31/10/06
Me gustó verte sentada delante del ordenador después de haber visto una película. Era como si yo, que soy el que siempre estoy allí sentado, me hubiese quedado en parte contigo. Y me gustó ver tu sonrisa de satisfacción porque te había gustado la película. Esa forma tuya tan peculiar de hacerme ver que te gusta algo, que eres feliz, enseguida se ve en tus ojos enormes. También me sentí más cerca de ti cuando me decías que se te había dormido la pierna por culpa de lo incomodo que es a veces ver una película delante de la pantalla del ordenador. Tu ibas hablando, dirigiéndote hacia la cocina y yo veía tu espalda, alargaba los brazos para cogerte por detrás y abrazarte fuerte. Volverte a besar el cuello y oír tus quejas cariñosas de que me tienes alergia. Me gusta hasta cuando te metes conmigo, pero en broma. Yo estaba tumbado encima de una fina colchoneta del centro de rehabilitación y pensaba en cómo estarías viendo la película. Incluso pensé que te ibas a aburrir o a agobiar sentada en la silla que tantas veces ocupo yo y que es de los dos. Me imaginaba que te levantabas de la silla y apagabas la pantalla porque no aguantabas más, pero si sabía que si te gustaba la película te encontraría justo en el momento en que terminase, como así fue. Esa sonrisa de felicidad y las ganas de abrazarte antes de sentarme otra noche delante del plato de la cena. Quizás no te lo haya dicho nunca, pero me encanta la hora de la cena. Tú y yo delante de platos diferentes, colores y sabores que se mezclan y se unen al sonido del televisor. Me gusta comentar contigo las cosas del día y mirarte a los ojos mientras pienso en la suerte que tengo al estar contigo. Una cena cualquiera sentado frente a ti es un buen final del día, a pesar de que hay otros que me gusten más, pero de eso ya hablaremos en nuestra cama. Me quedo con tu sonrisa después de ver la película de ayer. Me hizo ilusión que te gustase, y pensarás que quizás sea una tontería, pero era como si una parte de mí estuviera sentado a tu lado. No hay películas tuyas ni mías. Todas las películas que vemos los dos (juntos o separados) son nuestras. La próxima película la eliges tú y nos sentamos en el sofá, por si la cama te da pereza. Ya sabes.
