Friday, December 22, 2006

22/12/06

En el primer día realmente navideño, cuando salen esos niños creciditos cantando los millones que no tendremos (otro año será); va y se me olvida dejarte escrito en tu (nuestra) libreta de cada mañana, esas frases que te recuerdan lo mucho que te quiero, y lo mucho que te necesito. Ando despistado y agobiado por muchas cosas que a ti también te preocupan y aunque no te lo diga de la misma manera que tú sabes transmitirlo, yo también tengo muchas ganas de pasar el resto de Navidades, reyes y años que quedan con nuestra pequeña chinita. Me preocupa que ahora a los jefes chinos de las adopciones les dé por no dejar pasar tantos niños a otros países y que tardemos más en tenerla. Empiezo a tener demasiadas ganas de jugar con nuestra pequeña, con verla crecer, con ir con ella por todo el barrio y que la gente la mire, se vuelvan y cuchicheen: “Huy, parece chinita, ¿no?”, y volverme hacia ti y besarte con todas mis fuerzas para demostrarle al mundo lo orgulloso que estoy de mi familia (con el pesado del Brus tirando de la correa, olisqueando cualquier pipí de perra en celo que toque en ese momento). Estaré orgulloso como ya lo estoy ahora. De tu forma de afrontar estas fechas y ver cómo te gusta que todo esté bien preparado. Me encanta ver la ilusión que le estás poniendo a la comida del próximo sábado 30. Como quieres tener todos los detalles a punto, como te gusta ver a toda nuestra familia unida y que esté a gusto en nuestra casa. Me encanta cuando me dices que tienes muchas ganas de abrazar a nuestra chinita y como te apoyas en mí para que yo te diga que “ya falta menos que hace una semana”. Siempre faltará menos para poder abrazar a nuestra pequeña. Mientras tanto, los niños pesados de la lotería de hoy siguen cantando números que no tenemos (y eso que este año tenemos muchos) y yo sigo pensando que ya falta menos. Y que tengo la suerte de estar con la mujer más maravillosa del mundo. Gracias. Te quiero.

Thursday, December 21, 2006

21/12/06

¿Y ahora que hago sin escuchar todo el día tu voz? Me quedo mirando la maldita pantalla de mi móvil y no sé si lanzarlo contra la pared o pedirle de rodillas que se encienda un solo minuto para poder llamarte (aunque tu padre esté cerca y se “queje” de lo mucho que te controlo) y decirte que te quiero. No puedo. Bueno, sí que podría; cogiendo el teléfono del laboratorio y llamándote un momento para decírtelo, pero no estaría a gusto. Ya sabes que una de mis muchas manías es no saber hablar por teléfono cuando sé que hay gente delante. Aunque solo fue contigo el primer día que me llamaste cuando lo conseguí hacer. Luego no lo he vuelto a conseguir, pero aquel día todo fue mágico. Como lo seguirá siendo el resto de mi vida si estoy contigo.
Sigo mirando la maldita pantalla negra de mi móvil y suspiro con resignación por no poder decirte que me gustó (lo siento) que no pudieras dormirte esta madrugada y me pidieras que hiciéramos el amor para que el tiempo pasara más rápido. Otra vez el cansancio nos frenó en seco, pero el día que ese freno que llevamos puesto desde hace un tiempo nos lo quitemos del cuerpo no habrá quien nos pare. Sigo mirando la maldita pantalla y la pared gris de la sala donde estoy. Harían un buen juego de colores pobres al estallar el móvil contra la pared, pero no lo haré.
“¿Cómo se te ocurre pararte precisamente hoy?”, le grito al móvil. Él sigue enseñándome su cara negra y no se inmuta. El aire que respiro necesita oír tu voz, pero conseguiré pasar la prueba y aguantaré hasta las 14:15 exactas de la tarde para llamarte a casa y decirte lo mucho que te he echado de menos. De momento seguiré planteándome la posibilidad de lanzar el móvil contra la pared para ver de qué puñetero color se queda. Seguro que sigue con la pantalla negra y sin inmutarse. Los aparatos se ponen en mi contra y no puedo hacer nada contra eso.

