Tuesday, October 24, 2006

24/10/06

No me gusta verte triste, ni decaída, ni que te encuentres mal. No me gusta que te duela nada ni que estés seria. Me gusta cuando te metes conmigo, cuando nos reímos juntos y te veo sonreír desde esos enormes ojos azules que ayer tenían las pestañas más largas del mundo. Esos ojos azules que me miraron una noche en la oscuridad de una discoteca vacía y se me perdieron en el corazón. Para siempre. No quiero hacer nada que hagan que esos ojos azules con las pestañas más largas del mundo lloren por mi culpa. Cada día me repito muchas veces que no volveré a hacerte daño. Me aterra la simple idea de no volver a ver esos ojos azules con las pestañas más largas mirando una revista, sentada en el sofá de casa y vigilando que mis pequeños ojos marrones se cierren y se duerman mientras vemos una serie de los dos. Anoche te veía vigilarme y luchaba con mis ojos para que no se cerrasen. Me gusta cuando me vigilas, con los ojos más bellos del mundo, y me dices que nos vayamos a dormir porque no estoy viendo la serie. Ese enfado tuyo es el que me gusta. Es el de una madre que tiene que mandar a su hijo a la cama porque el sueño le vence, pero no sabe que el sueño es que estés pendiente de mí, mirándome con tus ojos azules enormes, los más bellos que he visto jamás, con las pestañas pintadas para que abaniques a cualquier que se ponga a tu lado cada vez que pestañeas para limpiar tus ojos de lágrimas felices. Ni una lágrima más de tristeza por mi culpa. Ni un dolor más que te duela y te haga estar triste y seria. Ojalá todas las series de médicos que veo sirvieran para encontrar el remedio para que nunca te doliese nada. Quiero ser tu médico personal el resto de mi vida; siempre que tus ojos bellos y azules me miren de reojo para mandarme a la cama cuando me duermo en el sofá.

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