Thursday, May 03, 2007

03/05/07

Hay días que deberían borrarse del calendario. Amanece lloviendo y solo te apetece quedarte en la cama, sintiendo el calor de tus pies y el aroma de tus cabellos despeinados. Pero no. Tienes que volver a salir de la cama, vestirte, mirarte en el espejo y ver la misma cara de siempre…Quizás estaría bien tener cada día una cara distinta. Despertarte un día guapo; otro día más feo, pero con encanto; y algún día ser feo o realmente asqueroso. Hoy era uno de esos días en los que me sentía feo o más feo de lo que ya soy. No tenía ganas de salir de la cama, ni de sacar a pasear al Brus, ni tener que verle la cara a las imbéciles del trabajo, ni siquiera me apetecía comer en casa de mis padres para tener que escuchar el parte de averías de cada uno de los miembros de mi familia. Pero no he tenido más remedio que salir. Y nada más hacerlo, me he topado con el primer contratiempo: el sistema de riego por aspersión del parque se ha disparado justo en el momento en que el Brus y yo pasábamos por su lado, con el consiguiente chapuzón a las seis y cinco de la madrugada; con el frío casi invernal que todavía hace a esas horas. Brus se ha girado hacia mí y me ha mirado como diciendo: “Pero tío, no ves que por aquí sale el agua”. Ni le he contestado. Hemos dado media vuelta y hemos seguido el camino. Luego, ya en casa, el ruido de la cafetera, los pasos por el pasillo y los pedos del Brus en mi cara. El pobre tiene mal el estómago por culpa de las comilonas que se mete cada día, y la manera de expulsar algo de su cuerpo es así. Más tarde, ya en el laboratorio, toda la mañana con animales antipáticos que no quieren colaborar, ver las caras de las imbéciles y tener que ir a comer a casa de mis padres para ver La Ruleta de la Fortuna y comprobar que mi padre es peor que un niño pequeño. El coche sin gasolina, la carretera mojada y una cola interminable de coches por culpa de un accidente, que por suerte, en donde yo no estaba metido… Uno de esos días para olvidar y borrar del calendario. Son las tres y media de la tarde y te echo de menos. Tengo ganas de meterme en la cama a tu lado y esperar que llegue el viernes sintiendo la suavidad y el calor de tu cuerpo y oliendo el aroma desenredado de tu pelo. Y cruzando los dedos para que Brus no tenga otra noche la barriga suelta.

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