrepentirte de haberle dicho que estás casada (felizmente voy a conseguir que lo acabes diciendo algún día) y no tengas que buscar en otro todo lo que yo puedo darte.
En cuanto al parecido razonable de Earl, espero que no sea tan desastre como el de la serie el futuro de tu primer amor, porque si no lo va a llevar mal en la vida. Un te quiero sincero de tu marido orgulloso de estar con la mujer más maravillosa, sincera e increíble del mundo. Eres única y no dejaré de quererte nunca.

Monday, January 22, 2007

22/01/07

Si todavía no te he besado 300 veces alrededor de tu cuerpo, te debo un masaje provocativo y un beso de tornillo que dure más de dos minutos. No sé vale sacar la lengua de mi boca, ni que yo me vuelva a quedar dormido como un triste viejo sin Viagra que se pierde los mejores años de su vida durmiendo como un lirón. Ya lo dijo Dalí: “Dormir no se ha hecho para los genios”, y entonces cogía una taza de café con su cuchara de plata, se sentaba delante del cuadro que estuviese pintando y sostenía la taza de café vacía con su platito debajo y elevaba la cucharilla de plata cuando notaba que el sueño le vencía. Justo en el momento de que llegaba el dios pérfido de los sueños y le cerraba los ojos, hacía también que la mano que sostenía la cucharilla de plata cayese sobre la taza de café y se despertaba al instante. En casa hay solo un genio y no soy yo. A Brus no lo contamos porque se duerme con la misma facilidad que pide su patito de goma para jugar, con lo cual el genio eres tú. Me tendré que llevar a la cama una juego de café para intentar imitar al genio Dalí. Tu solo me pides que te demuestre que te quiero: “Con lo fácil que es, mi vida”, te diría ahora mismo, pero el sueño me vence y me caigo rendido a los pies del edredón chino que nos arropa. Pero esta noche (quizás ya haya sucedido), el sueño no me vencerá tan fácilmente y seré un pirata sin pata de palo que tiene manos de seda para acariciarte lentamente tu espalda, besar cada rincón de tu cuerpo y elevar al nivel más alto de excitación cada susurro tierno que te diga al oído. No harán falta masajes milagrosos que necesitan los desesperados maridos con mujeres estrechas e insatisfechas. Yo tengo la mujer más maravillosa, la más bella, la que puede generar que las notas después de cada beso tuyo sean de diez para arriba. No necesito más que mantener mis ojos abiertos y admirar tu belleza. Acariciar tu espalda, dejar que tus ojos se cierren (sin dormirte) y hacerte volar hasta otro 8, un nuevo o quizás que por fin llegues conmigo a la perfección del 10. Te debo 300 millones de besos que empiezan a contar hoy mismo. Cuando me falten pocos para terminar ya seremos demasiado viejos para buscar otros labios que nos besen. Te prometo que si te quedas conmigo, no voy a volverte a decepcionar...ni a dormirme antes de hora.

Friday, January 19, 2007

19/01/07

Esbozas una sonrisa y el mundo se abre a la magia. Tus ojos se alinean con un hilo rojo invisible que cada vez toma más cuerpo y termina en el vientre de una madre generosa que nos dará una niña. Quizás ayer, mientras tú te reías de mi forma payasa de soplarte la respuesta correcta a una pregunta sobre una ciudad española que empezaba por (acuérdate ahora de mi boca intentando deletrear Coooor- dooo – baaa; un guiño de sonrisa otra vez, espero); lo que te decía, que quizás anoche, mientras tú te reías de mi forma peculiar de decir Córdoba, una madre generosa en nuestra China amiga, se tocaba la barriga y sonreía también porque sabía que, aunque ella no podría cuidar a su hija por una situación penosa en su familia, dejaría a su hija recién nacida en un lugar a salvo de pobreza y maldades, sabiendo que la recogerían y la cuidarían en un orfanato de la zona para que, una vez pasado el tiempo pesado de la asignación a una familia buena, tendrían a su hija bien cuidada y sería feliz. Esa madre que en el mismo momento en que tu te reías de mi forma de decir Córdoba se tocaba la barriga, notaba que alguien bueno, una buena familia se haría cargo de su hija. “Ahora sé, pequeña mía, que serás feliz con la familia que te va a tocar. La familia que te va a cuidar todo lo bien que te mereces y yo no puedo hacerlo. Serás feliz con esa madre que ahora se ríe de felicidad y que espera la llegada de una pequeña luz como tú a sus brazos”, pensaría la madre de nuestra hija en ese momento. (Bueno, todo eso que te he escrito pero pensado en chino, lo que pasa es que yo ya te hago la traducción simultánea para que te cueste menos de entender). Y cada vez que tu sonrías ella se tocará la barriga notando que ese hilo rojo invisible se aprieta cada vez más fuerte. Tienes que seguir sonriendo cada vez que pienses en nuestra pequeña chinita, porque en la barriga de su madre notará que la pequeña será feliz con nosotros.
Me encanta verte sonreír. Reírte con todas tus fuerzas y que luego me digas que te duele la barriga de tanto reírte. Me encanta que te rías conmigo. Una sonrisa tuya será un paso más hacia la llegada de nuestra hija. Esta tarde volvemos a jugar al Trivial y cada vez que tengas que responder a una pregunta sobre una ciudad española o del mundo, yo te la deletrearé para que te rías como ayer. Entonces, la mano de la madre de nuestra hija tocará su barriga y también sonreirá. “Qué feliz será mi pequeña chinita”.

