Tuesday, October 31, 2006

31/10/06

Me gustó verte sentada delante del ordenador después de haber visto una película. Era como si yo, que soy el que siempre estoy allí sentado, me hubiese quedado en parte contigo. Y me gustó ver tu sonrisa de satisfacción porque te había gustado la película. Esa forma tuya tan peculiar de hacerme ver que te gusta algo, que eres feliz, enseguida se ve en tus ojos enormes. También me sentí más cerca de ti cuando me decías que se te había dormido la pierna por culpa de lo incomodo que es a veces ver una película delante de la pantalla del ordenador. Tu ibas hablando, dirigiéndote hacia la cocina y yo veía tu espalda, alargaba los brazos para cogerte por detrás y abrazarte fuerte. Volverte a besar el cuello y oír tus quejas cariñosas de que me tienes alergia. Me gusta hasta cuando te metes conmigo, pero en broma. Yo estaba tumbado encima de una fina colchoneta del centro de rehabilitación y pensaba en cómo estarías viendo la película. Incluso pensé que te ibas a aburrir o a agobiar sentada en la silla que tantas veces ocupo yo y que es de los dos. Me imaginaba que te levantabas de la silla y apagabas la pantalla porque no aguantabas más, pero si sabía que si te gustaba la película te encontraría justo en el momento en que terminase, como así fue. Esa sonrisa de felicidad y las ganas de abrazarte antes de sentarme otra noche delante del plato de la cena. Quizás no te lo haya dicho nunca, pero me encanta la hora de la cena. Tú y yo delante de platos diferentes, colores y sabores que se mezclan y se unen al sonido del televisor. Me gusta comentar contigo las cosas del día y mirarte a los ojos mientras pienso en la suerte que tengo al estar contigo. Una cena cualquiera sentado frente a ti es un buen final del día, a pesar de que hay otros que me gusten más, pero de eso ya hablaremos en nuestra cama. Me quedo con tu sonrisa después de ver la película de ayer. Me hizo ilusión que te gustase, y pensarás que quizás sea una tontería, pero era como si una parte de mí estuviera sentado a tu lado. No hay películas tuyas ni mías. Todas las películas que vemos los dos (juntos o separados) son nuestras. La próxima película la eliges tú y nos sentamos en el sofá, por si la cama te da pereza. Ya sabes.

Monday, October 30, 2006

30/10/06

Por la mañana me cuesta escribir una sola frase que tenga un poco de sentido. Mientras estoy en la cama, dos minutos antes de que suena la vibración del móvil, ya estoy pensando qué frases escribirte para arañarte un poco el corazón. Me levanto con los ojos medio cerrados y suelo mirar al suelo para no pisar ningún juguete del Brus. Suelen pasar pocos minutos hasta que escucho los pasos divertidos de Brus sobre el parquet. Sé que se estirará en la puerta de la entrada y esperará a que yo le coloque el arne alrededor del cuerpo. Mientras todo eso sucede yo ya me he vestido, he sacado tu pavo, el pan y un trozo de tomate si es necesario; me he bebido un vaso de zumo y voy hasta el cuarto de la caldera para coger la correa del Brus. Mi cabeza sigue pensando una frase bonita solo para ti. Muchas mañanas me digo: “Esta ya se la has escrito; estará aburrida de leer siempre el mismo Te Quiero”, pero me repito porque es lo que siento. Siento que te quiero más que ninguna otra época en mi vida. Más que cuando te regalaba bombones envueltos en escritos adolescentes que tenía el título compartido del libro que íbamos a escribir: “¿Te acuerdas?”: Diario de un soñador loco. Muchas mañanas escribo la frase de la manera que la pensé metido todavía en la cama. Otras mañanas espero al paseo por el parque, no es que haga falta inspirarme lejos de ti. Ya sabes que tú eres mi única inspiración, pero la mente se enfría lo suficiente en el paseo como para escribir algo original y nuevo. Ya sabes, algo que te arañe el corazón. Hoy iba pensando un cuento sobre la luna y el sol. Un cuento en donde la luna y el sol fueran personas que viven en el cielo y que tienen el trabajo de decirnos a los mortales si tenemos que levantarnos o acostarnos. El cuento empecé a pensarlo en la cama. Luego el frío del paseo ha hecho que las ideas se vayan. Tendré que llegar a casa, besarte el cuello hasta que sientas esas cosquillas de alergia para seguir con el cuento. Aquí te dejo una idea tonta de lo que pensaba metido en la cama, sintiendo el calor de tu aliento en mi espalda.
Entonces la Luna estiraba el cuello para asomarse a la terraza del Sol. La casa del siempre daba a las mejores vistas. Fuese donde fuese, la Luna se encontraba de vecino al Sol, asomaba su cuello por la ventana de su casa y desde allí veía las mejores playas, los edificios más bonitos, las más bellas mujeres que dormían en camas de matrimonio a punto de quedarse vacías. En una de esas camas, el marido arropaba a la bella mujer, que le preguntaba qué tiempo hacía y qué hora era. El marido sonreía feliz. Una noche más durmiendo junto a su amada. Luego se fue al trabajo y pensó durante todo el día en el momento en que el sol y la luna buscaban la mejor posición para ver dormir a la bella esposa…”
Tendré que mejorar mi escritura, pero estando a tu lado todo es sencillo.

