12/04/07
Cuántas ganas tenía de volver a estar entre tus dedos. Cuántas ganas de que los ojos azules más preciosos que he visto en mi vida se volviesen a posar sobre algo mío, aunque sea esta hoja mal doblada que termina siempre con un título en letras que utilizan los niños para jugar cuando descubren el poder mágico de las letras. Estos dedos que ahora se tocan el pelo o se rascan la nariz, o se aprietan un grano malo en al oreja. Este cuerpo que me sostiene entrelazando mi espalda con esta culebrilla que me pica como si me hubiese pasado de horas tumbado al sol de una playa del Caribe donde este verano deberíamos ir a dar envidia al resto de mortales. Yo sería el hombre más envidiado del mundo por estar con la mujer más bella, con los ojos más azules, por los labios más apetecibles, por el aroma a Aloe Vera que desprende tu piel, o el aroma a limpio y sedoso de tu pelo ondulado...
Por las casualidades de la vida y porque esta culebrilla maliciosa que esta dentro de mi espalda han hecho que durante un par de días sea yo el “ama de casa” para ti, he descubierto lo bien y lo mal que lo pasa uno sin trabajar. Lo bueno es poder prepararte la comida, poner la mesa con tranquilidad y mimo, mirando que la hora no se me echase encima para tenerlo todo a punto para la llegada de la mujer de la casa que trabaja para mantener a flote a la familia; también me gustaba comprobar que podías aprovechar un poco más de tiempo para descansar si yo tenía preparado todo y a pesar de que soy un poco maniático con los paseos por el pasillo o con ir abriendo la cortina del comedor para ver si llueve o no, me gustaba pasar las páginas del periódico a tu lado intentando no hacer demasiado ruido para que no te despertases y así poder verte un poco más de tiempo dormida junto a mí. Pero también me he dado cuenta de lo malo que es estar todo el día sin hacer nada, y de lo mal que lo tenías que pasar ese año que no trabajaste. Por suerte todo vuelve a la casualidad de la rutina y nos deja a todos con la sensación de que ha valido la pena estos días de vacaciones de Semana Santa sin movernos de casa y que a pesar de los picores de la culebrilla, le tengo que dar un poco las gracias por haberme permitido un par de días más a tu lado para disfrutar de tu presencia...
Un beso a esos ojos que me leen y a la punta de los dedos que me sostienen cada día. Te quiero cada día más.

0 Comments:
Post a Comment
<< Home