Thursday, January 18, 2007

18/01/07

Cada día que pasa me confirmas más que formamos el mejor equipo. Tú eres el cerebro, la inteligencia, la simpatía, la dama, la torre, el alfil...y yo soy el peón que te acompaña y disfruta cada segundo que vive a tu lado. Me gusta cuando estamos cada uno haciendo algo productivo en casa. Tu pelando las patatas mientras yo hago mis ejercicios de rehabilitación para la espalda y poder abrazarte fuerte. O cuando tú pones los pimientos y las berenjenas en el horno mientras yo compruebo si el Emule esta conectado y siguen bajando nuestras películas y series. O si se te ocurre una tarde ponerte a planchar mientras yo paseo al Brus, poco, porque mi lesión de atleta fracasado ya no me permite hacer esos paseos de media hora por todo el barrio. O los días que pones la lavadora, separando la ropa negra de la blanca, los calzoncillos y los calcetines sudados con las cunitas vomitadas del Brus, mientras yo hago zapping por los canales de Imagenio para volver a ver un capítulo repetido de Padre de Familia. También me gusta cuando tu pones la mesa, bien ordenada, con su cuchillo, su plato o su vaso en su sitio, mientras yo me afeito para estar más guapo para ti. O las veces que te pones a ordenar papeles mientras ves tus series y yo juego con el Brus por el pasillo tirándole el pato de goma, haciendo un poquito de ruido. O los días que tú doblas la ropa de todos encima de la mesa, a la vez que yo leo las cuatro últimas páginas del periódico del domingo y te cuento que en Estados Unidos una chica de catorce años se ha muerto por culpa de un concurso de radio, en donde ganaba quien más aguantaba bebiendo agua sin hacer pis (esto te lo cuento ahora, porque me acabo de enterar y me parece “super fuerte, tía”). O cuando ayer tu ordenabas la nevera como si fuera una pantalla del Tetris mientras yo veía el primer capítulo de la Tercera Temporada de Anatomía de Grey...
Lo dicho, formamos el equipo perfecto, y estoy seguro que cuando llegue la niña yo seguiré colaborando de la mejor manera que sé: Haré que seamos la familia más feliz de la Tierra; y aunque parezca que yo no hago tantas cosas como tú, puedes estar segura que este peón que te escribe cada día, no dejará de hacerlo nunca y que estaré a tu lado siempre que tú quieras. Yo quiero estar siempre a tu lado, mi dama blanca de ajedrez.

Wednesday, January 17, 2007

17/01/07

Desde la locura se entiende cualquier situación, por muy rara que sea. Debemos estar locos de deseos de abrazar a nuestra pequeña chinita, porque a mí no me pareció nada raro lo que hiciste anoche. Que le dieses un beso a la muñequita que representa a nuestra futura niña chinita, podría verse como un acto de una madre desesperada por abrazar a la hija que se merece. A la mejor. Yo te miré con ojos de papá embobado y no vi a una muñeca que sustituyera a nuestra hija. Casi pude ver el momento futuro (que espero sea más pronto que tarde, porque yo si que estoy loco por ver a mi niña) de que cada noche irás a la cama de nuestra hija a darle las buenas noches y contarle todos los cuentos de princesas chinas que viajan en avión a conocer a sus padres en la otra punta del mundo. El cariño que demostraste en ese segundo de tiempo en que invadí tu intimidad y le robaste un beso a la muñeca de nuestra futura chinita, ya me sirvió para ver y confirmar todas las certezas que tengo desde que te conocí: que serás la mejor madre del mundo. Además, ninguno de los dos se sonrojó por hacer nada malo. “¿Qué hay de malo en darle un beso cariñoso a una muñequita que representa tanto para los dos?”, deberíamos preguntarnos. Jugar a ser mamás es uno de los juegos preferidos de las niñas de todo el mundo. Y hasta los niños alguna vez también juegan a ser padres, sin darse cuenta, cuando cogen sus muñecos de guerreros forzudos y les hablan con la sabiduría que da el saber qué va a suceder en el combate que van a librar con las fuerzas del mal, representados por los muñecos feos que hacen de malos en nuestra niñez. Regresar a la niñez a punto de cumplir los 33. ¡Qué importa! Yo no quiero dejar de ser un niño, de ser el padre de unos muñecos orgullosos de su padre por darle los mejores consejos, por saberlos llevar por el camino correcto. O ser una buena madre y darle todo el cariño que necesita. De esa forma tan dulce como tú anoche le dabas un beso a una muñeca, y seguramente le dirías algo al oído, para que se relajase y durmiese bien: “No te preocupes mi amor, que voy a estar a tu lado hasta que te duermas”, te veo decirle a nuestra hija en un futuro. Entonces te volveré a mirar desde la puerta de la habitación y miraré la mejor fotografía, la que estoy deseando ver desde hace mucho tiempo. La mejor madre del mundo dándole un beso de buenas noches a mi hija. A nuestra querida chinita.