Friday, October 27, 2006

27/10/06

A veces me levanto más temprano de lo habitual para poder coger la flor más bonita del barrio. Tu sigue dormida, destapada cuando la caldera decide funcionar y los radiadores se disparan hasta los treinta grados, en pleno verano, con las ventanas abiertas y los radiadores sacando humo. O estás muy tapada porque afuera hace mucho frío y no hay ninguna manta lo suficientemente buena para taparte. Mientras tu das esas vueltas en la cama, con manta o sin ella, Brus y yo nos vamos por el barrio en busca de la flor más bonita solo para ti. Muchas mañanas tenemos que recoger tres o cuatro para descartar las que son menos bonitas y dejar las otras para ti. Otras mañanas subimos montañas de ocho mil metros, sin casi oxigeno ni abrigos que nos tapen, porque a lo lejos hemos visto la flor más bonita, la que cada mañana te mereces. Esta mañana hemos encontrado una de esas flores bonitas. Estaba en la parte más difícil de la planta y Brus me ha avisado con su olfato. Casi siempre me ayuda él a buscar la flor más bonita, porque a esas horas el cielo sigue oscuro. Brus huele la flor, se para y me señala con el hocico cuál tengo que escoger. Esta mañana creo que incluso ha sonreído al ver la flor. Parecía que me decía: “Esta flor ya empieza a ser de las que se merece Gemma”. Me ha mirado bajo su flequillo marrón y he tenido que buscar la flor más bonita del barrio. Había tiburones, cocodrilos, tigres y águilas custodiando la flor. Todos querían llevarle la flor a su amada, pero la inspiración que tú me das se la merecía. He tenido que luchar con cada animal que se acercaba para cogerla, me han mordido y picado veneno por todo el cuerpo, pero al final ha valido la pena. He recogido la flor más bonita del barrio solo para que tú la puedas ver y oler esta mañana. Brus ha suspirado aliviado, y creo que orgulloso de mi proeza. “Nuestra querida Gemma siempre se merece lo mejor. Cueste lo que cueste”, parecía decirme. “Lo sé. Ella siempre es lo mejor”, le he dicho yo.

Thursday, October 26, 2006

26/10/06

Estaba pensando en tu cuerpo desnudo bajo el agua tibia de la ducha. Me imaginaba tu pecho contrayéndose del frío, el pelo mojado y la piel oliendo a flores. No quería quitar esa imagen de mi cabeza, pero en el mejor momento, igual que sucede siempre en los sueños, cuando estás a punto de darle un beso al George Clooney de turno o yo estoy a punto de besarte a ti (porque tú eres mi única belleza), entonces, justo en ese preciso momento, aparece la jefa y la sustituta de la jefa diciéndote que tienes que enseñarle a hacer ese análisis que me iba a dejar toda la mañana solo y sin nada más en la cabeza que tu cuerpo desnudo después de una ducha de agua tibia.
Se me cae el mundo a los pies. La sonrisa forzada que me sale no llega a mueca de asco, y la sustituta de la jefa me habla con ese pito de voz que se mete en la cabeza y arrasa con todo. Tu imagen desnuda se intenta mantener dentro de mi cerebro. Lucho para que su voz no haga que te vayas de mí, pero cuando empieza a contarte los problemas de barriga de su hijo, las picaduras de mosquitos tigre en su pierna y el mucho trabajo que tiene su marido en su fábrica, veo como tu silueta perfecta me dice adiós desde mi cerebro. Me guiñas el ojo y te pasas las manos por el pelo mojado. Yo quiero gritarte y decirte que te quedes allí dentro, en mi cerebro, que es donde siempre estás, pero me susurras al oído que no soportas la voz estridente de la sustituta de mi jefa. Me dices adiós lanzándome un beso con la palma de la mano y yo me quedo solo, escuchando las penas de una pobre mujer que no me importa absolutamente nada. A veces muevo la cabeza hacia arriba y digo “si” como un monigote de feria, y a veces muevo la cabeza de un lado a otro y digo “no” como los bebes que no quieren separarse de los brazos de sus madres. Intento pasar lo mejor posible la mañana. Me repito que tu imagen la veré en verdad dentro de poco. Muevo la cabeza de un lado a otro y le digo que “no”. Me he equivocado de palabra y ella me dice si la estoy escuchando, mientras tu cuerpo desnudo se vuelve a aparecer dentro de mí. Ya no me importa lo que me diga. Me voy a desayunar, te llamo por teléfono y te digo lo que siento en lo más dentro de mi cuerpo: “TE QUIERO”.

Wednesday, October 25, 2006

25/10/06

Ya recuerdo esta sensación. Es la misma que tenía cuando éramos novios y sufría cada noche al llegar a casa porque podía perderte. Tengo la misma presión en el pecho que me ahoga y siento que te quiero cada día más. Entonces, cuando éramos novios, te decía muchas veces que te quería, que eras la mujer de mi vida, pero todavía no podía sentirlo tan fuerte como lo siento ahora. Sé que he sido un estúpido al escribir esos correos a gente que deseo ahora mismo la muerte si te pierdo. Nunca había deseado la muerte a nadie como la deseo a esa gente, si te pierdo por culpa de esta equivocación que quiero solucionar como sea, desearé más que nunca en mi vida no haber nacido, no haber escrito nada que no fuese para ti, porque tú eres mi musa, mi inspiración. No puedo imaginar la vida sin ti.
Cuando éramos novios me dolían las discusiones, pero yo me iba a casa de mis padres y tu quedabas en casa de los tuyos. Pasaban las horas y nos volvíamos a ver con los problemas diluidos. Ahora nos acostamos en la misma cama y no soporto no poder besarte, no poder abrazarte por la espalda mientras tu lees tu libro y cierro los ojos y espero que tardes mucho en que tengas sueño y apagues la luz, porque eso significa que te bajaras por las sábanas hasta la mitad de la cama y yo me quedaré sin poder abrazar tu espalda, no podré oler tu pelo ni podré acariciar tu barriguita o subir y bajar mis manos por tus piernas. Sólo tengo una cosa clara en éste mundo: que te quiero y quiero estar contigo. Lucharé lo que haga falta para demostrarte que esa equivocación ya ha pasado. Te necesito. Necesito abrazarte cada noche hasta que termines de leer tus páginas del libro, sentir tu cuerpo junto al mío. Sentirte cerca, con mis manos rodeando tu cintura, notando cada vez que respiras. Si pierdo eso sé que me moriré. Necesito cada noche estar abrazado a mi musa. Te necesito. Te quiero. No me dejes nunca, por favor.