Wednesday, December 20, 2006

20/12/06

Si fuese capaz de escribir de dos formas diferentes me podría permitir el lujo de seducirte de esas dos formas. Elegiría mi manera rara de escribir y te pondría frases extrañas para que me dijeras que no las entiendes pero que te gustan; y también te lo diría con frases directas que duelen en el corazón, sin mezclar ideas ni buscar un doble sentido que no vale la pena buscar. Estoy a tu lado y te necesito. Esta frase tan sencilla y directa es lo único que deseo escribirte. Sin buscar la manera rara o diferente que tú crees que yo escribo. Escribo gracias a la inspiración que tú me das. No hay más y solo necesito decirte algo que consiga hacerte reír, que te haga sentir que estoy contigo porque eres lo más importante que me ha pasado nunca. Porque eres la mujer más especial, auténtica, única, guapa, inteligente, simpática, increíble…que he conocido y conoceré jamás. Eso solo se puede escribir de una manera y es de esta manera directa como te lo escribo. Si antes escribía para otros y lo hacía de forma rara era porque el resto del mundo no significa nada para mí. Ahora mismo acabo de hablar contigo y escucho tu voz como si fuera una luz que acaba de encenderse dentro de mi corazón. “De esta manera directa también me gusta escribirte”, te diría ahora mismo si estuvieses a mi lado. Ya te he dicho que venga quien venga a buscarte, o vayas a por quién vayas lucharé el resto de mi vida por estar a tu lado. Nunca me había dado tanta cuenta de lo mucho que te necesito y lo importante que eres para mí. “¿Cómo quieres que te lo escriba mañana?”, te preguntaré esta noche. Solo tengo ya una forma de escribir y es de la forma en que tu me haces escribir. Tu inspiración me hace escribir cada día de la mejor manera que sé. Tu dices que realmente escribo de una forma que ya no es mía. Ahora me gusta escribir solo para ti, porque es por ti por quién soy capaz de escribir. Me levanto cada mañana con una frase capaz de hacerte sonreír o demostrarte de verdad lo mucho que te quiero dentro de esa pequeña libreta que creo que compramos en Londres y pretendo que cada noche te vayas a dormir sintiendo lo mismo. Que te quiero. No importa la forma en que lo haga. Lo importante es el mensaje, que siempre es y será el mismo. Te quiero y te necesito.

Tuesday, December 19, 2006

19/12/06

Tus ojos nunca mienten. Cuando sonríes se cierran una milésima de segunda y formas corazones rotos a quienes los miran directamente, sin un filtro adecuado para no sufrir otro ataque al corazón. Yo debo llevar bastantes, porque cada vez que tus ojos me sonríen se rompe una pequeña porción de mi corazón temiendo que sea la última vez que los vea sonreír. Luego están tus ojos enfadados. Entonces se abren mucho y dejan que la luz azul que irradias se meta dentro de mi cuerpo y lleguen a asustarme. “No quiero perderte”, me repito cada vez que tus ojos se abren por un enfado. Y también me encantan tus ojos cuando te ilusionas con algo. Se forman las mismas arrugas alrededor de los ojos que cuando sonríes, pero además sacas un poquito tu lengua, arrugas la boca en una mueca perfecta y tus preciosas orejas forman un dibujo exacto de lo que es la belleza inocente. Cuando algo te ilusiona tus ojos son de una niña inocente que ha encontrado su juguete favorito. Me devoran y me pierden sin remedio. Esos ojos me vuelven loco y no quiero perderlos. No quiero que ninguna otra mujer se refleje en mi cara mirándome fijamente y no me diga nada. Ninguna me dice nada si no son tus ojos. Tus preciosos ojos azules.
Anoche tus ojos me miraban de una forma nueva. Los notaba inquietos, atentos, reflexivos. Estaban buscando algo en mi cara que no terminabas de encontrar. Me asusté. No eran los ojos que se abren cuando estás enfadada. Eran ojos de una pequeña decepción. Como si mi cara te sobrase. Como si yo no tuviese que estar allí. Tuve miedo. Prefería mil millones de veces una mirada tuya de enfado a esos ojos reflexivos que se preguntaban “qué demonios hace todavía este tío aquí”. Tus ojos me enamoran y me dicen casi todo lo que piensas. Ojalá que esa mirada reflexiva de anoche no te conteste que sobro de tu vida. Que un amor platónico del pasado que puede llegar a tu vida no sea lo suficientemente fuerte como para borrar la historia de amor de mi vida. Ojalá tus ojos vuelvan a sonreír y a sorprenderse cada día por algo nuevo. Ojalá mi cara se refleje el resto de mi vida solo con tus preciosos ojos azules.

