Thursday, May 10, 2007

10/05/07

Unos mocos verdes después de haber salido de mi nariz todavía sigo resfriado. Me cuesta concentrarme en el trabajo o en los pensamientos que debería, pero ahora mi cabeza es un botijo lleno de agua viscosa por la que navegan mis pobres neuronas sin saber qué dos frases seguidas se deben conectar para dejar escrito algo decente para ti. Quizás sea el día de Brus, que hoy cumple seis años.
Me acuerdo del día en que nos encontramos a Rafa y Olga paseando por Venecia. Ya habíamos regresado del crucero y todavía nos quedan un par de días de amor en la ciudad más bonita que he visto en mi vida. La plaza de San Marcos y las palomas revoloteando sobre un escenario de película. Te cogía la mano con los anillos de recién casados chocando entre si; un trozo de pizza muy cara en los aledaños de la plaza servía para comer al mediodía y pasar hasta la noche para ir a un restaurante que estuviera mejor...Me desvío del encuentro con los gaditanos. Nos hicimos amigos de ellos y nos ofrecieron un perro que acababa de nacer en Cádiz. Un fox-terrier como el de Tintín para nosotros. Teníamos que ir a su casa dentro de un par de meses y llevárnoslo con nosotros en el avión. Les dijimos que nos lo pensaríamos y un par de semanas antes de julio nos llamaron para que fuésemos a recogerlo. Ya teníamos los billetes para los tres. Un desconocido peludo que entraría en casa y se haría dueño de cada rincón de ella. Lo escogiste tú. Fue el más lento de los hermanos, el más atontado, el que se fue directamente a tus piernas en busca de una caricia. Lo señalaste con el dedo y no dudaste un segundo: “Es éste”. Sin dudarlo. Nos lo trajimos en el avión dentro de su jaula de marca, siendo el espectáculo de todos los pasajeros. Pocos perros tendrán en su vida el privilegio de haber viajado en avión como nuestro Brus. Se habituó enseguida a la casa y la hizo suya. Mordió las paredes y los bordes de algunos muebles, incluso le hicimos responsable de haberse comido mi anillo de bodas, pero no fue así. Fue como nuestro primer niño sabiendo que no aprendería a hablar nunca, pero que se haría querer como nadie. Nunca imaginé que se pudiera querer tanto a un animal, a un perro, a nuestro Brus. Seis años después y aunque pienses que le quiero más a él que a ti, todavía te tengo que dar las gracias por haber sabido elegir a nuestro perro entre sus hermanos. Elegiste el que nos tocaba porque no podía ser otro. Nuestro Brus genial cumple hoy seis años y por mucho que le acaricie más a él que a ti, tú siempre serás la primera, y Brus el primer perro de mi vida. El mejor.

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