Tuesday, October 24, 2006

24/10/06

No me gusta verte triste, ni decaída, ni que te encuentres mal. No me gusta que te duela nada ni que estés seria. Me gusta cuando te metes conmigo, cuando nos reímos juntos y te veo sonreír desde esos enormes ojos azules que ayer tenían las pestañas más largas del mundo. Esos ojos azules que me miraron una noche en la oscuridad de una discoteca vacía y se me perdieron en el corazón. Para siempre. No quiero hacer nada que hagan que esos ojos azules con las pestañas más largas del mundo lloren por mi culpa. Cada día me repito muchas veces que no volveré a hacerte daño. Me aterra la simple idea de no volver a ver esos ojos azules con las pestañas más largas mirando una revista, sentada en el sofá de casa y vigilando que mis pequeños ojos marrones se cierren y se duerman mientras vemos una serie de los dos. Anoche te veía vigilarme y luchaba con mis ojos para que no se cerrasen. Me gusta cuando me vigilas, con los ojos más bellos del mundo, y me dices que nos vayamos a dormir porque no estoy viendo la serie. Ese enfado tuyo es el que me gusta. Es el de una madre que tiene que mandar a su hijo a la cama porque el sueño le vence, pero no sabe que el sueño es que estés pendiente de mí, mirándome con tus ojos azules enormes, los más bellos que he visto jamás, con las pestañas pintadas para que abaniques a cualquier que se ponga a tu lado cada vez que pestañeas para limpiar tus ojos de lágrimas felices. Ni una lágrima más de tristeza por mi culpa. Ni un dolor más que te duela y te haga estar triste y seria. Ojalá todas las series de médicos que veo sirvieran para encontrar el remedio para que nunca te doliese nada. Quiero ser tu médico personal el resto de mi vida; siempre que tus ojos bellos y azules me miren de reojo para mandarme a la cama cuando me duermo en el sofá.

Monday, October 23, 2006

23/10/06

Ya no me quedan restos de suciedad en las manos, ni me salen los mocos negros de la nariz, pero todavía noto en mis piernas la mañana de ayer, limpiando y quitando cajas del trastero, y sobre todo se me ha quedado la sonrisa de idiota por hacer algo que me recordaba al principio de estar casados. Cuando nos pegábamos aquellas palizas de limpiar toda la casa, de quitar el polvo incrustado por las obras, de quitar todos los botes, vasos, tazas y platos de la cocina. Y te veía a ti, siempre eres tú quien toma la iniciativa en todo, subida en el último escalón de la escalera, limpiando hasta el último rincón de la casa. Ayer, mientras ordenabas las cajas de zapatos, los puzzles de ciudades a las que quizás no volveremos pero que fueron solo nuestras alguna vez; de colocar los centenares de libros que sigo teniendo metidos en cajas y que algún día donaré a la biblioteca de cualquier lugar que los necesite, o los entregue a escuelas para que los niños se aficionen a leer como tú y yo haremos con nuestra pequeña chinita.
Esta mañana había otro documental en verde en la pantalla del ordenador. Cada franja verde en el Emule significa otra cosa más bajada para verla tú y yo. Un documental que miré rápidamente para ver si era lo que queríamos ver, y allí volvían a estar esos ojos rasgados tan característicos de otra niña chinita que vive feliz con sus padres españoles. Pronto esa niña será la nuestra y no nos hará falta bajar más películas en el Emule, ni grabar series en la televisión para verlas los fines de semana, ni siquiera nos dará tiempo de limpiar el trastero o la cocina. Estaremos solo para ver crecer a nuestra pequeña chinita que nos dará todo lo necesario, y mucho esfuerzo, para vivir.
De momento, qué mejor manera de vivir que estando a tu lado. Tu me lo darás siempre todo.