Monday, December 18, 2006

18/12/06

Mira la hora y espera que tus ojos se reflejen en los míos. Estoy dentro de ti y no quiero separarme jamás de la única persona que ha llenado de risas los huecos aburridos de mi cerebro. Anoche me hiciste temblar cuando sostenías con tus manos el escrito del sábado. Ya no sé si esta vida de papel en la que vierto mis ideas es inventada o es la real. Me encanta escribirte cada día y vivir los cinco o diez minutos que dura la lectura de mis frases dentro de tu cabeza. Siempre quise ser escritor y es contigo cuando lo estoy consiguiendo. Me siento así. Muchas personas se van a la cama esperando leer el libro que los mantiene en vela; y yo he conseguido que durante varias noches tengas mi libro en construcción y lo leas sujetándolo con tus manos dentro de la cama. Anoche cerraba los ojos y no sabía si abrirlos y espiarte para ver la reacción de tus ojos al leer las frases que le dediqué a tu hermano. No me atrevía a mirarte. Era una sensación extraña. Me moría de ganas de verte sonreír, de verte seria, de verte concentrada a la vez. Ver en tu cara todas esas expresiones que me transmitieran que lo que leías de mí te estaba gustando. Quizás esta noche vuelva a estar metido en la cama a tu lado (eso seguro), pero que este metido mientras tú lees estas frases desordenadas. Volveré a abrir un segundo los ojos para espiarte y ver qué cara pones; me gusta ver tu cara atendiendo mis palabras. Ahora podría hacer un experimento y decirte que cuentes lentamente hasta 10. “Empieza por el final y retrocede en tu cuenta atrás hasta que llegues al cero…Notarás un peso en tus párpados que hacen que tus brazos pesen; que tus manos pierdan la autonomía de tu cuerpo y te obliguen a soltar ésta hoja que sostienes…”. La misión sería dormirte gracias al experimento de leer las instrucciones para hipnotizarte…pero soy yo quien siente ese sueño que me hace cerrar de golpe los párpados y no poder seguir escribiéndote más por hoy…”Duérmete y ronca, cariño, que yo voy a seguir leyendo mi libro de adopciones”, me tocas la cabeza cariñosamente y mi boca empieza a segregar esas babas mortíferas que dejarán mi almohada apestando a saliva podrida. Pero aunque ahora mismo esté dormido o hipnotizado, sé que eres la mujer de mi vida y sé que cada día te quiero más.

Saturday, December 16, 2006

16/12/06

A veces me gusta escribir de nuestra futura pequeña chinita y que tú me digas que te gusta. Hoy me apetecía escribir sobre otra persona muy importante en tu vida. Tu hermano Alex.
Seguro que en este momento del escrito has elevado un poco esas cejas perfectamente perfiladas y has abierto un milímetro más tus enormes y preciosos ojos azules (por mucho que escriba de otra persona, por muy importante que sea, tu siempre tendrás un hueco en mis escritos y para mi serás la más importante). Y me apetecía escribir de tu hermano para decirte que me gusta la manera en que ha crecido. Me gusta ver esa transformación del niño que conocí hace ocho años, cuando todavía se dejaba besuquear por ti y no rechistaba, cuando nos acompañaba a algún centro comercial y no decía nada, porque era demasiado niño para saber de las cosas de la vida. Y me gusta verlo ahora, hecho ya todo un hombre, alto (ayer me di cuenta que casi me sobrepasa en altura y eso no puede ser), guapete, con su estilo de joven moderno y cuidado que hará furor con las niñas que quiera. Me gusta hablar con él de temas de los que no tengo ni idea, de ver cómo tiene sus propias ideas de muchas cosas de la vida que ya pertenecen al mundo de los mayores. Me recuerda un poco a la sensación que yo tenía cuando pasé de ser el mayor de los primos de mi familia a ser el pequeño de los grandes. No sé si me entiendes. Esta en una edad complicada y sabrá desenvolverse por la vida porque tiene buenos principios y es un chico que vale mucho. A veces me veo reflejado en un futuro no tan lejano en el que nuestra hija adolescente sea como él. Como ayer, cuando tu intentabas reñirle por no haber hecho los deberes en su momento y yo lo defendía y me ponía de su lado. Me miró como dándome las gracias por ayudarlo, pero teniendo muy claro quien era su hermana y cuánto la quería. Me gusta hacer de “padre” joven y enrollado con tu hermano y ver lo buena madre que tú serás. Sabiendo darle a entender qué es lo importante, pero teniendo esos arranques de cariño cuando le pides un beso y él te lo niega. No es que no quiera besarte, es que a esas edades los besos se guardan para otras mujeres, que seguro que no le importan tanto como tú, pero que son los besos que ahora necesita. Me gusta haber escrito sobre tu hermano Alex. Espero que a ti también te guste y que ojalá podamos tener una relación con nuestra pequeña chinita de esa manera como la tenemos con tu hermano. Aunque tú seas un poco la mala y yo sea el que se lo permite todo; siempre sabrá quién es su madre y tendrá claro cuánto la quiere.

