21/05/07
Todavía contamos los días 21 con un felicidades de buenos días y la sonrisa en la cara para el resto del mes. Hoy hace 8 años y medio que me diste el beso del siglo. Un beso con sabor a compras de sábado por la tarde y con aromas de cena improvisada en un bar de toda la vida del centro de Mataró donde casi prepararon una cena de urgencia para los dos. Sentados en el interior del bar, tomando una ensalada y quizás un bocadillo (es una pena que ya no recuerde bien lo que cenamos aquella mágica noche), pero si que me acuerdo de lo que vino después. Las calles que al entrar al bar estaban abarrotadas de gentes que empezaban a hacer sus compras navideñas o las rutinarias compras de ropa, zapatos y bolsos de un sábado normal en la ciudad. Después de la cena improvisada, esas calles estaban desiertas. Las persianas bajadas y los comerciantes estirados en el sofá de su casa deseando que el domingo no pasara tan rápido como siempre. Nosotros teníamos toda la noche para terminar de conocernos y mis manos casi estaban sudando de ganas de coger las tuyas. Una copa improvisada en el puerto de la ciudad para terminar pronto nuestra segunda cita en serio. Después del café y los muñecos de fútbol hechos con papel del domingo anterior en Cardedeu, me tocaba a mí llevarte a algún sitio especial. Nada era tan especial como tú, con lo cual la elección era difícil. Pensé que por la hora que era el puerto estaría medio bien, aunque lo que menos me importaba fuese eso. Quería estar yo bien. Estar a tu altura y no defraudarte. A pesar de que todavía no había pasado nada, mis manos seguían sudando de esperanza por coger las tuyas, mis labios empezaban a estar más secos de lo normal y mi cuerpo temblaba por una mezcla de frío externo y calor interno que era incapaz de controlar. Decidimos entrar en el bendito karaoke que selló nuestro primer beso un 21 de noviembre de hace ocho años y medio. Me dijiste que no era buena idea, que me harías daño, que me olvidase de ti. Ni todo el daño que me puedas hacer es suficiente para parar el amor que siento por ti. Ocho años y medio después del mágico beso todavía me froto muchas mañanas los ojos para darme cuenta que no sigo metido en éste sueño del que no quiero despertar. No hace falta que me despiertes, mi sueño es y será siempre perfecto a tu lado.

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