Tuesday, January 16, 2007

16/01/07

Se ha vuelto a quedar todo a oscuras. El laboratorio es un agujero gris con puertas metálicas que no dejan escapar a ningún ser vivo. Una lámpara con pie redondo y metálico es la única fuente de energía que tengo dentro de este agujero gris. Una llamada a mi móvil que no soy capaz de atender. La cuelgo antes de que sepa quién me llama. Solo deseo que esa llamada sea tuya, pero otro lado tampoco me gustaría haberte colgado por error. Te llamo y nadie contesta. La oscuridad cada vez se hace más visible a mis ojos. Ya empiezo a distinguir las puertas, las sillas mal colocadas en mitad del camino. Vuelvo a intentar ponerme en contacto contigo pero tu voz no me llega. Estoy metido en un cuento de terror del que soy incapaz de salir.
Todos los compañeros se van corriendo del agujero gris y me dicen que soy yo el encargado de las llaves. Mi cabeza esta aturdida. Consigo hablar con tu número de teléfono, pero me sale la voz de un hombre que no conozco. “Soy yo, tu marido”, me contesta esa voz desconocida. Me quedo parado y cuelgo. Miro la pantalla de mi teléfono móvil y pone tu nombre. No soy capaz de marcar otra vez el botón de rellamada. Las puertas del laboratorio se cierran. Oigo el sonido metálico de cada una de las pesadas puertas que conforman este agujero. Mi tobillo izquierdo sigue empantanado dentro de mi pie. Intento correr para salir de esta oscuridad, pero mi cuerpo no responde. Escucho gritos que vienen de fuera. Mis compañeros intentan regresar dentro del laboratorio, pero una fuerza desconocida parece arrastrarlos hacia fuera. Los animales se mueven dentro de sus jaulas y las ratas y ratones empiezan a chillar. Es ese chillido idéntico al que emiten cuando probamos algún medicamento caducado, pero lo que me asusta es que nadie las está tocando. Los conejos se mueven dentro de sus jaulas y empiezan a salir de su encierro. Oigo sus patas sobre el suelo gris corriendo para liberarse de meses de cautiverio. Mi cuerpo sigue detenido en un punto inexacto del laboratorio. Todo sigue oscuro. No puedo chillar, ni mover un centímetro mi cuerpo. Vuelvo a llamar a tu móvil, pero nadie contesta. Lo dejo eternamente comunicando con tu número y ni siquiera salta la voz aburrida de la operadora de Telefónica anunciándome que el teléfono esta fuera de cobertura o esta apagado. Tiemblo. Intento escribir las últimas palabras por si el mundo se ha terminado para mí, pero en ese mismo instante vuelve la luz al agujero gris, que milagrosamente esta decorado como un magnífico piso moderno con sofás cómodos, camas de agua y luces de colores. Me siento en un sofá de piel blanca que hay justo detrás de mi y cierro los ojos. Todo lo que veo con los ojos cerrados es para mi.

Monday, January 15, 2007

15/01/07

Anoche no sabía si disimular enfado o abrazarte hasta que te fundieras conmigo. Estaba más enfadado conmigo mismo que contigo. Y eso no quiere decir que me guste que le escribas al amor platónico de tu adolescencia. Lo que pasa es que yo nunca tuve que escribir a nadie que no me importa tanto como tu. Nadie me importa en esta vida, excepto tú, el Brus y la chinita que venga dentro de un año a llenar de alegría nuestra casa. Y siento decirlo así, pero cada vez más noto que mi familia es esta. Tú, mi mujer, la belleza, inteligencia, simpatía personificada en la persona más maravillosa que conoceré jamás. Nuestro Brus vomitador de lunes con resaca de comilonas con salsa de los fines de semana y nuestra chinita que ahora está representada por esa muñeca tan bonita que se sienta encima de nuestra cama cada mañana. El resto de la familia ya es un poco menos familia para mí. Y te lo digo con algo de pena, porque no me resulta fácil decir que me agobia ir a casa de mis padres, pero es verdad. Cada vez me cuesta más estar allí. No me encuentro a gusto, me siento fuera de lugar. Yo quiero estar a tu lado y comer contigo, mirarte, escuchar tu voz. No tengo ganas de escuchar según qué cosas me cuentan en casa de mis padres; que si las aventuras de mi padre con el camión estando de baja; que si mi abuela es un poco pesada, que si mi madre no entiende lo que le explico y me pregunta lo mismo cinco minutos después; que si mi hermana tiene problemas con el trabajo o si mi hermano se va al País Vasco con una amiga que es solo amiga pero que tiene derecho a algo más. No me mal interpretes, pero a mi los problemas que de verdad me importan son los tuyos, los nuestros. Que si nuestro expediente está ya en Pekín, si el Brus a vomitado en la alfombra y has tenido que recogerlo; ver cuándo tenemos que ir a pagar el recibo de la luz o del gas; que si ha bajado otra película para ver el fin de semana los dos, atiborrándonos de palomitas y dejando la casa llena de un olor a cine que me gusta. Mi familia esta aquí, en nuestra casa que pronto se llenará de más vida y alegría. De momento, escucharé los problemas de mi otra familia y los escucharé, les ayudaré o aconsejaré, hasta sonreiré cada vez que vaya a visitarlos, sabiendo que mi verdadera familia esta junto a ti. Te quiero futura mamá.