Saturday, October 21, 2006

21/10/06

Una estrella fugaz en una manera sutil de pedir un deseo. Ya te lo he dicho, incluso te lo he repetido más de una vez: esta mañana al taparte con la colcha y las sábanas, antes de darte un beso y decirte que te quiero; después te lo he dicho cuando me has llamado por teléfono, todavía bajo las mismas sábanas que yo te había puesto sobre tu cuerpo casi desnudo; y te lo he dejado escrito en la libreta de tapas duras sobre la que había otra flor cortada en la madrugada para ti. Era la flor más bella de las plantas por las que pasamos Brus y yo antes de que él vuelva a tumbarse en su cama y yo vuelva a taparte dentro de la cama.
Esta mañana he visto una estrella fugaz mientras pensaba en nuestra pequeña chinita. Hacía poco que los pasos rebeldes de Brus iban buscando árboles marcados, o plantas con restos de otros animales que no son el jefe del parque, porque el auténtico jefe del barrio es él. De ahí le viene el nombre. Lo que te decía, hacía poco que los pasos de Brus y los míos deambulaban por el parque cuando he mirado al cielo; mi cabeza iba pensando en una cara inventada de una niña que se parecía a todas las fotos que vimos ayer en esas páginas de adopciones que me enseñaste. Me imaginaba la cara redonda de una niña con polo pelo y que no era demasiado guapa, pero ya habían pasado unos meses y el pelo negro recogido con dos coletas de colegiala le cubría su cabeza. Ibamos caminando por algún parque que no era el que realmente estaba esta mañana. Tú también estabas con nosotros. Y Brus. Me cogías la mano fuerte y nos mirábamos a los ojos, con una sonrisa. No hacía falta decir nada más. Nuestra pequeña chinita de pelo negro corría detrás de la correa de Brus y chillaba de alegría. Esa era la imagen que tenía esta mañana en mi cabeza cuando he mirado al cielo. Había muchas estrellas fijas. El cielo estaba despejado después de las últimas lluvias de estos días. Entonces Brus se ha parado delante de la planta donde tenía la flor más bella, la que he cogido para ti, he mirado a una parte del cielo que se acababa de iluminar más que el resto y la he visto. El futuro mágico que nos traerá la estrella fugaz y el deseo instantáneo que he pedido al verla. Esa estrella fugaz que es la felicidad de estar a tu lado. Mis deseos no cambian. Eres tú. Nuestra chinita chillando. Los paseos de los cuatro por parques desconocidos. Una estrella fugaz que nunca se apagará si estoy a tu lado.

Friday, October 20, 2006

20/10/06

Ayer nuestro Brus fue el mejor cómplice para el beso más esperado. Mientras las campanas de la iglesia golpeaban cuatro veces su sonido metálico, Brus se estiraba en el parquet de la entrada pidiendo su media hora de paseo de la tarde. El cielo volvía a amenazar lluvia y en mi cabeza solo se repetía un deseo: quiero besarte. Me agaché para apartarlo de la puerta y dejarte pasar, y sin esperar recibí el beso que más estaba esperando de toda mi vida. Fue fugaz, ligero, casi no se sentía en mi cara, pero mi cuerpo despertó del miedo a perderte y respiró un poco aliviado. Necesitaba ese beso. Necesitaba saber que todo no estaba perdido. Te necesito. Lo repetiré hasta que me muera. Te quiero y te necesito.
Luego vino el paseo por el parque mirando al cielo y sin miedo a mojarme. Brus tiraba de la correa con la misma fuerza de siempre y mis brazos eran poderosas rocas indestructibles después de haberles inyectado la droga que son los besos que me das. Ya en casa seguía sonriendo, tocándome la mejilla donde me habías dejado el rastro de tu saliva. La tocaba como si hubiese tocado la mano de mí otro Bruce querido, o como si Paul Auster me hubiera dicho que tengo futuro como escritor; como su sucesor. Me sentía feliz y seguía teniendo miedo a perderte. No podría vivir sin ti. No puedo. No podré vivir jamás sin que tu estés a mi lado.
Esperaba que llegase la hora de volver a verte. Ir a comprar nunca fue tan necesario ni apasionado como lo fue ayer. Te miraba detrás de los libros que yo fingía leer y te espiaba mientras tu te paseabas por otros libros, o te miraba sin que te dieses cuenta mientras los dos leíamos la contraportada de alguno de los libros que te llamaban la atención por la portada, por su autor o por la historia que contaba. Aprendí a leer más rápido solo para poder acabar de leer la contraportada antes que tú y poder mirarte de reojo, sin que te dieses cuenta. Para poder espiar a la mujer más bella del universo. ¡Qué además está casada conmigo! No podría ser más tonto si te pierdo. No voy a perderte porque eres mi inspiración, mi razón de vivir. Mi todo. La canción que marca mi vida en cada paso. La mano que escribe estas líneas que son tuyas. Porque solo tú eres capaz de darme tanto con tu sola presencia. No sabes cuánto te quiero, mi musa.

Thursday, October 19, 2006

19/10/06

Todavía no han inventado máquinas que viajen a través del tiempo. Si tuviese una máquina de esas volvería hasta los días estúpidos que escribí cosas a gente que no significan nada para mí. Las escribiría solo para ti, que eres la única persona importante en mi vida. No hay nadie más. Hasta que no inventen esas máquinas solo puedo mirar al futuro. El tiempo avanza hacia delante y yo solo quiero pasarlo contigo. Junto a ti. Mirando la profundidad de tus ojos azules, besando el sabor dulce de tus labios o acariciando tu piel bajo nuestras sábanas. Me duele que pases frío y yo no pueda arroparte. Por eso me gusta esperarte por las mañanas cuando regresas del lavabo y puedo arroparte. Me aprovecho de que estás medio dormida y beso tu pelo, te cojo las manos y te digo al oído que te quiero. Te necesito. No necesito nada más en la vida que eso: arroparte cada mañana después de que vayas al lavabo. Me quedaría despierto si me lo pidieses solo para arroparte cada vez que vuelves del lavabo. Por ser tu manta de 37ºC bajo las sábanas y calentarte los pies por las noches. Moriría si no puedo seguir haciendo eso. Esta es la verdad. La única verdad: NO PUEDO VIVIR SIN TI. Todavía no hay máquinas del tiempo para que pueda borrar todo lo que hice mal en el pasado. No te volvería a engañar porque eres lo único importante en mi vida. El resto no significa nada. Te lo seguiré repitiendo el resto de mi vida. Pase lo que pase serás siempre el único amor que he tenido, que tendré jamás. Te necesito. Necesito arroparte cada mañana, limpiar la nevera juntos, ver las series por televisión mientras nos dormimos porque es demasiado tarde. Necesito decirte cada día que te quiero miles de veces porque es la única verdad. Es lo que siento y lucharé por ti hasta que me muera. TE QUIERO, TE QUIERO, TE QUIERO...TE NECESITO A MI LADO MI AMOR

