Wednesday, April 18, 2007

18/04/07

Cuatro segundos de felicidad al escuchar tu voz me bastan para inventarme un poema en mi mente que nunca me atreveré a escribirte. Me quedaré con las ganas de subir al cielo, tumbarme en la nube que tiene la misma forma de tu cuerpo y llorar de felicidad por estar con alguien como tú. Retozar sobre el algodón de esa nube que me envuelve y contar otra vez cuatro segundos para ser feliz. No quiero copiar la canción que llevas dentro de tu coche y repites al dar la vuelta al CD sin sacarlo de su ranura; yo le sumo un segundo más para que sea par, porque sé que te gustan los números pares en las emisoras de radio y en el volumen de los reproductores de música.
Sigo llevando este poema que te mereces dentro de mi cabeza y todavía no me atrevo a cantártelo al oído. “Aroma de café en mi boca y sueños que vuelan por tu cabeza...”, sería un inicio decente para una canción de amor. Las canciones de desamor no nos pertenecerán jamás, aunque sean las que más abundan por las ondas de la radio. Cambiaremos de aires y soplidos por la noche y yo volveré a cobijarme dentro de esa nube sumergida en el cielo azul que tiene forma de tu cuerpo.
“Sueños que envenenan mi sangre al verte sonreír por los ojos de otro...”, una canción de amor celoso. Celos de perder una sonrisa tuya que pierdo cuando hablas por teléfono con otro que no soy yo. Un trozo de poema inventado que me sobrevuela por la cabeza y no me atrevo a escribirte. Un día de éstos lo dejaré escrito sobre tu almohada cuando estés dormida y conseguiré que se te quede pegado en tu cabeza y no puedas dejar de cantarlo para mí. Mientras tanto, seguiré intentando empezar la poesía que te mereces, pero tiene que ser tan bella que me quedan muchos años a tu lado para terminarla. Te quiero.

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