02/10/06
Me hubiese gustado verme la cara cuando me decías anoche que se me veía ilusionado por nuestra cena mensual de celebración. Me hubiese gustado también que tu te hubieses podido ver la cara: también se te veía ilusionada, feliz, con esa sonrisa difícil de disimular que se nos pone a las personas cuando no queremos esconder que estamos bien.
Me gustó mucho verte así. Y me hubiese gustado mucho ver mi propia cara de felicidad indisimulada. Ya me veía recogiendo el vino en la tienda de Cardedeu y los postres más especiales para llegar a la puerta de casa y tocar el timbre.
“¿Quién es?”, preguntarías tú con esa sonrisa de nervios por una cita esperada.
“Soy yo, tu cita de primeros de mes”, te contestaría yo con el pulso a cien por hora.
Subiría las escaleras tantas veces vistas como si fuera la primera vez. Me echaría el aliento en la palma de la mano para comprobar que el chicle de menta fuerte sigue oliendo en mi boca, y hasta llevaría un pequeño espejo de mano para retocarme los pocos pelos que me quedan en la cabeza para estar lo más guapo posible. Entonces escucharía los saltos de Brus sobre el parquet y haría ver que no lo conocía de nada. Incluso te mentiría diciéndote que “los perros siempre me han dado un poco de miedo, desde que de pequeño uno se abalanzó sobre mi en la playa”; pero disimularía y acariciaría la cabeza tantas veces acariciada de Brus como si fuera la primera vez. Luego te diría lo bellísima que estabas esta noche; “que no hacía falta que te pusieras tan guapa para mí”, y quizás tu me contestarías que no hacía falta que trajese el vino ni los postres, que ya tenías una botella metida en la nevera y que habías comprado unos flanes de café y fresa que habías descubierto en el Mercadona. Seguiría nervioso por saber qué íbamos a cenar; te dejaría entrar en la cocina como si no la hubiese visto nunca y dejaría la botella encima de la mesa, perfectamente preparada para nuestra cena...
Seguiría soñando con esa “primera cita” de nuestras cenas especiales para celebrar que ya falta menos para que llegue nuestra chinita, que seguimos juntos y felices, que te quiero cada día más; que eres la mujer de mi vida.

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