Wednesday, October 04, 2006

04/10/06

El profesor de cocina siempre nos explica que para saber si una comida esta bien hecha se deben cumplir tres requisitos: “Que tengan buen color, buen sabor y la textura adecuada”. Lo repite siempre que llega algún alumno nuevo o cuando no tiene nada importante que contar.
Ayer, mientras explicaba los tres requisitos importantes en una comida, yo pensaba en ti. (Ahora debes sonreír y pensar que no te crees que siempre piense en ti). Pero es cierto. Mientras explicaba los requisitos de la comida pensaba en las infinitas cualidades que tienes y cuanto me gustan. Intentaba asociar las tres principales virtudes tuyas comparándolas con las principales de una comida y siempre tenía que volver a empezar la lista que escribía en mi libreta de tapas verdes, porque la cualidad que pensaba justo después de haber puesto las tres primeras, era todavía mejor que las anteriores. Pensaba en tu simpatía, y lo comparaba con el color de un arco iris del mejor manjar del mundo; o en tu inteligencia y le ponía esa textura suave cuando me dices las cosas y yo intento llegar hasta donde tú estas. O pensaba en tu sinceridad y lo comparaba con el sabor dulce del chocolate, porque no hay nada mejor que decir la verdad y el chocolate es lo más bueno cuando se tiene hambre de postre.
Pero luego me venían muchas más cualidades tuyas: belleza, saber estar, comunicativa, divertida, buena madre, cariñosa, expresiva, dulce, salada…Y volvía a mezclar los sabores de la comida imaginaria que yo preparaba para ti con las palabras del profesor de cocina. “Un buen plato siempre tiene que tener esas tres cualidades: color, sabor y textura”, decía el profesor y mi cabeza se iba volando y se posaba sobre tu barriga, para acariciarla y darle un beso con sabor a chocolate y una pizca de nata. Luego volvía a mirar la lista de tus cualidades en mi libreta de tapas verdes y tenía que darle la vuelta a otra hoja porque se seguían llenando de adjetivos positivos al pensar en ti. Los alumnos nuevos me miraban y debían pensar en lo aplicado que era, al apuntar todas las cosas que explicaba el profesor de cocina, pero no sabían que lo único que apuntaba eran las cualidades de la mujer de mi vida. El próximo martes, cuando me vean con mi libreta de tapas verdes seguirán viendo como apunto páginas y páginas de cosas buenas al pensar en ti.

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