Friday, December 15, 2006

15/12/06

El botón de encendido de mi cuerpo está bajo las sábanas de nuestra cama. Soy un ordenador de poca memoria que tiene que recargarse cada día, enchufando mis dedos contra los tuyos y haciendo que mi memoria se vacíe de restos inservibles de un pasado que no existe antes de que te conociese. Mi cerebro tiene la memoria debilitada. Necesita una papelera de reciclaje que esta siempre medio vacía y que solo se llena cuando nos peleamos. Una pelea contigo debe lanzarse enseguida a la papelera de reciclaje para vaciarla y hacer que se olvide para siempre. Así dejo más capacidad de memoria libre para llenarla con tus recuerdos, con tus palabras, con tus besos robados que me hacen ser la persona feliz que desde hace tiempo soy. Mi cuerpo es un ordenador que se enciende al contacto con tu cuerpo, como esta mañana, cuando antes de que sonase mi despertador te has levantado con frío y me has pedido que te haga de manta. Tenía los ojos adormilados y los dedos de mis pies estaban medio apagados. Ha sido el contacto de tu cuerpo con el mío el que ha hecho que yo me encienda y ponga todo mi cuerpo ha funcionar. La pena es que yo no tenga según qué programas dentro de mi cerebro y consiga alegrarte el día bajándome una película que quieras ver, o que puedas escuchar de mis labios una canción que quieras escuchar. Debería convertirme en un ordenador más potente para lograr tener esos programas que me hiciesen ser un cantante que sabe tocar la guitarra o un guionista de cine que escribe la mejor película de la historia. Pero todavía tengo tiempo de aprender y la memoria del ordenador que es mi cerebro se vacía de cosas inservibles; solo dejo los programas que están conectados a ti. Encenderme como esta mañana tocando tu cuerpo y haciendo que mis pies se calienten y te hagan entrar en calor a ti. Aunque ahora que lo pienso no sé si soy mejor estufa o soy mejor ordenador. Tendré que seguir averiguándolo a tu lado.

Thursday, December 14, 2006

14/12/06

Me encanta cantar canciones que te gustan. Llevo toda la mañana con tu dedo acusador de cariño moviéndose hacia la figura todavía invisible de nuestra chinita con coletas negras y cara que mezcla miedo y risas. Así estará ella cuando tú le pongas la canción de Luis Miguel sobre Santa Claus que llega a la ciudad, a nuestra ciudad con el mejor regalo posible, el de nuestra pequeña sonrisa que hará que cualquier canción que ella cante o se aprenda sea nuestra canción favorita. Ya no me da miedo reconocer que muchas de las canciones que te gustan no están nada mal. Es más, la mayoría acaban metiéndose dentro de mi cabeza y las canto sin agobiarme por tenerlas de compañía. Es como si una parte de tus gustos estuviera acompañándome durante unas horas. Sigo tarareando la letra que todavía no me sé del todo y la Navidad sigue acercándose. Sé que la del año que viene tendremos muchas canciones en la cabeza que todavía no imaginamos cómo suenan. Tendrán sonidos relajantes de ríos orientales que han perdido a un tipo de delfín milenario por culpa de los progresos de la humanidad (acuérdate de la noticia que vimos anoche sobre el río amarillo de China). Y sé que las canciones que nos harán más felices serán esas que aprenda nuestra pequeña el día que regrese de casa y nos cante el “cargol treu banya” o la canción para niños pequeños que esté de moda entonces. Esa será nuestra canción. La canción de los tres. La primera canción que se aprenda nuestra pequeña se nos quedará clavada en el corazón y hará que nuestras pulsaciones lleguen a 200 pulsaciones, a punto de un infarto de felicidad. Sin importarnos nada lo que diga la gente del barrio, si podemos o no tener hijos biológicos. Si la gente no sabe qué significa tener hijos de verdad, por mucho que los haya parido. Pero de eso no quería hablarte hoy. Hoy quiero compartir una canción que todavía no hemos escuchado juntos y que será la que nos enseñará nuestra pequeña chinita. Hasta entonces me quedo cantando la canción de Navidad de Luis Miguel y sigo viéndote mover el dedo con cariño cantándole la canción a nuestra futura pequeña chinita.