Saturday, January 13, 2007

13/01/07

Y aquí me tienes, en este laboratorio vacío, un sábado de rebajas que huele a reactivos usados, muestras por analizar y aguas para diálisis que harán que orinen a la fuerza personas desesperadas que no pueden hacerlo por sí mismas. Sentado en la misma silla de cuero negro que me lleva acompañando desde que entré en este trabajo, hace tanto tiempo que ya ni me acuerdo, cuando ya no era un niño y todavía no llego a ser ese hombre feliz que ahora se toca el tobillo izquierdo lleno de hielo compacto para frenar un hinchazón que me durará demasiado para mis pretensiones atléticas de futuro corredor de maratones que solo me llevan a tu corazón. Cuelgo el móvil después de hablar contigo. Es la única llamada que espero para el resto del día. A no ser que me vuelvas a llamar desde cualquier lugar del mercado de Mataró para decirme que has encontrado algo para mí que “seguro te va a gustar”. Siempre encuentras alguna cosa para mí; vayas donde vayas siempre te acuerdas de tu marido y eso me hace sentirme cada día más el hombre más afortunado de la Tierra. Voy cojeando de una parte a otra de este laboratorio que me conozco como la palma de mi mano mientras escucho las canciones aleatorias que van sonando en mi Ipod (otro regalo tuyo, otra sonrisa para mí). Después ojearé las revistas que me compraste ayer. Ya te veo rebuscando en las secciones de “Deportes” y “Literatura” del kiosco de Cardedeu para encontrar algo “para mi marido”, seguro que le dijiste algo así a tu madre o a la dependienta, porque como ya te conté ayer, tu siempre te ganas al resto del mundo con tu simpatía y a mí me tienes perdidamente atrapado. Un sábado liado en este laboratorio que se llena de tu aroma y deja fuera cualquier resto de reactivo, muestra o agua para analizar. El abrazo de esta mañana ha tenido el mejor efecto posible. Soy feliz, y todo es gracias a ti.

Friday, January 12, 2007

12/01/07

Ya ni siquiera me importa ir a comprar de rebajas contigo. Ya no pongo caras, ni me molesta pasear por centros comerciales, si estoy a tu lado. Ayer lo pensaba: “Si estoy cojeando, desanimado y triste por no poder caminar bien; ¿por qué sonrío cada vez que ella se asoma entre los percheros de la ropa de distintos diseñadores enseñándome una camiseta que le queda perfecta o girándose para que vea lo bien que le sientan unos pantalones que dentro de dos días le irán grandes?”, lo pienso y sé que la respuesta es fácil: Estoy feliz de estar a tu lado. De seguir estando cerca de la persona más importante de mi vida. Ya sé que te suena a la misma frase de siempre, pero mientras la escribo sé que es la verdad más Absoluta que he sentido y escrito nunca. Mi vida contigo es mejor de lo que me merezco. Tengo todo lo que una persona necesita y lo más importante; tengo a la persona que es la perfección ideal para vivirla feliz hasta el último de mis días. Te cuento los momentos de ayer.
Allí estabas tú, en el primer momento de ayer que me animaron en mi estado de cojera idéntica a House. Me senté en un sofá cómodo y te buscaba alargando el cuello como una jirafa para ver el polo de manga larga con la americana moderna que no quisieron los modistas hacer a una talla decente, para ti. Veía cómo hablabas con tu madre, cómo le sonreías a la dependiente (tú siempre sabiendo estar y ganándote a la gente con tu simpatía y diplomacia). Todas las dependientas quieren servirte, porque saben que no saldrá una mala palabra de tu boca, que le doblarás la camiseta que, incluso si tú no te has puesto, está mal colocada sobre las estanterías de las tiendas. “Con clientas así, es un lujo trabajar”, pensarán todas las dependientas que se cruzan contigo. Y luego está tu manera de tratar a la gente. Disfruto como un enano (¿por qué se dice “disfrutar como un enano”? ¿realmente es divertido ser enano?), cuando te veo sonreír con las dependientas, cuando le pides otra talla y te dicen que ya no les quedan tallas normales (sugiero que las niñas de tallas XS deberían tener tiendas de bebé para comprar su ropa y dejar tallas normales para gente normal), y les dices que “no importa, no se preocupe” con una sonrisa que agradecen, porque el mal humor se debe dejar en casa y tú sabes ganarte a todo el mundo por tu simpatía.
El segundo momento de ayer fue especial. Te miraba desde la ventana del lavabo de casa viendo cómo paseabas a nuestro Brus. Todo el parque para vosotros dos y yo de testigo de excepción. La elegancia al pasear un perro no se había demostrado antes de verte hacerlo a ti. Ya pueden haber millones de personas paseando a perros en todo el mundo, que no habrá ninguna que lo haga con la elegancia, belleza y saber hacer cómo tu. Tenía que haber echo cientos de fotografías para dejar constancia de ese instante mágica. Las dos personas más importantes (de momento) de mi vida, paseando por el parque, que dentro de 14 meses será el centro de juegos de nuestra pequeña alegría de Oriente. Dos momentos inolvidables que hicieron que mi cojera fuese menos traumática de lo que pudiera haber sido. Gracias por darme tanto. Eres la primera razón de mi vida.

