Wednesday, October 11, 2006

11/10/06

Me gusta el silencio en nuestra cama. Los dos leyendo nuestros libros; o tú leyendo los recortes de las revistas que leen nuestras madres y que tanto nos enseñan. Nos reímos de cosas que luego nos sirven para aprender. No se me ocurre pensar en la vecina de abajo, pero la llamada de esta mañana (te dije que intentaría no llamarte hoy, pero al escuchar las vibraciones de mi móvil en el bolsillo de mi bata, no he dejado de sentirme aliviado y feliz), me ha alegrado mucho. Nos reímos de las desgracias de los demás, sobre todo yo, pero lo que más me gusta es reírme contigo. Sentirme feliz a tu lado y comprobar que nos reímos, que estamos en la cama metidos en silencio y en cualquier momento me dirás algo que me haga reír. Me gusta tu humor. Ahora quizás levantes las cejas como diciendo: “si yo no soy humorista…”, y con esos ojos azules enormes que me perturban y me dejan aniquilado cada vez que los miro. Me gustan tus bromas, tu manera de hacerme reír. Te lo he dicho muchas veces; es una de las cualidades que más me gustan de ti. Tu simpatía, tu humor, tu manera de hacerme reír. No puedo dejar de imaginar a la vecina con su pelo mojado intentando imitar una postura pretendidamente sexy mirando a la cámara que sostiene su marido, que lleva uno de esos bañadores apretados, negros, como si fuese un turista italiano que viene a ligarse chicas españolas con falta de cariño. Los imagino en esa piscina apestada de turistas cutres que no han salido demasiado de viaje. Ya sé que no puedo reírme de las desgracias de los demás, pero la bruja de la vecina y el subnormal de su marido nos han tocado muchas veces las narices como para no reírme un poco de ellos. Ya sé que no debería, pero tu manera de hacerme reír ha sido la culpable. Ahora solo deseo llegar esta noche a nuestra cama para recobrar el silencio de nuestras lecturas, y que tú lo interrumpas con alguna cosa interesante o alguna ocurrencia divertida que me vuelva hacer reír.

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