Wednesday, December 13, 2006

13/12/06

Cada frase que escribo es una responsabilidad más grande si sé que la vas a leer tan cerca de mí. Cuando te dejo éste escrito encima de la mesa del comedor, o meto la hoja dentro de tu bolso y no te veo leerla ya no pienso en qué efecto podrá tener en ti. Sé que la leerás con detenimiento, cerrando un poco tus maravillosos ojos azules en esas frases que no acabas de entender; o frunciendo un poco las cejas en otras frases que te parezcan poco acertadas. Sé que estarás sentada enfrente a la ventana de tu despacho y que de vez en cuando mirarás a la carretera para ver qué coche ha pasado tan rápido por delante de la fábrica y pensarás para ti: “luego estos son los que no se matan y fastidian a los que vamos bien”; pero retomarás la lectura de mi escrito en el punto exacto en el que estás. Escucharás atenta cada ruido que venga de las escaleras, del despacho de tu hermano o de cualquier punto neurálgico de la fábrica para que no te pillen leyendo una hoja que no tiene nada que ver con el trabajo; y porque tú eres la mejor profesional que he conocido y te gusta hacer las cosas bien y que no te llamen la atención por estar haciendo algo que no toca en ese momento. Tienes que estar muy pendiente de muchas cosas para poder concentrarte en la hoja que te escribo. Y sé que a veces piensas que esta hoja la escribo sin saber qué ponerte, que la hago obligado, pero no es así. Te juro que es el momento del día en que mi cerebro funciona más (ahora no vale reírse y pensar que mi cerebro de una neurona no puede llegar a pensar más de una frase seguida con sentido. No vale reírse, pequeña, que te veo); y que gracias a escribirte cada día mi escritura no se queda oxidada, porque intento mejorar cada día y ser original, imaginar cosas que te hagan sonreír, contarte cuentos de la realidad disfrazados de fábulas…En definitiva, que esta hoja hace sincerarme de verdad (valga la redundancia) y volverte a decir una vez más que te quiero.
Por eso anoche, cuando estabas en la cama leyendo mi hoja del día, sentí un poco de vergüenza al saber que estabas a mi lado con la hoja en la mano. Temía que no te gustase alguna de esas frases que hacen que mi neurona siga funcionando, pero como eres la mayor joya del planeta me susurraste despacio que eran “muy bonitos”, mientras mis ojos sonreían sabiendo que alguna de mis frases te había llegado al corazón.

Tuesday, December 12, 2006

12/12/06

No es extraño que los coches esta mañana estuvieran congelados. Era mi corazón que esta desangrándose el que hizo que el césped del parque se llenase de minúsculos trozos de hielo. Mis futuras lágrimas derramadas si se te ocurre marcharte con otro y el fino hilo de mocos transparentes que se caen de los heridos de amor. Me dormí con un ojo abierto y las dos orejas destapadas. Oía cada respiración tuya más alta que la otra y pensaba que era un suspiro de amor por alguien que nunca sería yo. “Estaba muy guapo”, me dijiste y yo no sabía si decir que si o que me quería morir. Yo no soy nadie especial que toca en un grupo de música auténtico, de esos que se permiten el lujo de no recoger un tercer premio de un concurso de jazz; ni soy el director de una sucursal de banco que lleva traje y sabe administrar bien el dinero de los demás y sobre todo el de su familia. Soy un tipo normal que pierde el tiempo en sueños que jamás se realizarán. Soy un soñador que tiene la suerte de estar con la princesa más maravillosa de la historia de la Tierra y que no se merece estar a su lado. Soy un cinco pelado y tú eres un 10; una matrícula de honor junto a un aprobado por los pelos (además por los pocos pelos que me quedan). Soy feo, sin amigos, con poco don de gentes, me cuesta relacionarme con la gente y a veces me da por ser cocinero, escritor o corredor de maratones; y soy incapaz de hacer nada. Pero sigo intentándolo porque estoy a tu lado; porque tú eres mi inspiración; porque a pesar de no servir para nada, ni ser músico, fotógrafo, director de banco o ser guapo, simpático y un buen administrador del dinero; estoy con la mujer más maravillosa, con la más guapa, con la más inteligente, simpática, auténtica, increíble que haya conocido y conoceré nunca. Soy algo porque sigo estando contigo. Quizás mañana me dé por pintar fruteros llenos de naranjas, manzanas y peras y decirte que eso es lo que quiero hacer a partir de ahora: que me quiero apuntar a un curso de pintura y que voy a vender mis cuadros a los mejores museos del mundo. Será otro sueño que tendré porque estoy contigo. Todo eso no es importante. Yo sigo soñando porque sé que estás a mi lado, porque sé que un día seré el mejor padre, el mejor marido, el mejor amante para ti; porque conseguiré que estés tan orgulloso de mí como yo lo estoy de ti.