Wednesday, October 18, 2006

18/10/06

Ojalá todo fuera un mal sueño y no me volviese a pasar nada. Ojalá no me volviese a equivocar contigo. Parece mentira que te conozca desde hace ocho años y siga fallando en lo mismo. Lo sé, que lo que más valoras es la sinceridad, que no soportas que te esconda las cosas; que tengo que decírtelo todo, pero no quería volver a comentar ningún correo de nadie. No quería saber nada de nadie, a pesar de que lo abriese para leerlo. Odio los correos electrónicos, Internet y haber escrito cosas a gente que no significan nada. No soporto estar así. Te necesito más que nunca. Lo que pasó el 31 de agosto me abrió los ojos y tenía claro que no quería saber nada de nadie, pero te tenía que haber dicho que esta me había enviado el mensaje. Abrirlo juntos y quizás enfadarte un poco, pero luego verías que no significa nada, ni que yo vaya a ir a tomar nada con nadie que no seas tú; que no voy a ir a ningún sitio si no es contigo; que te necesito a mi lado, que te quiero más que el día que te vi por primera vez, envuelta en la nube. Ojalá esas manos que vistes en mi también volviesen a gustarte. Ojalá este mal sueño no se repita. No volveré a esconder nada, aunque te suene a canción repetida y aburrida; no quiero saber nada de nadie que no seas tú. No te mentiré jamás. No volveré a esconderte nada. No puedo perderte, eres mi vida y no sé vivir sin ti. TE QUIERO. TE QUIERO.

Tuesday, October 17, 2006

17/10/06

Cuando una de las cualidades que te gustan más de la persona a la que amas es la sinceridad puedes encontrarte con momentos que parecen dolerte. Ayer me quedé serio cuando dijiste una gran verdad. No estaba enfadada contigo por decir que tu eres la que hablabas y después de explicarme en qué sentido lo decías todavía lo podía estar menos. Estaba enfadado con mi forma de ser. Me gustaría ser perfecto y que no tuvieses que pensar que te tocaría otra vez a ti hablar por los dos. Me gustaría que pudieses respirar tranquila cada vez que llega una factura tarde, o que hay que reclamar algo o que tienes que pedirle a tu padre que venga alguien que él conoce para arreglar la caldera, la televisión que no se oye o pintar un trozo de pared del edificio. Me gustaría solucionar todos esos problemas de la misma manera que lo haces tú. Ya sé que a ti no te gusta ir reclamando cosas, o ir pidiendo favores a nadie, pero eres la mejor de los dos y siempre te toca a ti. Espero que algún día te puedas sentir tan orgullosa de mi como yo lo estoy de ti cuando te oigo hablar con cualquiera que nos quiera complicar la vida. Contigo siempre la vida es mucho más sencilla, a pesar de que la sinceridad duela; no dejes de decirme todas las verdades que me harán ser mejor persona dentro de algunos años, cuando supere mis miedos y mi falta de confianza en mi. Todo lo que he podido mejorar en muchos aspectos donde nunca fui muy bueno, ha sido gracias a ti. Espero estar el resto de mi vida junto a ti para seguir mejorando. Gracias.

Monday, October 16, 2006

16/10/06

Ya no sé si el dolor del pecho era del Txacolí o de las ganas de gritar. Gritar por estar rodeado de belleza y ser tan egoísta de no saber verla. Gritarte al oído otra vez que te quiero. Que no quiero ser ese tipo que te da rabia mirar cuando hace algo mal. Me gustaría ser siempre el que te hace reír, igual que tú me hacer reír a mí, pero muchas veces me equivoco y tengo que pedirte disculpas por no pensar en la belleza de mi alrededor.
Estos días en San Sebastián me han vuelto a servir para darme más cuenta (si es que era necesario), que tengo a la mejor mujer que un hombre puede soñar tener. Lo tienes todo y me permites que vayamos, al final, donde yo quiero. Dar paseos por la Concha y ponerle nombres de coches a los guapos y guapas que lucen el palmito por la playa. Yo me quedo con mi Golf GTI 16 válvulas y 2000 centrímetos cúbicos que tengo a mi lado. Ya sabes que el Golf siempre ha sido el único coche que me ha gustado. Seré fiel siempre a este Golf de la gama más alta y de mayor belleza que jamás tendré, que eres tú.
Acabo de hablar contigo después de toda la mañana sin saber nada de ti. Estabas constipada y yo sonreía de felicidad de oírte, aunque fuera así. Necesito a mi Golf GTI cerca de mí. Creo que no iré a ningún sitio. Iré rápido a casa y te daré mi escrito con una flor, con la flor que me da la vida.