Thursday, January 11, 2007

11/01/07

Imagínate que un día me acompañas al médico y la enfermera me hace desnudarme. “Entra en el lavabo, te quitas la ropa y te pones este batín azul casi transparente sobre el cuerpo y te tumbas ahí”, me dice una enfermera resultona, con escote a punto de explotar y labios a un paso de ser los de Angelina Jolie. Me despeloto con nerviosismo, me pongo la bata esa que no sirve para nada y me tumbo en una cama de cuero negro y papeles finísimos que hacen de sábana. Tú, por supuesto, estás sentada a mi lado. Me alargas la mano y la acaricias con mimo. Me dices que todo va a ir bien, que no me preocupe. La enfermera resultona se acerca hasta mi posición y me pregunta intimidades que soy incapaz de responder. Me pongo rojo y te miro pidiéndote desesperadamente ayuda. Tu contestas lo que puedes, pero no sabes decir cuándo tuve mi primera relación sexual, o cuánto mide mi miembro en estado de descanso. “Son preguntas rutinarias, no te preocupes, no pasa nada”, nos dice la enfermera resultona. Una vez que ha terminado de hacerme (nos) esas preguntas, entra una doctora, madurita pero también resultona, que resulta ser la sustituta del urólogo de toda la vida que no ha podido venir “porque esta enfermo y tengo que ser yo quién te haga la revisión anual de tu estado y de tu aparato reproductor”. La enfermera y la doctora resultonas se acercan a mí. Una empieza a tocarme la cabeza (ya con menos pelos, porque esto pasaría en un futuro, espero que tan lejano que no tenga que vivirlo), me acarician el pelo y me tocan el cuello, bajan hasta mi pecho peludo y me empiezan a tocar los pezones, rodeándolos ligeramente hasta que se me ponen duros. La enfermera saca un cronómetro y apunto que he tardado menos de un minuto en tener los pezones erectos. Tú me miras seria y yo sonrío con cara estúpida. Entonces llega el final apoteósico. La doctora madura y resultona me toca mi miembro para ver si tengo alguna malformación externa, comprueba el color, el tacto, hasta el olor. La enfermera sigue apuntando todo lo que le va diciendo: “Buen color, buen tacto, un poco pequeño pero juguetón...”, tú estás a punto de levantarte del sofá y darle un par de bofetadas a las dos, pero como estamos en el médico no dices nada y aguantas. Luego llega el peor final. “Para comprobar cómo está tu próstata tengo que meterte un momento el dedo por el ano...espero que no te importe”, nos dice la doctora mirándonos a los dos casi al unísono. Se pone unos guantes de látex, se pone un poco de vaselina en los dedos y...entonces yo me levanto con la bata azul a medio poner, me meto en el lavabo recojo mi ropa, te cojo la mano y salimos de allí pitando. “¡Hasta aquí podría llegar un sueño estúpido! Yo me quedo con mi mujer para toda la vida, y además, mi próstata de momento está en perfectas condiciones”. Salimos corriendo del médico y te doy un beso como los que te daba cuando éramos novios.