Monday, December 11, 2006

11/12/06

Ahora viene el frío y las pocas ganas de salir de la cama. Además tú cada vez estás más guapa y eso no ayuda a trabajar con normalidad. No habría nada más en el mundo que me gustaría más que poderte permitir el lujo de que tú te pudieses quedar todo el tiempo que quisieras en la cama. Esperándome desnuda hasta que yo llegase de mis neuróticas sesiones de deporte que ahora ocupan parte de mi tiempo. Quizás no necesitaría hacer tanto deporte si estuvieras esperándome así en la cama. Habrías dejado el ordenador encendido para que las películas que pronto veremos en la televisión del comedor sin problemas, los dos juntos, vayan bajándose y las podamos compartir bien abrazaditos. No tendrías que hacer nada más. A lo mejor te ducharías un poco o no haría falta; solo con un par de gotas de colonia en el cuello me bastaría para devorarte y dejar que mi cuerpo acabe oliendo al tuyo. Seguramente tendrías que desayunar para coger fuerzas hasta mi llegada. Un par de tostadas con mantequilla derretida y mermelada de fresa, un poco de zumo de naranja recién exprimida que no te hiciese daño al estómago y uno de esos bocadillos de jamón con pan de chapata que estén recién sacados del horno. Porque si pudieses quedarte en la cama esperándome todo el día a que yo llegase, te compraría el pan recién echo y te lo llevaría yo personalmente hasta la cocina y lo dejaría encima del mármol para que pudieras prepararte un buen desayuno. Igual te apetecería ver un par de capítulos de tus series, o terminarías de hacer algo en punto de cruz, o empezarías algo en patch-work, o tendrías tu curso de fotografía para hacer las mejores fotografías en color o en blanco y negro…
Ese sueño terminaría con otro sueño todavía más bonito. No haría falta que me esperases en la cama con unas gotas de colonia. Tendrías a nuestra chinita revoloteando dentro de nuestra cama pidiendo que le hicieras caso o que le volvieras a contar ese cuento de la princesa china que llega a una casa de España otra vez. Además nuestro Brus pediría su parte de caricias en la barriga y tendrías que doblarte para contentarlos a los dos…
No sé en cuál de los dos sueños te gustaría meterte. Quizás ahora mismo prefieras volver a trabajar, comerte tu bocadillo de pavo con pan de pipas y un café a media mañana y no tener que esperarme con solo dos gotas de colonia en el cuello durante toda la mañana hasta que yo llegase del trabajo; o tener que estar pendiente de un torbellino de ojos rasgados y acariciar la barriga del mimado del Brus. Quizás ya sé qué prefieres hacer ahora. Será todo para ti.