Wednesday, October 11, 2006

11/10/06

Me gusta el silencio en nuestra cama. Los dos leyendo nuestros libros; o tú leyendo los recortes de las revistas que leen nuestras madres y que tanto nos enseñan. Nos reímos de cosas que luego nos sirven para aprender. No se me ocurre pensar en la vecina de abajo, pero la llamada de esta mañana (te dije que intentaría no llamarte hoy, pero al escuchar las vibraciones de mi móvil en el bolsillo de mi bata, no he dejado de sentirme aliviado y feliz), me ha alegrado mucho. Nos reímos de las desgracias de los demás, sobre todo yo, pero lo que más me gusta es reírme contigo. Sentirme feliz a tu lado y comprobar que nos reímos, que estamos en la cama metidos en silencio y en cualquier momento me dirás algo que me haga reír. Me gusta tu humor. Ahora quizás levantes las cejas como diciendo: “si yo no soy humorista…”, y con esos ojos azules enormes que me perturban y me dejan aniquilado cada vez que los miro. Me gustan tus bromas, tu manera de hacerme reír. Te lo he dicho muchas veces; es una de las cualidades que más me gustan de ti. Tu simpatía, tu humor, tu manera de hacerme reír. No puedo dejar de imaginar a la vecina con su pelo mojado intentando imitar una postura pretendidamente sexy mirando a la cámara que sostiene su marido, que lleva uno de esos bañadores apretados, negros, como si fuese un turista italiano que viene a ligarse chicas españolas con falta de cariño. Los imagino en esa piscina apestada de turistas cutres que no han salido demasiado de viaje. Ya sé que no puedo reírme de las desgracias de los demás, pero la bruja de la vecina y el subnormal de su marido nos han tocado muchas veces las narices como para no reírme un poco de ellos. Ya sé que no debería, pero tu manera de hacerme reír ha sido la culpable. Ahora solo deseo llegar esta noche a nuestra cama para recobrar el silencio de nuestras lecturas, y que tú lo interrumpas con alguna cosa interesante o alguna ocurrencia divertida que me vuelva hacer reír.

Tuesday, October 10, 2006

10/10/06

1,3,5,7; te preguntarás a qué vienen esta serie de números impares al principio del escrito de hoy. A ti, que te gustan los números pares y me enseñaste a poner el volumen de la radio del coche siempre en un número par. La serie de números impares vienen a que son los números impares los que están marcando nuestra vida. Te lo intento explicar a mi manera.
El 5. Hoy hace exactamente: 5 años, 5 meses y 5 días que nos casamos. Si contamos que nos casamos a las 13:00 en punto y le sumamos cinco horas más, tendremos que a las 18:05:05 horas de hoy, hará 5 años, 5 meses, 5 días, 5 horas, 5 minutos y 5 segundos que estamos casados. Como verás el cinco es un número impar que nos pertenece.
El 3. Después de los siete meses (de febrero a septiembre; cuenta con los dedos y verás como te dan siete, otro impar) que han pasado desde que presentamos la solicitud de adopción hasta que los papeles han salido hacia China, tenemos un número de expediente que termina en ese número. El tres que nos llevará hasta nuestra primera (número 1) hija y además será el número en el que terminé este año el gordo de Navidad y hará que nos toquen los millones necesarios para comprar nuestra primera casa. No me negarás que el tres también es importante.
El 7. Quizás este sea el número que más te preocupa ahora. Será el número que pesarás dentro de poco. (No me refiero que llegues a pesar 7 kilos, eh), pero seguro que dentro de poco, el primer dígito de tu peso será un 7. Te sentirás más guapa todavía (si eso es posible) de lo que estás y serás más feliz. Ya no tendrás que pensar en los aburridos 8 de ahora. Tendrás un siete y seguirás siendo un 10 (o mejor un 11) de belleza.
El 1. Simplemente tú.

Monday, October 09, 2006

09/10/06

Mientras una película aburrida pasaba delante de mí en la pantalla del ordenador, pensaba en la bendita rutina de los domingos en casa. Ya te lo escribí en un correo electrónico que quizás hayas leído ya, pero sigo dándole vueltas a lo bendito que es la rutina del domingo.
A pesar de que puede parecer aburrido, los domingos en casa son los mejores días para mí. Estés contenta o agobiada por el lunes que viene, estás cerca de mí. A pesar de que yo esté viendo una película o una serie en la pantalla del ordenador y tú estés en el comedor viendo tus series, sé que estamos juntos. Que en doce pasos me planto delante de tu cara de ángel y puedo besarla. Ahora no puedo hacer eso. Hoy es un lunes de rutina, de aburrida rutina lejos de ti, y sé que si doy doce, trece, quince mil pasos, lo único que veré serán las paredes grises de este laboratorio tantas veces visto en mis trece años de trabajo aquí; y que no podré aburrirme delante de una película, ni oír las voces sudamericanas de tus series que tanto echo de menos ahora. La gente se queja de los domingos en casa; nosotros también lo hacemos muchas veces, pero a mí me encanta estar en casa contigo y saber que en doce pasos puedo acercarme hasta el sofá del comedor y darte un beso, decirte que te quiero y poder echarte crema, ya de noche, ya en nuestra cama, para hacer el amor como dos enamorados, aunque sea domingo y la rutina nos quiera vencer. Bendita rutina de domingo si es siempre junto a ti.

Friday, October 06, 2006

06/10/06

Reescribo un cuento un poco macabro pensando en los días malos dentro de una oficina. No hace falta que tú seas la protagonista, solo lo reescribí para sacarte una sonrisa de humor negro. Aquí va.

