18/06/07
Ya me has vuelto a ver como un energúmeno chillón que va de hombre porque gana su equipo de fútbol. Y tienes razón para enfadarte, porque muchas veces te digo que no me gusta el fútbol, que no quiero verlo por la televisión, y todas esas veces son verdad, pero también te digo que hay ocasiones que sale de mi el niño que fui y que iba al campo de fútbol cuando era pequeño con mi padre, mi tío y algún amigo que recuerdo lejanamente, para ver a ese equipo que en teoría no debería ser el mío. Desde pequeño mi padre me metió en la cabeza que tenía que ser del Madrid. No había más. Se puede cambiar de muchas cosas en la vida: de amigos, de parejas, de religión, de partido político…, pero no creo que se pueda cambiar nunca de equipo de fútbol. Me metió en la cabeza que mi equipo era el Madrid, y me lo hacía vivir en directo, yendo al campo de fútbol de enemigo pobre de Barcelona, para poder ver como siempre ganaba ese equipo al que me habían obligado a ser.
También me acuerdo de los años del colegio. A la hora del patio siempre jugábamos a fútbol. Hacíamos dos equipos: los niños que eran del Barça contra los niños que éramos del Madrid. Y allí siempre estaba yo. Y estaban mis mejores amigos también. Era como reafirmar mi condición de ser seguidor casi obligado de los blancos, porque mis amigos también lo eran. Luego pasaron los años y el fútbol ya no era mi deporte favorito, pero seguía siendo un aficionado más que se alegraba cuando ganaba, y sobre todo, se alegraba cuando perdía su mayor enemigo: el Barça. Porque si de algo se trata para ser buen aficionado de un equipo o de otro, es odiar al equipo contrario. De ahí mis palabras feas cuando gana el mío o pierde el enemigo. Todo se lo debo a la infancia que me dio mi padre. “Tu tienes que ser siempre del Madrid”, seguro que me dijo ya en la cuna. Y así será siempre. Seré del Madrid toda la vida, como seré toda la vida el marido de la mujer más especial del mundo…aunque sea un poco del Barça.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home