02/04/07
Mientras me queden fuerzas para teclear dos frases seguidas que consigan, alguna vez, hacerte sonreír, no dejaré de escribirte. Por lo menos esa es mi intención. Ya sé que el viernes o el sábado por la mañana me dijiste que no te creías mis escritos, y que incluso te ponías de mal humor al pensar que todo lo que te escribía era mentira. Pues eso que dices, lo siento mi amor, si que es mentira. Todo lo que te escribo en éstas hojas son la única realidad. La literatura que te escribo es una parte de mi verdad. La realidad se va moviendo al ritmo de millones de cosas que nos afectan, que nos hacen decidir ir hacia un sitio o ir hacia otro. La realidad nos obliga a levantarnos cada mañana a la misma hora (más o menos), desayunar un vaso de zumo, o un café aguado y salir pitando hacia nuestros puestos de trabajo. La realidad nos obliga a estar en un mismo sitio unas horas de cada día para justificar un dinero que nos hacen subir los números en nuestra cartilla del banco; esa es la realidad invariable que no podemos cambiar (más o menos, también). Pero la realidad que escribo aquí, la realidad literatulizada (menuda palabrita inventada) que te escribo ahora, esa, esa nunca esta sujeta a nada más que a mis sentimientos. Por eso no te miento cuando te escribo que eras la más bella, que eres la mujer de mi vida; lo mucho que te quiero, lo mucho que te necesito. Que sigues siendo mi musa y que estas frases que están a punto de terminar (por hoy, mañana volverá a molestarte) seguirán llenando un espacio en mi vida real que necesito que sepas. No me importa si a veces exagero con alguna de las cosas que te digo; tarde o temprano serán verdad. Sigues siendo mi musa y no dejaré de escribirte, aunque me lo pidas de rodillas y me digas que no soportas cómo escribo...bueno, quizás entonces sí que tenga que dejar de escribirte. O mejor aún, yo te sigo escribiendo y tú haces como si me leyeses. Así estaremos todos felices. Y yo seguiré siendo el hombre con más suerte del mundo.

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