Estáis tú y la jefa solas en el despacho. Os lleváis mal. Muy mal. Ella bebe agua directamente de la botella de plástico y se empieza a ahogar. Te mira con los ojos desorbitados pidiéndote ayuda.
- Tranquila, respira poco a poco- le dices.
- Ah... ah…- es lo único que consigue decirte ella.
Por la cabeza te pasan tantas cosas a la vez, que lo primero que haces es sacar un papel en blanco de la impresora y se lo haces firmar con la siguiente declaración de exculpación por si le pasase algo a tu jefa.
"Yo, Fulanita de Tal, jefa del departamento de compras, reconozco que mi empleada Menganita de Cual, con número de DNI: 38454548-N, no ha tenido nada que ver en mi muerte. He sido yo misma, Fulanita de Tal, que al intentar beber agua a morro de la botella me he atragantado y he muerto asfixiada por un mal trago de agua. Y para que así conste en acta dejo mi firma y consentimiento.
Firmado a 06 de octubre de 2006".
Le obligas a que firme la carta, escrita rápido, con bolígrafo azul y con no demasiada buena letra. Ella no puede firmar. Notas que le quedan dos minutos de vida como mucho. Mueve los ojos al mismo ritmo que los brazos, se arrodilla y te suplica con la mirada angustiada que hagas algo. El papel lo dejas encima de la mesa de trabajo. Ella agoniza estirada en el parquet del despacho.
Cuando llames a la ambulancia, le habrás tocado la cara, le habrás echo el boca a boca, le habrás desabrochado la camisa de Chanel que le sienta tan mal y todos te verán como a la nueva heroína de la empresa. Además, si se salva te estará eternamente agradecida, subirás en la empresa hasta los puestos más altos de dirección, serás su mano derecha y tu sueldo se llenará de ceros a final de mes.
Mientras tienes todas estas elucubraciones en la cabeza, ella sigue agonizando en el suelo del despacho. Respira como un pez sacado fuera del agua. Eso te hace recordar aquel pez naranja que tuviste de niña y cómo se murió, agonizando, en la pica de la cocina de mamá. Con los ojos desorbitados y la boca abriéndose cada vez más despacio.
Lloras al recordarlo y le acaricias el pelo a la jefa. Esta azul, casi morada. "Ese no era el título de una película reciente de cine que quería ir a ver", te lo preguntas justo en el momento exacto en que tu jefa fallece.
Decides no ponerte nerviosa. Coges las llaves del despacho, te pones la chaqueta blanca y te vas al bar de la esquina a tomarte un cortado.
- Ahora vuelvo- le dices a la difunta, intentando que todo sea lo más normal y rutinario posible. No tocas nada para que parezca que se murió cuando tú ya no estabas allí.
La jefa tiene los mismos ojos de hiena asquerosa con lo que te miraba antes de morir y tú sigues acordándote de tu pobre pez naranja.

Thursday, October 05, 2006

05/10/06

Llevo toda la mañana tocándome un grano de la nariz que no deja de sangrar. Me acerco al espejo del baño del laboratorio y aprieto hasta que los dedos duelen incluso más que el propio grano. Entonces sonrío. Parece estúpido sonreír mirándose al espejo con un círculo de sangre y pus alrededor de la nariz, pero me río de la situación de muchas noches en casa.
Te veo a ti mirándote al espejo haciendo lo mismo que yo hago ahora. Aprietas fuerte cualquier grano de tu preciosa cara y noto en tus manos la fuerza que estás haciendo para sacar toda la porquería que lleva dentro. Ya sé que no es muy poético hablarte de granos, pero cualquier cosa que haces se convierte en una inspiración para mí.
Anoche me puse un poco de la crema que tu llevas últimamente en la cara para curarte los granos. Olía a adolescencia. Me hizo volver a los años en que mi cara sufría los alborotos de las hormonas. Olía igual que muchas de las cremas que no servían para nada y a las que encomendaba toda mi suerte en aquellos años. Me hizo pensar que tú también utilizabas las mismas cremas que yo en esos años en que nuestro hilo rojo estaba unido pero todavía no se había encontrado. Ahora me duerme oliendo esas cremas de adolescencia junto a la inspiración de mi vida. Mi grano en la punta de la nariz sigue sangrando y acabo de oír tu voz por el teléfono. Mientras me hablabas de las cosas que habías comprado en el kiosco, con la misma ilusión que hablas de todas las cosas de nuestra hija chinita, me venía el aroma de la crema antiacné que utilizamos ahora, como si fuéramos dos adolescentes que duermen juntos con la prohibición de sus padres. Nuestra cama es el pecado de adolescencia de una pareja que se va a querer toda la vida oliendo a una crema antiacné.