Thursday, December 07, 2006

07/12/06

Sentado en mi sofá miraba de reojo la televisión para no perderme nada de Perdidos, y con el otro ojo miraba hacia ti y tu hermano. Me imagine en un futuro no muy lejano estando con nuestra niña adolescente viendo la televisión algo que a ella no le gustaba y nosotros allí, aguantando las ganas de sueño o de abrazarnos para que la niña no se fuese a dormir demasiado pronto. Seguramente cuando pasen esos años y nuestra niña sea una adolescente como es Alex, quizás ya no veamos la televisión como ahora y tengamos unas gafas especiales donde cada uno pueda ver su serie favorita o cualquier película que se haya acabado de estrenar. No habrán cines ni teatros y todo será a través de Internet. Aunque sinceramente espero que el futuro no sea así. Espero que todavía tengamos una televisión en la que reunirnos todos (la niña, el niño, otra niña, ¿otro niño?, Brus, tu hermano con su novia de entonces...) y ver algo que nos guste a todos y poder hablar de eso. Que nuestra hija se sienta a gusto con sus padres, como creo que hacemos sentir a tu hermano. Me gusta que esté con nosotros en casa. Nos hace ponernos las pilas en muchas cosas: tenemos que cocinar mejor y quedar bien con él, hacer cosas para que no se aburra, jugar, hablar de cosas que le interesen... Es una buena prueba para nuestro futuro. Con nuestra hija explicándonos de qué tiene el examen la semana siguiente: que no sabe si elegir Historia o Filosofía, y poder darles nosotros nuestra opinión. Me gusta la idea de ser padres los dos juntos y enfocar una parte de nuestra vida en otra persona. Cuidarla, escucharla, ayudarla, estar atentos a cualquier cambio de humor, a los nuevos amigos, si sonríe, si tiene los ojos rojos de llorar. La idea que tu seas la madre de mis hijos me hace ver el futuro con una sonrisa eterna que no se me quitará de la cara nunca; aunque tú estés en casa descansando y yo siga trabajando en el laboratorio, casi solo, pensando siempre en ti y en nuestro futuro sofá lleno de nuestros hijos.

Tuesday, December 05, 2006

05/12/06

Desde hace cinco años y siete meses, cada noche es diferente. Antes solo tenía que acostarme en mi cama y esperar que saliese el sol para vivir. Ahora vivo dentro de nuestras sábanas como si esa noche fuese la última, por eso lo disfruto tanto. Así deberían ser los días; como si fuese el último de tu vida, pero entonces todo terminaría siendo un ataque al corazón perpetuo y no disfrutaríamos de las pequeñas delicias de la vida. Contigo a mi lado las noches y los días son tan intensos como si fuesen el último y por eso los disfruto tanto. Reconozco que a veces he pasado noches malas, pocas, pero casi todas terminan siendo una fiesta que hacen que ya no quiera dormir solo. Que solo quiera dormir contigo, bajo las sábanas en verano y bajo la funda nórdica en invierno. Hace cinco años y siete meses que abrazarte un segundo supone una porción de cielo robada a la eternidad; ya no voy a dormir con nadie que no seas tu el resto de mi vida.
El día antes de nuestra boda (hace cinco años, siete meses y un día), recuerdo que dormí en mi cama con los ojos más abiertos de lo normal. Habíamos tenido una pequeña discusión al regresar de la floristería por algún detalle de las flores de la boda. No nos llamamos por teléfono para desearnos las buenas noches y lloré con los ojos petrificados en el techo por si al día siguiente no te presentabas en la iglesia. Aquella fue la última noche que dormí solo y la siguiente fue la primera que dormí con la que ha sido, es y será la mujer de mi vida. Ahora solo queda sumar días y noches a nuestra relación para saber que tendré muchas noches los mismos abrazos que disfruté ayer en nuestra cama. “Esta noche dormiré a tu lado como si fuera la primera noche de nuestra eterna relación”, pienso que voy a decirte. Y ten seguro que lo haré.