Wednesday, January 10, 2007

10/01/07

Todavía no te he contado que esta noche hemos dormido un rato con las manos entrelazadas. Tu mirabas hacia la cortina de la habitación (es tu lado favorito) y yo me acurrucaba con una sonrisa de satisfacción junto a tu cuerpo. La bolsa de agua que había comprado en una farmacia de la ciudad ya estaba fuera de la cama. Solo sirven mis pies para calentar los tuyos. No hay nada más efectivo que mis pies (espero que lo sean siempre). Pero lo que me ha hecho disfrutar durante unos minutos ha sido dormir con nuestras manos unidas. Bueno, más bien eras tú quien dormías y yo mantenía una posición un tanto incómoda hasta que me he dado cuenta que te habías quedado profundamente dormida. Al principio todo iba como las mejores noches durmiendo junto a ti: lucha de pies debajo del edredón, rozaduras de mis duricias a tus finos y delicados dedos, mi brazo izquierdo que no sabía dónde colocarse y tu espalda contra mi pecho. En un momento de inspiración divina he conseguido entrelazar mis dedos a los tuyos. Mi mano derecha ha conseguido abrazar a tu mano derecha y se han quedado así, todavía despiertos, durante un rato. La postura de mi cuerpo era al principio la más cómoda del mundo, pero poco a poco he notado que tu te ibas durmiendo. Escuchaba tu respiración profunda y tu mano se agarraba fuerte a la mía sin quererse desprender. Mi cuerpo empezaba a necesitar un ligero movimiento, un centímetro nada más, pero no quería despertarte y fastidiar ese momento mágico. Mi mano derecha ha empezado a notar el hormigueo anterior a dormirse. Tu respiración era cada vez más profunda y ya tenía más que claro que estabas profundamente dormida. Mis piernas, cansadas de la carrera de más de una hora de la tarde, se habían quedado torcidas para no rasparte con mis duricias y el brazo izquierdo empezaba a necesitar un poco más de sangre para no cangrenarse y tener que amputarlo antes de tiempo. Pero era feliz. La mujer de mi vida se había quedado dormida con mi mano entrelazada a la suya. Mi cuerpo era un hormiguero sin control que estaba a punto de romperse, pero yo era feliz. Dormías tan plácidamente que era incapaz de moverme un centímetro. No quería despertarte, pero mi cuerpo necesitaba un espacio de libertad para no morir de felicidad. Al final, y muy a mi pesar, he podido sacar mi brazo izquierdo de la postura extraña en la que estaba, he conseguido mover mis piernas para que pudiesen moverse y he movido mi cuerpo ese centímetro que necesitaba para que mi sangre volviese a circular sin problemas. Las manos se han desenganchado las últimas. Ya no era feliz, porque no dormías con mis manos entrelazadas a las tuyas, pero al menos he podido seguir viviendo para contártelo. Esta noche más, pero intentaré mantener mi cuerpo en una postura más adecuada. Y si no, me da igual, ya que prefiero morir con tus manos entrelazadas que dormir plácidamente. Soy así.

Tuesday, January 09, 2007

09/01/07

Hoy es uno de esos días en los que me gustaría estar dentro de tu mente. Ahora, mientras escribo estas líneas que leerás quizás mañana ya, o esta noche antes de terminar con otro libro de adopciones junto a mí. La cama fría y mis pies buscando los tuyos. Si no los encuentro es cuando deseo más que nada en el mundo estar dentro de tu cabeza. Son asociaciones extrañas hasta para mí. Si no toco tus pies una noche, lo que quiero es estar la mañana siguiente en tu cabeza. No tocar tus pies una noche significa que algo va mal entre los dos. Aunque tú me digas que no pasa nada y que no piensas en nada, sé que tu cabeza no deja de pensar en una “y sí...”.
Espero que ese “y sí” no llegue nunca a confundirse contigo. Ya sabes lo que quiero decir: “Y si mi amor platónico de hace 13 años fuera el hombre de mi vida”. Esa frase, más o menos, rondará o estará rondando ahora por tu cabeza. Yo mientras me consumo entre cuatro paredes grises que cada vez más se me hacen más pesadas. Antes pensaba que mi trabajo era de esos de los que puedes alardear un poco. Ya sé que es estúpido alardear de un trabajo (ya que el único que puede alardear es el que no necesita trabajar para vivir), pero pensaba que trabajar en un laboratorio haciendo experimentos con animales sonaba como algo importante. Ahora sé que no lo es. Hay otros trabajos más importantes (ya lo tenía claro), pero lo que me importa es que los posibles “futuros hombres de tu vida” tienen trabajos que parecen gustarte más que el mío. Un fotógrafo de cine y cantante, un director de banco, un asesor inmobiliario... Y yo soy un simple técnico de laboratorio que prueba medicamentos que no hacen nada a nadie, a ratas más sanas y sin enfermedades que yo. Pero de eso no quería hablarte.
Lo que me duele es no poder acariciar tus pies por la noche, porque sé que esa falta de tacto de pies son pensamientos para la mañana que hacen que mi vida junto a ti se tambalee. No sé cómo decirte cada día lo importante que eres para mí. No sé cómo demostrártelo. Solo necesito tus pies cerca de los míos y no me hará falta desear estar en tu cabeza. Solo quiero estar siempre en tu corazón, de la misma manera que tú estás en el mío. Te quiero siempre.