Wednesday, October 04, 2006

04/10/06

El profesor de cocina siempre nos explica que para saber si una comida esta bien hecha se deben cumplir tres requisitos: “Que tengan buen color, buen sabor y la textura adecuada”. Lo repite siempre que llega algún alumno nuevo o cuando no tiene nada importante que contar.
Ayer, mientras explicaba los tres requisitos importantes en una comida, yo pensaba en ti. (Ahora debes sonreír y pensar que no te crees que siempre piense en ti). Pero es cierto. Mientras explicaba los requisitos de la comida pensaba en las infinitas cualidades que tienes y cuanto me gustan. Intentaba asociar las tres principales virtudes tuyas comparándolas con las principales de una comida y siempre tenía que volver a empezar la lista que escribía en mi libreta de tapas verdes, porque la cualidad que pensaba justo después de haber puesto las tres primeras, era todavía mejor que las anteriores. Pensaba en tu simpatía, y lo comparaba con el color de un arco iris del mejor manjar del mundo; o en tu inteligencia y le ponía esa textura suave cuando me dices las cosas y yo intento llegar hasta donde tú estas. O pensaba en tu sinceridad y lo comparaba con el sabor dulce del chocolate, porque no hay nada mejor que decir la verdad y el chocolate es lo más bueno cuando se tiene hambre de postre.
Pero luego me venían muchas más cualidades tuyas: belleza, saber estar, comunicativa, divertida, buena madre, cariñosa, expresiva, dulce, salada…Y volvía a mezclar los sabores de la comida imaginaria que yo preparaba para ti con las palabras del profesor de cocina. “Un buen plato siempre tiene que tener esas tres cualidades: color, sabor y textura”, decía el profesor y mi cabeza se iba volando y se posaba sobre tu barriga, para acariciarla y darle un beso con sabor a chocolate y una pizca de nata. Luego volvía a mirar la lista de tus cualidades en mi libreta de tapas verdes y tenía que darle la vuelta a otra hoja porque se seguían llenando de adjetivos positivos al pensar en ti. Los alumnos nuevos me miraban y debían pensar en lo aplicado que era, al apuntar todas las cosas que explicaba el profesor de cocina, pero no sabían que lo único que apuntaba eran las cualidades de la mujer de mi vida. El próximo martes, cuando me vean con mi libreta de tapas verdes seguirán viendo como apunto páginas y páginas de cosas buenas al pensar en ti.

Tuesday, October 03, 2006

03/10/06

Resulta que ningún ordenador del laboratorio me dejaba entrar a mi correo electrónico. Tenía el mono metido dentro de mi cerebro y era incapaz de concentrarme en nada que no fuese tu cara mirándome desde ese marco de fotos digital que me había llegado a volver loco. Tenía muchas horas por delante hasta que pudiese llegar a casa, encender nuestro ordenador, esperar que la luz verde del aparato que nos conecta con Internet estuviese preparado, poner mi nombre y contraseña y, por fin, conseguir ver tu cara de niña mala mirándome fijamente. Imaginaba la silueta del pelo mojado que caía sobre tu piel; los ojos tan azules como siempre (nunca pensé que me casaría con la mujer más bella del mundo y que además tuviese los ojos más azules del universo); los labios a punto de pedir un pecado que yo solo podría conseguir; y la punta de la nariz que tanto me gusta dibujando la silueta de la perfección en la cara de ningún ser humano. Faltaban muchas horas para que eso sucediese y no podía aguantar más. Necesitaba ver tu cara de niña mala en cualquier soporte electrónico que tuviese a mano. Entonces me acordé de que mi teléfono móvil podía recibir fotografías, a pesar de que no pudiese hacerlas. Enseguida te envié un mensaje para que me mandases una foto tuya. No hacía falta que fuese de niña mala con el pelo mojado; no hacía falta que tus labios me pidiesen un pecado que solo yo podía cumplir. Solo necesitaba que mi cerebro se llenase de tu imagen para seguir trabajando, para seguir funcionando a 15 kilómetros de ti. Solo necesitaba una imagen tuya para seguir viviendo.

Monday, October 02, 2006

02/10/06

Me hubiese gustado verme la cara cuando me decías anoche que se me veía ilusionado por nuestra cena mensual de celebración. Me hubiese gustado también que tu te hubieses podido ver la cara: también se te veía ilusionada, feliz, con esa sonrisa difícil de disimular que se nos pone a las personas cuando no queremos esconder que estamos bien.
Me gustó mucho verte así. Y me hubiese gustado mucho ver mi propia cara de felicidad indisimulada. Ya me veía recogiendo el vino en la tienda de Cardedeu y los postres más especiales para llegar a la puerta de casa y tocar el timbre.
“¿Quién es?”, preguntarías tú con esa sonrisa de nervios por una cita esperada.
“Soy yo, tu cita de primeros de mes”, te contestaría yo con el pulso a cien por hora.
Subiría las escaleras tantas veces vistas como si fuera la primera vez. Me echaría el aliento en la palma de la mano para comprobar que el chicle de menta fuerte sigue oliendo en mi boca, y hasta llevaría un pequeño espejo de mano para retocarme los pocos pelos que me quedan en la cabeza para estar lo más guapo posible. Entonces escucharía los saltos de Brus sobre el parquet y haría ver que no lo conocía de nada. Incluso te mentiría diciéndote que “los perros siempre me han dado un poco de miedo, desde que de pequeño uno se abalanzó sobre mi en la playa”; pero disimularía y acariciaría la cabeza tantas veces acariciada de Brus como si fuera la primera vez. Luego te diría lo bellísima que estabas esta noche; “que no hacía falta que te pusieras tan guapa para mí”, y quizás tu me contestarías que no hacía falta que trajese el vino ni los postres, que ya tenías una botella metida en la nevera y que habías comprado unos flanes de café y fresa que habías descubierto en el Mercadona. Seguiría nervioso por saber qué íbamos a cenar; te dejaría entrar en la cocina como si no la hubiese visto nunca y dejaría la botella encima de la mesa, perfectamente preparada para nuestra cena...
Seguiría soñando con esa “primera cita” de nuestras cenas especiales para celebrar que ya falta menos para que llegue nuestra chinita, que seguimos juntos y felices, que te quiero cada día más; que eres la mujer de mi vida.