Friday, April 20, 2007

20/04/07

Todavía no sé si te hizo gracia mi escrito de ayer con el inicio de mi curriculum amoroso, pero aún a riesgo de que te enfades (un poco solo) conmigo, voy a seguir contando ese pasado (oscuro) amoroso.
Eva, La que va de guapa. La conocí un primero de año en una discoteca de tarde donde la gente que no había tenido bastante con la fiesta de la noche anterior, salió de marcha para desfogarse un poco más. Mis amigos y yo habíamos estado en un bar de un tipo argentino gordo y borracho que nos explicó sus aventuras para llegar a España, montar su bar y estar solo en la fiesta de fin de año con un grupo de adolescentes que no tenían un duro para salir a una discoteca decente. Esa noche fuimos felices, pero nos quedaba la espinita de haber estado en una gran discoteca. Quedamos para ir a la tarde siguiente a la discoteca. Habría poca clientela y la entrada no sería prohibitiva para nuestros bolsillos. La primera vez que la vi estaba bailando con una amiga cerca de un grupo de italianos que tenían ganas de conocer a chicas fáciles. Ella se fijó en mi y sus amigas se fueron con los italianos guapos. Cuestión de mal gusto por parte de ella, o vista de los italianos de no quedarse con ella. En fin. Quedamos en vernos el sábado siguiente en el mismo sitio y fuimos quedando durante varias semanas hasta que sin darnos cuenta empezamos a salir. Me acuerdo de la vestimenta ridícula que llevaba en una de esas citas. Parece imposible de llevar lo que voy a contar ahora, pero si mi memoria no me falla demasiado iba de ésta guisa: Camiseta blanca ajustada, vaqueros verdes y americana entre lila y morada; botas de cowboy y pelo con un poco de tupé. Era un cromo de 18 o 19 años que quería ser moderno y daba pena. La verdad es que por aquel entonces los adolescentes y jóvenes íbamos más o menos así. Igual que ahora van con los pantalones caídos enseñando la tira de los calzoncillos, antes íbamos con camisetas ajustadas y americanas cutres. Empezamos a salir un par o tres de semanas después y lo estuvimos haciendo durante tres largos años. No habían móviles y las cabinas de teléfono estaban siempre ocupadas para hablar. Recuerdo coger muchos trenes para ir a buscarla, muchos viajes a Barcelona porque los dos teníamos los estudios allí y muchas horas perdidas en las estaciones de tren. Siempre se creyó más guapa de lo que realmente era y alguna vez hasta me la creí, pero poco a poco el amor (poco) se fue apagando y notaba (desde bastante al principio de conocerla) que ella no era la mujer de mi vida. La mujer de mi vida tendría que esperar un poco más. Justamente hasta el día 5 de noviembre de 1998. Una noche fría en el restaurante Amen Córner donde una nube algodonosa entró rodeando tu cuerpo. El resto de historia ya la conoces, aunque te la contaré al oído esta noche para verte sonreír.

0 Comments:

Post a Comment

<< Home