Monday, January 08, 2007

08/01/07

Te volvería a dar todos los quesitos del Trivial Pursuit de ayer para verte tan segura y sentirme orgulloso de tu actitud. “Así me gusta mi amor, sin miedo a equivocarte”, te diría si estuvieses a mi lado. Ese era uno de tus miedos que debían irse de tu lado. ¿Miedo a equivocarte en un juego de preguntas en dónde no sabes cuántos países conforman Oceanía? Y a quién le importa cuántos países son en la otra punta del mundo o cómo se llamaba el último rey de Italia. Lo importante es participar, decir lo primero que se te ocurra (sin que sea un disparate fuera de lógica) y reírse. Ya viste que las personas que crees que son más cultas que tú (que no hay nadie que sea nada más que tú, por cierto), no saben muchas cosas que tú sí que sabes. Por eso me gustó mucho verte desinhibida tirando el dado y contando las casillas que te llevaban a una pregunta de Historia o de Literatura. Los que parecen saber más de las cosas también se equivocan y fallan preguntas fáciles. Tú sabes cosas que nadie sabe y sabes más de lo que tú te crees. Me encantó ver cómo desterrabas ese fantasma del miedo a equivocarte y me acuerdo de aquella noche que fuimos a cenar a casa de Jordi y Chus y no querías jugar al Trivial por miedo a fallar. ¿Te acuerdas? Creo que fue al principio de salir, una noche de sábado que me dijiste que lo querías dejar porque habías visto unas fotografías mías y de Jordi en unas vacaciones en el País Vasco. Me acuerdo perfectamente. Me dijiste que lo querías dejar cerca del mercado de Mataró. Era de noche y no me creía que pudiese perder a la mujer de mi vida por nada. Me acuerdo que no jugamos al Trivial y que a los pocos días volvimos a salir juntos. Yo iba a estudiar a la biblioteca de Granollers y hacía poco tiempo que teníamos nuestro primer móvil como juguete de comunicación permanente. Me viniste a ver en cuanto supiste que estaba en la biblioteca y volvimos a salir juntos ese mismo día. No recuerdo cuántos días pasaron desde ese sábado sin Trivial y espero que no vuelva a pasar un solo día que no esté junto a ti. Si me hubiesen preguntado la ronda final de seis preguntas en el centro del tablero del Trivial y tuviese que acertar las seis preguntas para estar el resto de mi vida junto a ti, puedes estar segura que no fallaría ninguna, fuesen de historia, de literatura o saber cuántos países conforman Oceanía. Por cierto, ¿cuántos eran; 6 o 14?

Thursday, January 04, 2007

04/01/07

Te has debido asustar mucho esta mañana cuando me has visto vestido para combatir un frío que no existe. Parece mentira que estemos en pleno invierno y el frío que más siento es cuando abandono nuestra cama y tengo que separarme de ti. El resto de frío que pueda pasar cerca de mí lo combato con capas inservibles de ropa. Te cuento lo que llevaba hoy puesto y espero hacerte sonreír. Sin contar los calzoncillos modernos que llevaba anoche y que ya te dejaron alucinada; esos que nos compraste a tu hermano Alex y a mí en Sort para volver a hacernos contentos con tus ocurrencias y esos impulsos para hacer feliz a los que te rodean (y quieres, aunque sepa que siempre querrás más a tu hermano que a mí, y no me importa; con que me quieras una décima parte, me conformo). Bueno, lo dicho, que tenía esos calzoncillos como prenda más pegada al cuerpo. Los calcetines peludos de lana que hacen sudar a mis pies de mala manera y luego ya vienen las capas de ropa que hacen de mi una cebolla sudorosa. Primero la camiseta blanca interior, luego una de esas modernas camisetas de Adolfo Domínguez que tanto pegan con mi personalidad arrebatadora; encima un jersey azul con un poco de cuello alto para que no me enfríe el cuello. Luego ya viene la locura. La americana marrón de pana delgadita que suelo llevar por la calle si no hace demasiado frío y encima de esa, el abrigo marrón (también de pana) que me compraste en el Corte Inglés a las pocas semanas de conocernos (¡Cuánto me querías entonces, verdad princesa). Todavía recuerdo cuándo me lo diste. Habías ido con tu madre al Corte Inglés de Sabadell y viste esa chaqueta y pensaste: “Esta le quedará bien al pamplinillas que tengo de novio”, la cogiste, la pagaste (espero) y aquí sigue, resguardándome del frío como si estuviéramos en el Polo Norte. Pero no te descuentes de la ropa que llevaba esta mañana. Después de las dos chaquetas, la camiseta interior, la moderna y el jersey azul, quedaba la bufanda de Donostia y los guantes que me regalaste con la revista de deporte que cada mes me regalas. Como puedes comprobar (y has visto esta mañana) voy bien resguardado para el frío. Y además todas o casi todas las prendas de ropa que llevo son regalos tuyos. La cebolla sudorosa que soy en ese momento baja las escaleras y se encuentra con que el invierno todavía no ha aparecido por nuestro barrio. Más tarde noto un frío interior que no desaparece con todas las prendas de abrigo que me pudiera poner encima y me doy cuenta que es tu ausencia, el separarme de tu lado cada mañana, lo que hace que tenga frío al salir de casa, pero con eso no hay abrigo de pana que lo solucione. Me tendré que seguir quedando el resto de mi vida a tu lado. Para no pasar frío, más que nada.