Monday, December 04, 2006

04/12/06

El sudor se puede convertir en un abrigo frío que te hace buscar una manta hasta debajo de la cama. Sudaba esta noche porque mi amada princesa quería dejarme. Mis ojos seguían moviéndose rápidamente. Era como el grupo de música que me gusta. REM (movimiento rápido de ojos; en la fase del sueño en donde las personas sueñan). Y yo empezaba soñando contigo para terminar odiándome por perderte. Empezaba como un sueño, y si te perdía era, por supuesto, una pesadilla. La peor. Pero al principio todo era perfecto. Había la casa con jardín, un perro idéntico a Brus y una niña de coletas negras que salía corriendo de los chorros de agua que salían del césped. Estaba mi cara y tu cuerpo pegados, sentados en las escaleras de una de esas casas que parecen americanas y tanto nos gustan cuando salen en una película o en un documental sobre adopciones, sobre el mal comportamiento de niños o cualquier otra cosa. Era la vida soñada. En la cama mis ojos se movían lentamente. La fase del sueño REM terminaba y empezaba la fase de la pesadilla. El cambio brusco no lo terminé de entender. Ni siquiera lo vi. Pero después de la estampa idílica de nuestra familia en la casa soñada estábamos tú y yo. Era otra vez mi cara, pero esta vez la acompañaba mi cuerpo. Y era tu cuerpo y tu cara. Una discusión sin voces y mis lágrimas estallándome en la cara. Me tenía que ir de tu lado. “Todo se ha terminado”, me decías. “¿Por qué?”, te preguntaba suspirando ruidosamente para intentar explicar el cambio de rumbo de mi sueño. Era una pesadilla que no hacía gracia. Me tenía que ir, no había otra oportunidad. “No he hecho nada”, lloraba y te suplicaba que me explicases qué motivos había provocado esa situación. “Se termino. Hay otro”, me dijiste. Mi sudor me envolvía. Mis ojos se movían cada vez más rápido. Buscaba una manta debajo de la cama, buscaba algo que me ayudase a reestablecer el problema. Era un sueño que parecía real. Me desperté sobresaltado, sudando, suspirando de alivio al ver que todo había sido un sueño. Después de unos minutos de mirar la oscuridad del techo para tranquilizarme me acerqué hasta tu cara y la besé. “Esta aquí, mi princesa, la madre de mis hijos. Te quiero”, te dije al darte un par de besos esta madrugada. No te diste cuenta, pero te cogí suavemente la mano para volver a soñar con el primer sueño. Ese que se hará realidad. El de la casa, el césped mojado, las coletas de una niña corriendo por el jardín y mi cara y tu cuerpo sentados en las escaleras de la entrada. “Soy feliz”, te he dicho sin que me escuchases antes de volver a cerrar los ojos y esperar que el despertador del móvil me devolviese a la realidad.

Friday, December 01, 2006

01/12/06

Ya le pasó a un famoso escritor francés de hace unos siglos lo mismo que me acaba de pasar a mí. A aquel famoso escritor, el hecho de mojar una madalena en su taza de leche caliente con miel le hizo retroceder a su tierna infancia. Empezó a recordar cada paso que había dado en su pequeño pueblo de la campiña, junto a sus hermanos, los amigos de la infancia que no se olvidan y su primer y gran amor; cerró los ojos y se puso a escribir el primero de los siete libros en los que al final quedó cerrada su obra sobre los recuerdos de la infancia. Y todo le vino por mojar una madalena en la taza de leche caliente con miel, una mañana fría de diciembre en la que leía las noticias en el periódico mientras saboreaba aquella madalena del recuerdo.
Eso me ha pasado a mi con la naranja más dulce que he comido en mi vida. El aspecto exterior no presagiaba su dulzura. Estaba arrugada, con un par de manchas verdes que amenazaban un punto de amargura que no tenía. He pelado la naranja con la mente deambulando sobre la magia de tus ojos. Pensaba en la mirada que lanzas cuando quieres matarme. Miras de perfil y haces que tus ojos azules enormes se claven en mis pupilas para sentir vergüenza de mi mismo. “Cómo se pudo enamorar de mi”, me pregunto cuando me miras así. La naranja me daba dificultades, pero la ayuda final del cuchillo de mango azul que tengo en el laboratorio ha terminado por pelarla del todo. La he abierto por la mitad. “Una naranja partida en dos; mi media naranja ya ha terminado de desayunar y se estará tomando el segundo café de la mañana”, he pensado. Mi pensamiento se ha quedado en blanco al abrir la boca y meterme el primer gajo de naranja en la boca. Eso solo ha durado una milésima de segundo. Su sabor dulce, exquisito, perfecto, ha llenado mi boca como si fuera la última fruta que pudiese comerme en mi vida. Luego han venido las imágenes de la primera vez que te vi. Al famoso escritor francés le vinieron imágenes de su infancia, porque fue la época más feliz de su vida. A mí me han venido las imágenes de la primera vez que te vi. Esa entrada tuya vestida de negro montada en la nube más blanca que he visto en mi vida. He cerrado los ojos y he sonreído. “Mi media naranja estará a punto de mirar su teléfono cuando le escriba este mensaje”, y he apretado el botón de enviar en mi móvil. Yo seguía con los ojos cerrados, saboreando el momento más feliz de mi vida. Aquella noche de noviembre cuando entraste en el restaurante y todo cambio para mí.