27/04/07
No puedo escribirte todo lo que quisiera en un día tan importante para mi como éste. Quizás dentro de un rato me vean apto para un nuevo trabajo y eso significaría dejar atrás 15 años de experiencia en el mismo sitio. Supondría poder cambiar la rutina de esa parte importante de las personas como es el trabajo. Igual tendría que levantarme más tarde, a la misma hora que tú, y podríamos desayunar juntos (y dentro de poco con nuestra catalana de ojos rasgados), podríamos ducharnos juntos o salir de casa a la misma hora. Y hasta se podría dar la ocasión de tener el mismo horario y poder comer los dos a la misma hora. Igual no podría escribirte como lo hago ahora desde un ordenador del laboratorio, pero podría estar junto a ti en muchas otras ocasiones más importantes. Los escritos pueden salir desde una hoja en blanco, con mi mala letra a la que intentaría mejorar para que yo desde el lado izquierdo de nuestra cama irte diciendo qué pone aquí o que pone allá. No sé si son los nervios de la reunión de esta tarde o que aquí (en el agujero gris), se ha estropeado el aire acondicionado y estamos a más de 30 grados, pero estoy sudando como nunca y solo quiero llegar a casa y contarte que la entrevista ha ido muy bien, que seguramente que me cojan y me paguen más o menos lo mismo que ahora, pero que tengo muchas posibilidades de cobrar más y subir en la empresa. Quiero que estés orgulloso de mí y abrirme a otros mundos; poder hablar con gente nueva y ser más simpático con todos. Me conformo con ser la mitad o un cuarto de lo que eres tú. Quizás pida demasiado. Solo quiero estar el resto de mi vida a tu lado. De eso estoy completamente seguro.

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