Wednesday, January 03, 2007

03/01/07

Otra vez tu voz suena triste. Más problemas en el trabajo y yo sin poder ayudarte como te mereces. Me siento como un niño pequeño que llama a su madre para contarle que ha hecho algo bien. Marco tu número de teléfono sin saber que estás con ganas de dejarlo todo, de marcharte del trabajo porque no aguantas las injusticias que hacen que tú, que eres la que más trabajo haces seas la que siempre se lleva los reproches, mientras otros siguen colocándose bien los calzoncillos porque tres horas sentado en la misma posición en una silla te deja los huevos en bastante mala condición para seguir con tu vida normal. Descuelgas el teléfono y enseguida noto que tu voz no es de fiesta. Suena triste, defraudada, con ganas de escapar. Te pregunto si todo va bien, sabiendo que algo no funciona, y tú, tan bien educada y genial como siempre, haces que a pesar del mal humor y de las pocas ganas de escucharme, me preguntas qué quiero. Yo transformo mi edad biológica en la de un niño de siete u ocho años para contarte que he sido un buen hijo y he llamado al mecánico, al sitio donde pasará la Itv el coche y he decidido a qué lugar vamos a llevar a mis padres un fin de semana para que se sientan orgullosos de sus hijos en los regalos de los Reyes. No tienes ganas de nada, pero me escuchas y me das ánimos. Yo me siento afortunado por tener una mamá tan comprensiva y buena, cuando me doy cuenta que mi mamá no eres tú, que tu eres mi esposa y que te quiero más que a nadie en el mundo. Luego pienso en los caprichos de este niño de siete años (o seis, quizás), y del fastidio que te hice ayer por hacerle comprar a tu madre las zapatillas que tú habías pensado comprarme por sorpresa. Perdona si te chafé la sorpresa, pero solo sabiendo que ibas a dejar de hacer la siesta para ir a comprármelas en tu rato de descanso, para hacerme sonreír, ya me siento el niño más reconfortado. Colgamos los teléfonos y no puedo evitar suspirar de amor. Sé que cuando yo sonrío sintiéndome un afortunado por estar con la mejor mujer del universo, tú seguirás pensando en lo injusta que es la vida, y en por qué el tipo que aposenta sus huevos en la silla del despacho de al lado, tiene que estar sin hacer nada mientras tú te rompes la cabeza en que todo salga bien. “La vida es injusta”, te diría mi amor, pero estás lejos y este niño de seis años solo quiere llegar a casa, que le prepares un cola-cao con leche fría y un par de rebanadas de pan Bimbo con Nocilla para decirte al oído dos palabras: “Te quiero”.

Tuesday, January 02, 2007

02/01/07

¡No sabes cuánto echaba de menos esto! Una sonrisa tuya que no puedo ver y que me transporta a la magia de un cuento infantil contado dentro de este mismo año. ¿Tendremos la paciencia suficiente como para aguantar unos meses más nuestra espera eterna sin una pequeña chinita corriendo por casa? Seguro que nos apoyaremos juntos en esos momentos difíciles en los que uno estará más bajo de moral y ánimos que el otro. Un día que yo tenga ganas de abrazar al futuro de nuestra niña miraré a tus ojos (¡qué grandes y azules son!) y el reflejo de tu luz me llevará hasta ese lejano Oriente que esta cada vez más cerca.
Me lo he pasado muy bien en casa junto a ti todos estos días de Navidad. Preparando la mesa para la comida familiar; comprando la comida que nos faltaba para que todo estuviera perfecto; los postres, el pan; los nervios de las últimas horas. Y también me lo he pasado bien cuando descansábamos y estabamos tirados en el sofá leyendo frases mal traducidas en la televisión de esa serie que nos gusta a los dos, o compartiendo películas que ya no son ni tuyas ni mías, sino que son de los dos. El día de la comida familiar me vendrá muchas veces a la cabeza el resto de mi vida; tu manera serena y perfecta de llevar las cosas, la manera en que preparaste la mesa; las copas de vino en su sitio, el champán en la nevera, las gambas colocadas en su plato correspondiente; cada trozo y plato de la comida sabías dónde tenía que ir; lo buena anfitriona que eres y serás el día que tengamos que presentar a nuestra chinita. Te das cuenta que cada vez monopoliza más mis escritos este demonio dulce que pronto dejará sus manos sucias plantadas en la pared recién pintada de nuestra casa. Entonces tu padre no podrá decir que tenemos la casa “como el primer día”; aunque el día que la palma diminuta de las manos de nuestra chinita se quede plantada en las paredes de casa, ya no habrá marcha atrás en la formación de la familia que irá creciendo y que de momento tan bien formamos tu, el Brus y yo. Luego vendrán otras manos más pequeñas y otras comidas familiares en Navidad…habrán muchas celebraciones para seguir demostrándome que eres la mujer de mi vida. La única y la mejor.
En éste 2007 seguiré queriéndote cada día un poco más.