Monday, October 09, 2006

09/10/06

Mientras una película aburrida pasaba delante de mí en la pantalla del ordenador, pensaba en la bendita rutina de los domingos en casa. Ya te lo escribí en un correo electrónico que quizás hayas leído ya, pero sigo dándole vueltas a lo bendito que es la rutina del domingo.
A pesar de que puede parecer aburrido, los domingos en casa son los mejores días para mí. Estés contenta o agobiada por el lunes que viene, estás cerca de mí. A pesar de que yo esté viendo una película o una serie en la pantalla del ordenador y tú estés en el comedor viendo tus series, sé que estamos juntos. Que en doce pasos me planto delante de tu cara de ángel y puedo besarla. Ahora no puedo hacer eso. Hoy es un lunes de rutina, de aburrida rutina lejos de ti, y sé que si doy doce, trece, quince mil pasos, lo único que veré serán las paredes grises de este laboratorio tantas veces visto en mis trece años de trabajo aquí; y que no podré aburrirme delante de una película, ni oír las voces sudamericanas de tus series que tanto echo de menos ahora. La gente se queja de los domingos en casa; nosotros también lo hacemos muchas veces, pero a mí me encanta estar en casa contigo y saber que en doce pasos puedo acercarme hasta el sofá del comedor y darte un beso, decirte que te quiero y poder echarte crema, ya de noche, ya en nuestra cama, para hacer el amor como dos enamorados, aunque sea domingo y la rutina nos quiera vencer. Bendita rutina de domingo si es siempre junto a ti.

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