Tuesday, October 03, 2006

03/10/06

Resulta que ningún ordenador del laboratorio me dejaba entrar a mi correo electrónico. Tenía el mono metido dentro de mi cerebro y era incapaz de concentrarme en nada que no fuese tu cara mirándome desde ese marco de fotos digital que me había llegado a volver loco. Tenía muchas horas por delante hasta que pudiese llegar a casa, encender nuestro ordenador, esperar que la luz verde del aparato que nos conecta con Internet estuviese preparado, poner mi nombre y contraseña y, por fin, conseguir ver tu cara de niña mala mirándome fijamente. Imaginaba la silueta del pelo mojado que caía sobre tu piel; los ojos tan azules como siempre (nunca pensé que me casaría con la mujer más bella del mundo y que además tuviese los ojos más azules del universo); los labios a punto de pedir un pecado que yo solo podría conseguir; y la punta de la nariz que tanto me gusta dibujando la silueta de la perfección en la cara de ningún ser humano. Faltaban muchas horas para que eso sucediese y no podía aguantar más. Necesitaba ver tu cara de niña mala en cualquier soporte electrónico que tuviese a mano. Entonces me acordé de que mi teléfono móvil podía recibir fotografías, a pesar de que no pudiese hacerlas. Enseguida te envié un mensaje para que me mandases una foto tuya. No hacía falta que fuese de niña mala con el pelo mojado; no hacía falta que tus labios me pidiesen un pecado que solo yo podía cumplir. Solo necesitaba que mi cerebro se llenase de tu imagen para seguir trabajando, para seguir funcionando a 15 kilómetros de ti. Solo necesitaba una imagen tuya para seguir viviendo.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home